Asóciate
Participa

¿Quieres participar?

Estas son algunas maneras para colaborar con el movimiento laicista:

  1. Difundiendo nuestras campañas.
  2. Asociándote a Europa Laica.
  3. Compartiendo contenido relevante.
  4. Formando parte de la red de observadores.
  5. Colaborando económicamente.

Es tiempo de resucitar la Ilustración Islámica, por Mustafa Akyol

ISISAl QaedaBoko Haram… Decapitaciones, ataques terroristas, masacres en nombre del Islam… ¿Acaso estos ataques desalentadores muestran que hay algo que funciona mal en el mundo musulmán de la actualidad? 

En Occidente, existen dosrespuestas populares a esta pregunta, que son marcadamenteopuestas: la primera reza que estos terroristas revelan ‘el verdadero rostro del Islam’, que es inevitablemente una religión violenta e intolerante. La segunda respuesta es que es más bien lo contrario, estos terroristas ‘no están relacionados con el Islam’, que solo es una religión de paz, mientras que todos los problemas son creados por el conjunto de dificultades socioeconómicas, o por las intervenciones extranjeras.

Cultura islámica, Ilustración islámica, Islam

Como musulmán que ha luchado con estos asuntos de la libertad, los derechos humanos y la tolerancia en el mundo contemporáneo del Islam, entiendo que ambas respuestas son erróneas.

La primera respuesta está equivocada —y es terriblementeinjusta— en razón de que los terroristas que actúan en nombre del Islam son extremadamente marginales entre los 1.600 millones de musulmanes que hay en el mundo, muchos de los cuales son personas pacíficas que llevan vidas normales. De manera que esos terroristas son realmente ‘extremistas’.

Sin embargo, la segunda respuesta también es errada, por cuanto los terroristas en cuestión sí tienen algo que ver con el Islam: están refiriéndose a ciertos veredictos de la jurisprudenciamusulmana —la interpretación de la Sharia— solo que llevándolos a nuevas alturas.

Obsérvese el modo en que ISIS justifica las masacres de ‘apóstatas’. En cambio, las autoridades musulmanas de la corriente dominante condenan a ISIS, tradicionalmente argumentando: ‘No; Usted no puede declarar a sus compañeros musulmanes apóstatas‘. Pero muchas de estas autoridades no refieren que jamás apóstata alguno debió ser tomado por objetivo -conforme ellos aún creen en la autoridad de una narrativa dudosa del ProfetaMahoma: ‘Quien sea que abandone esta religión, mátelo’.

O bien, considérese cómo al-Qaedajustifica aniquilar a los ‘blasfemos  -esto es, personas como los caricaturistas de CharlieHebdo. Ellos se basan en los juristas musulmanes medievales que calificaron a la acción de sabb al- rasul, o ‘insultar al profeta‘, como un crimen capital. En cambio, las autoridades musulmanas de la corriente dominante se oponen a al-Qaeda, diciendo tradicionalmente, ‘No; Usted no puede castigar la blasfemia de una manera justiciera, especialmente en un país no musulmán‘. Eso ayuda, pero muchas de estas autoridades de la corriente dominante todavía catalogan a la blasfemia como un crimen capital. En consecuencia, ellos no se oponen a las leyes severas contra la blasfemia en PaquistánArabia SauditaIrán y muchos otros países de composición societaria mayoritariamente musulmana.

Aquí, pues, se evidencia el problema subyacente y que los musulmanes de los tiempos modernos deben enfrentar sinceramente: el Islam, como religión, encontró el poder político justo en su momento de nacimiento. Por lo tanto, muchos de los musulmanes iniciales no vieron nada malo con el uso del poder coercitivo para avanzar su fe —al igual que sus contemporáneos, tales como los bizantinos o los sasánidas, quienes también lo estaban haciendo. Este poder coercitivo incluía conquistas militares; un orden político basado en la supremacía de los musulmanes por sobre los no-musulmanes; leyes que obligaban a cumplir con la religiosidad; y la supresión violenta de la blasfemia, la apostasía, y la herejía.

Ninguna de estas cosas era sorprendente en el mundo premoderno, cuando el Islam parecía, en rigor, ser una religión más tolerante que la cristiandad, cuyo matrimonio con el poder se vio reflejado en los horrores de las Cruzadas o las torturas de la Inquisición. No debería sorprender que, en el mundo premoderno, numerosos judíos huyeran de la cristiandad hacia el imperio otomano musulmán, con el fin de hallar seguridad y libertad.

Aún así, el mundo ha cambiado dramáticamente durante los últimos siglos, con el auge de las democracias liberales y los derechos humanos universales. La Cristiandad —y el judaísmo— se adaptaron a estos valores modernos, revisando algunas de sus doctrinas intolerantes. Pero la jurisprudencia islámica, y la mentalidad que yace detrás de ella, no ha cambiado mucho.

Por lo tanto, el Islam de la corriente dominante necesita de una transformación muy discutida, a saber, de una reforma de magnitud. La analogía adecuada en la historia Occidental no es la Reforma Protestante, sin embargo, que ha sido referida muchas veces, solo que de manera inadecuada.

La analogía adecuada es la Ilustración, en particular el tipo de Ilustración promovida por John Locke, quien ofreció una nueva interpretación de la cristiandad —no un rechazo de ella— para rescatarle de su propio matrimonio de siglos con el poder coercitivo.

De hecho, esto ha sido entendido desde el siglo 19 —en el ImperioOtomanotardío, el mundoárabe e India— por los autoproclamados ‘musulmanes libertarios‘. Sus esfuerzos condujeron a constituciones liberales, reformas feministas, y re-interpretaciones religiosas. Recientemente, el historiador inglés Christopher de Bellaigue ha resumido estos importantes esfuerzos como la “Ilustración Musulmana”.

Aún así este mismo esfuerzo provocó “la Contrailustración Musulmana”, liderada por un amplio rango de salafíes, musulmanes y conservadores rígidos (los terroristas mencionados anteriormente representan su ala más extrema).

Mi más reciente libro, Reopening Muslim Minos: A Return to Reason, Freedom, and Tolerance, tiene la intención de intervenir en esta gran crisis del Islam. Este busca revivir y promover la Ilustración Musulmana, al presentar un argumento integral a favor de ella —y, tal vez más importante todavía, desmantelar los obstáculos teológicos que la obstruyen.

El principal reto es sencillo, pero también importante: ¿Puede el Islam renunciar al poder coercitivo? ¿Puede ser una religión que propone sus afirmaciones de verdad, pero que no las impone?

Muchos musulmanes, quienes viven felices en sociedades libres o aspiran a hacerlo, desde ya contestan que “si”.

Aún así, subsisten quienes replican, enfáticamente, ‘No.

Su fanatismo amenaza el futuro de la libertad. También amenaza el futuro de las sociedades musulmanas, y, de hecho, el futuro de la fe musulmana —mi fe— también.

Por lo tanto, escribí este libro para mostrar que están equivocados, y para argumentar por qué existe un sendero superador para comprender al Islam.

Un camino en el que la fe está reconciliada con la razón, es expresada en libertad -y coronada con la tolerancia.

Sobre Mustafa Akyol

Es académico titular del think tank estadounidense The Cato Institute en Washington, D.C., y desarrolla sobre política pública, Islam y modernidad. También es autor de Islam Without Extremes (2011) y The Islamic Jesus (2017).

Total
26
Shares
Artículos relacionados
Total
26
Share