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Expertos en paisajismo y patrimonio, sobre la estatua del legionario en la Plaza de Oriente: “Que la manden a un cuartel”

El alcalde Martínez-Almeida no presentó el monumento al legionario a la Comisión de Calidad de Paisaje Urbano, organismo que vela por el decoro de la ciudad, y lo aprobó sin consulta. Académicos de Bellas Artes y expertos en paisaje rechazan la colocación de la escultura en la plaza de Oriente y piden que se lleve a dependencias del Ejército.

En 2012, Ana Botella creó la Comisión de Calidad de Paisaje Urbano del Ayuntamiento de Madrid, se reunían cuatro veces al año y su misión es la de velar por el buen gusto de las calles de la capital. Este año los 15 miembros se han reunido sólo en una ocasión, el mismo número de veces que en 2020. En esa reunión el organismo incluido en el área de la que es responsable Andrea Levy no puso en conocimiento de los miembros de la oposición ni de los expertos en paisaje urbano ni de los colectivos ciudadanos el regalo de un legionario con bayoneta de seis metros y medio de altura, que la Fundación del Museo del Ejército había ofrecido al alcalde José Luis Martínez–Almeida, que aceptó y ubicó en la plaza de Oriente. 

A falta de resolver las dudas técnicas del peso, que no debe exceder el pedestal más la estatua, a la vuelta del verano será inaugurado este homenaje al cuerpo colonialista creado por Millán Astray en la plaza con más esculturas por metro cuadrado del centro de Madrid. De hecho, de las 30 plazas incluidas en la conocida como “cerca de Felipe II” –el casco histórico de la ciudad– menos de una decena están libres de monumento. En esta zona hay localizadas más de 30 figuras conmemorativas. 

El responsable del organismo es Luis Lafuente, director general de Patrimonio Cultural en el equipo de Andrea Levy, ha preferido no responder a este periódico sobre la inusual tramitación de esta pieza. En las actas queda reflejado que simplemente informó del regalo y que el consistorio buscaría la “ubicación más adecuada” sin contar con el asesoramiento de la Comisión, por la que sí pasaron, entre otras, la de Blas de Lezo (2014) y la que homenajea a los últimos soldados de Filipinas (2020). El concejal de Más Madrid, Miguel Montejo, presente aquel día, dice que se aprobó por “la vía de los hechos consumados, despreciando cualquier consenso institucional”. Nadie en la Comisión pudo ver la imagen del monumento, porque no se les presentó.

Desde el área que dirige Andrea Levy tampoco aclaran la razón por la que han aceptado esta pieza realizada con un diseño de Augusto Ferrer-Dalmau y el escultor Salvador Amaya, que se ha sufragado con una colecta ciudadana (cerca de 50.000 euros gracias a casi 700 aportaciones). De hecho, desde el organismo se indica a elDiario.es que el criterio para aceptar una obra de este tipo es “la calidad artística, valorada por la Comisión del Paisaje o por el departamento de arte público de Patrimonio”. A la Comisión no se le ha ofrecido la posibilidad de emitir su opinión.

Carmen Lasarte, representante de la Asociación Española de Paisajistas (AEP) en este organismo, confirma que no han tenido acceso a la imagen ni a debatir sobre el polémico legionario. “Debería haber pasado por la Comisión. Esa escultura puede afectar negativamente a la plaza de Oriente. Esta decisión y esta escultura cruza una línea roja, porque no se ha consultado, discutido ni votado”, explica Lasarte. Define el paisaje cultural como la relación emocional de la ciudadanía con su ciudad y la vinculación con los hitos por los que se reconoce. Pero Madrid es muy difícil porque “es un conjunto de gentes donde convivimos sin una identidad definida y eso la hace grande”. El paisaje cultural llega a imponer una identidad, por eso es tan delicado proceder de una manera ecuánime que represente al conjunto de los ciudadanos. Por eso Lasarte se hace la siguiente pregunta: “¿Por qué tenemos que seguir poniendo cosas, si lo que necesitamos en Madrid es quitarlas. No más monumentos, a Madrid lo que le faltan son fuentes, baños y bancos”, zanja la especialista en paisaje urbano y cultural.

