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Falacias sobre la laicidad

Es el estado laico el que le garantiza a sus fieles libertad para creer las tonterías que dice y para ir a llenar su canasta de limosnas.

Leo en InfoCatólica un artículo del sacerdote Pedro Trevijano Etcheverria que resulta destacable por su densidad de falacias y falsedades, incluso para un texto escrito por un engañabobos profesional. Es una de esas notas de donde brota fingida indignación, montada por gente que se llena la boca hablando de democracia y libertad pero que estaría (¡y ha estado!) perfectamente cómoda en la peor clase de dictadura.

Comienza mencionando a la asociación laicista Europa Laica, de la cual cita cinco demandas o peticiones bastante razonables apuntadas a la separación entre iglesia y estado. Trevijano defiende todas las cosas a las que se opone Europa Laica, incluyendo el adoctrinamiento religioso en las escuelas financiado con dinero del estado, al que otros parásitos como él simulan, al menos, oponerse (bien que sin hacer nada por que se derogue). Sus razones son primordialmente de leguleyo: que no se puede cambiar esto o lo otro porque hay una ley que lo exige o porque está en la Constitución; como si ignorase que las leyes y la Constitución de España (igual que las de la mayoría de sus ex-colonias) fueron redactadas por legisladores que eran o bien fanáticos religiosos, o bien a sueldo del Vaticano, o como mínimo presionados por la Iglesia Católica.

La primera de las peticiones laicistas es la derogación de los acuerdos entre el estado español y la Santa Sede. Estos acuerdos son pactos internacionales y romperlos unilateralmente pondría a los españoles “a la altura de la señora Kirchner”, a decir del “padre” Trevijano. La alusión argentina es impertinente, no porque la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sea incapaz de romper leyes y contratos, sino porque CFK se ha cuidado muy bien de enemistarse con la Iglesia y tiene una excelente relación formal con sus jerarcas*; los privilegios que vergonzosamente el estado argentino otorga a la Iglesia Católica, concedidos en tiempos de dictadura y mantenidos por los gobiernos democráticos, kirchneristas incluidos, están totalmente a salvo, tanto como lo están en España bajo el gobierno del Partido Popular y antes del PSOE. Un pacto es la manifestación de un acuerdo o coincidencia; si las ideas ya no coinciden y el acuerdo se rompe, el pacto puede y debe deshacerse. Ninguna ley es inamovible.

* Ante los previsibles comentarios en relación al apoyo kirchnerista al matrimonio entre parejas del mismo sexo, me gustaría recordar que ni ese asunto ni otros de ese calibre han minado de forma visible la relación iglesia-estado en Argentina, que continúa bien aceitada. Las disputas siempre han sido confrontaciones de poder entre kirchnerismo y cúpula eclesiástica, y no han conformado una avanzada laicista. 

A Trevijano le llama la atención que Europa Laica afirme que “el laicismo [es] condición indispensable de cualquier verdadero sistema democrático” y concluye de esto que los laicistas excluyen del sistema democrático a los no-laicistas, transformándose así en un movimiento totalitario. La falacia está bien a la vista, pero recordemos que Trevijano cree que tres personas son una y que las mujeres pueden ser preñadas por Dios, así que su raciocinio está un poco nublado. El laicismo no demanda que todo el mundo sea laicista. En un estado laico se puede tener cualquier religión y creer que es la única verdadera y profesarlo; lo que no se puede hacer es obligar a otros a profesar esa misma religión, ni exigir de los contribuyentes que paguen por la difusión de esa religión. En otras palabras, uno tiene derecho a gritar, pero no a pedir que los demás lo escuchen o que el gobierno le compre un megáfono.
 
La desfachatez no termina.

El laicismo se basa en la creencia en la no existencia de Dios, lo que supone la no aceptación de la Verdad absoluta, porque al no existir Dios, la Verdad absoluta no existe o es inalcanzable, por lo menos a nivel objetivo.

Esto es aproximadamente igual que decir que la aeronáutica se basa en la creencia en la no existencia de Dios (¿por qué no decir “ateísmo” y listo? Debe ser para remarcar esa idea tan estúpida como extendida de que el ateísmo es una creencia…). Nada en la aeronáutica hace referencia a Dios. Un teólogo podría decir que Dios está en la aeronáutica porque es ciencia y creatividad humana y tanto el conocimiento como la facultad de crear vienen de Dios; fuera de esas vaguedades forzadas, creería que es bastante correcto decir que a nadie dedicado a la aeronáutica le importa la existencia de Dios en ese ámbito. Lo mismo con cualquier ciencia o disciplina fuera del sacerdocio o la teología o el arte sacro, probablemente.

El laicismo se basa en la idea de que es un derecho humano creer cualquier cosa, y que también es un derecho practicar cualquier religión, en tanto esto no infrinja los derechos de los demás y no ocasione daños a terceros. Si hay una creencia implícita aquí, es que los asuntos de una sociedad potencialmente diversa, con individuos autónomos, no pueden ser reglamentados en base a una doctrina religiosa, aun cuando se deje espacio a la reglamentación voluntaria de las vidas de los individuos en base a una fe religiosa dada. Para el creyente devoto y para el jerarca interesado en mantener poder y prestigio social, esto toma un aspecto amenazante porque el laicismo se transforma en una afirmación sobre su fe: los laicistas le estamos diciendo al creyente, al cura, al obispo, que hay límites que su dios no tiene permitido cruzar. Estamos negando la esencia de la religión organizada, que es la de mantener una hegemonía completa sobre los pensamientos y las acciones de la sociedad completa, de buen grado o por la fuerza. El catolicismo bien entendido es integrista, totalitario, al igual que el islam: sus doctrinas no permiten —de hecho explícitamente prohíben— la separación entre la esfera privada y la pública. No se puede dejar la fe en casa cuando uno sale a la calle o cuando se sienta en un escaño de legislador.

Trevijano concluye celebrando que al menos todavía haya elecciones libres, para que el totalitarismo laicista no pueda imponerse del todo. ¡Valientes palabras! El catolicismo español y latinoamericano nunca floreció tanto como bajo monarquías y dictaduras. Su adaptación a la democracia fue tardía, forzada, incómoda y visiblemente incompleta. ¡Pero que celebre el buen señor cura! Es el estado laico el que le garantiza a sus fieles libertad para creer las tonterías que dice y para ir a llenar su canasta de limosnas.

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