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Portada «Feminismo e islam» de Waleed Saleh- El Paseo

‘Feminismo e islam’: cómo desmontar el imposible feminismo islámico

La obra del iraquí Waleed Saleh desmonta la falacia del «feminismo islámico», una ecuación imposible que esconde un proyecto islamizador y que la izquierda europea ha acogido con los brazos abiertos

Una de las ideas que han triunfado en los últimos años en la izquierda europea es la de un feminismo islámico en línea con las luchas ideológicas desatadas en Europa.

Waleed Saleh, doctor en Estudios Árabes e Islámicos y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, desmonta esa tesis en su obra «Feminismo e islam. Una ecuación imposible».

Saleh -de origen iraquí y que se define como librepensador, laico y de izquierdas– trata de desmontar la teoría de que el feminismo puede ser compatible con las creencias islámicas.

En su obra se muestra muy crítico con la izquierda europea por «comprar» esta idea que esconde, según defiende, una estrategia para islamizar tanto a las sociedades musulmanes donde empieza a arraigar el laicismo, como a las secularizadas sociedades occidentales.

Se trata de una corriente surgida precisamente en el mundo islámico a partir de movimientos reformistas que defienden que, a lo largo de la historia, el texto coránico ha sido manipulado por exégetas y grupos de poder para someter a las mujeres.

Según esa tesis, en su origen el islam era una religión que reconocía la igualdad entre hombres y mujeres y, si se regresa a las fuentes originarias del Corán, la sociedad islámica sería la ideal para el desarrollo de los derechos de las mujeres.

Sin embargo, Saleh argumenta, con una extensa documentación y conocimiento del islam y del feminismo, que no existen «muchos islam», como defienden los partidarios del feminismo islámico, ni interpretación posible del texto coránico.

Explica que existe una única doctrina central que emana del libro sagrado que no da pie a interpretaciones y que consagra prejuicios y desigualdades en las sociedades islámicas a lo largo de los siglos de las que la mujer es su principal víctima.

De esa fuente originaria se articula una sociedad a partir de lo establecido en las escuelas jurídicas islámicas, con sus códigos de familia y su moral que reduce a la mujer a una posesión de los hombres (ya sea el padre, el hermano o el marido) y la excluye de la vida social dejándola recluida en el hogar.

En definitiva, para Saleh, no existe espacio para un feminismo islámico, una ideología que cae en sus propias contradicciones al presentar, por ejemplo, un símbolo de represión, como es el hiyab, como si fuera un elemento de liberación de la mujer.

Por otro lado, el libro padece una cierta obsesión por plantear una visión laicista de la sociedad moderna con un espacio mínimo para la religión, reducida a algo exótico o de minorías ancladas en el oscurantismo y la ignorancia.

En ese sentido, expone una visión maniquea de la religión, sobre todo de la islámica, que es en la que se centra la obra, pero también de las demás religiones, incluida la cristiana.

Es cierto que del cristianismo alaba su apertura teológica y su capacidad para adaptarse al desarrollo social, pero eso no quita que, según la tesis expuesta, toda religión debe quedar excluida de la esfera pública.

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