El escultor y académico de Bellas Artes de San Fernando, Juan Bordes, se muestra muy indignado con la colocación de este monumento en un lugar público. “Es injustificable este manejo agresivo de los símbolos. Si permitimos que se coloque esa estatua ahí provocará una situación muy grave. Que lo lleven a un cuartel, sin vista a la vía pública. Es espacio público es patrimonio público. Ya fue bochornoso lo de los ‘héroes’ de Filipinas, pero esto no se puede permitir en la calle. Se está pregonando y proponiendo un símbolo que representa el colonialismo, la imposición por la fuerza, que no llama a la concordia ni a la igualdad. Es un símbolo para echarle gasolina al pueblo y que prenda”, asegura Bordes. El académico forma parte de la Comisión de Monumentos de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que se reunirá en los próximos días, y si no emiten un comunicado contrario a este monumento asegura que dimitirá de su cargo. Considera esta colocación mucho más grave que cualquier agresión al patrimonio. 

Las esculturas en las ciudades son a menudo tan importantes que los edificios. La prueba es La Cibeles, más representativa de Madrid que el Palacio Real. Por eso la Comisión de Calidad de Paisaje Urbano tiene la misión de “servir como foro de diagnóstico y reflexión sobre el paisaje urbano”. Sin embargo, el Plan Director de Paisaje Urbano vigente de Martínez-Almeida es de la época de Alberto Ruiz–Gallardón y el último acta de la Comisión que se hizo público es de 2014. 

La vicepresidenta del Comité Científico Internacional de Paisajes Culturales (ICOMOS) es Mónica Luengo y también formó parte en el pasado de la Comisión del Paisaje Urbano, se pregunta por qué quiere la Corporación actual volver a la “connotación fascista” de esa plaza que la ciudadanía había logrado borrar. Cree Luengo que los monumentos no tienen por qué ser un reflejo de la comunidad a la que se dirigen, pero al menos “no deberían agredirla”. El paisaje cultural tiene valores más allá de la estética, son valores simbólicos que deben tenerse en cuenta. “Un símbolo en un lugar inapropiado es malo para todos, para la estatua, para la ciudad y para los ciudadanos”, comenta. A su modo de ver, en Madrid se piensa antes en el monumento que en el emplazamiento. 

Para la experta, Madrid es una ciudad hiperpoblada de monumentos. “Te asaltan. La plaza de Colón es un ejemplo nacional de falta de coordinación y planeamiento. Un despropósito, ninguna de las esculturas contribuye a dotarle de un mínimo significado a esa plaza”, indica Luengo. Sobre el legionario de la Fundación del Museo del Ejército es rotunda: “Que lo pongan en un cuartel de Cuatro Vientos”. Para la especialista en patrimonio y paisaje cultural es un “sinsentido” un legionario cargando una bayoneta en esa plaza donde cada 20 de noviembre los animadores del franquismo celebran a su caudillo.

En la única cita de la Comisión de Calidad de Paisaje Urbano, Luis Lafuente –responsable de la reforma de la Ley de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid de 2013, declarada inconstitucional en casi una decena de sus artículos por el Tribunal Constitucional– compartió con los otros 15 miembros que durante la pandemia ha recibido una “multitud de ofrecimientos de obras de arte”, cuyo objetivo era homenajear a las víctimas de la pandemia y a los sanitarios. Y añadió que, generalmente los ofrecimientos reclaman que el Ayuntamiento se haga cargo del coste económico del diseño y su implantación en la calle. Sólo aceptaron el monumento de Jaume Plensa, titulado El árbol de la vida, regalo de la Agrupación Mutual Aseguradora bastante polémico por su acabado.

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