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Entidades a favor de la eutanasia cargan contra “las falsedades perversas de Martínez Camino”

Martínez Camino dirigió el curso de La Granda, patrocinado, entre otras entidades, por la Universidad de Oviedo, “¿Derecho a “morir”? La eutanasia vista médica, jurídica, ética y teológicamente”, una verdadera reunión ultracatólica contra la eutanasia, cuyas charlas dieron lugar a entrevistas y resúmenes en la prensa local.

Hoy El Comercio publica las opiniones de Derecho a Morir Dignamente y Asturias Laica sobre las palabras del ultraconservador obispo auxiliar de Madrid.

«Nos indigna que se finan­cie con dinero público una cita de ultraconservadores que, en lu­gar de debatir, recurren a mentiras y demagogia barata». La pre­sidenta de Derecho a Morir Dig­namente (DMD) en Asturias, Fernanda del Castillo, arremetió ayer con crudeza contra el curso de La Granda -entre cuyos patroci­nadores están empresas e instituciones como la Universidad de Oviedo- sobre la eutanasia dirigido por el obispo auxiliar de Madrid, el sierense Juan Antonio Martínez Camino, y que, entre otros nombres como el del exministro Mayor Oreja, contó con la presencia del arzobispo de Ovie­do, Jesús Sanz Montes, y del cardenal Rouco Varela.

Un encuentro en el que Martínez Camino «soltó una serie de perlas» en las que, según la asociación que el pasado mes de ju­nio vio cómo entraba en vigor la ley de eutanasia por la que tanto había luchado, «no solo demues­tra su desconocimiento de una norma aprobada por las Cortes, sino que recurre a argumentos falsos, cutres y estrambóticos para atacarla».

Del Castillo se refirió, en con­creto, a las duras afirmaciones vertidas por el obispo auxiliar de Madrid en una entrevista conce­dida a EL COMERCIO en las que aseguró que, a partir de ahora, se abre la puerta a situaciones en las que «hijos y nietos dirán: ‘Oye, abuelo, ¿no te parece que ha llegado el momento? Sobre todo, si la herencia es grande’».

«Resulta inconcebible que a ellos, que solamente piensan en hacer caja, lo primero que se les ocurra es que los nietos le van a decir a sus abuelos: ‘Oye, muére­te ya, que estás sobrando’. Pien­sa el ladrón que todos son de su condición», zanjó la presidenta de DMD, que se pregunta «¿qué clase de visión tiene este señor de la ciudadanía?» y que recla­mó que, «al menos, se lea la ley y demuestre un poco de seriedad y rigor argumentativo».

Pero los socios de DMD no es­tán solos en su indignación. Tam­bién el presidente de Asturias Laica, Luis Fernández(*), cargó contra «las falsedades» del ala dura de la Iglesia. Y, así, sostuvo que «es rigurosamente falso que, ‘a partir de la ley, el Parlamento le ha dado [al Estado] la libertad, el po­der de disponer de nuestras vi­das’», como defendió el exporta- voz de la Conferencia Episcopal, sino que, al contrario, la nueva norma «consagra la extensión de un derecho, ejecutable ya por los que tienen la capacidad de rea­lizarlo, a aquellos sin esa capaci­dad. Y solo garantiza respetar la libre voluntad de estos».

Igual que «es una falsedad per­versa la afirmación de que ‘nues­tros legisladores dan a los fuer­tes la posibilidad de imponerse sobre los débiles’». Y «es falso puesto que la ley protege los de­rechos de aquellos a los que su estado de debilidad no les per­mite actuar de acuerdo con su vo­luntad. Con su libre voluntad». Y por eso mismo también «es per­verso su planteamiento».

Un hilo argumental en el que, además, subyace el «desprecio al conocimiento que la ciudadanía tiene de lo que significa la euta­nasia», porque ni Camino ni nin­guno de los ponentes de La Granda dan veracidad a las encuestas -la del CIS entre ellas- que ase­guran que más del 70% de los es­pañoles la respaldan y hablan de sesgo, preguntas mal formuladas y respuestas equivocadas.

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Carta de Luis Fernández, presidente de Asturias Laica, al director de El Comercio, fuente de las opiniones recogidas en el artículo

Leo una muy buena entrevista realizada por Azahara Villacorta en su periódico. Se la realiza al sierense Juan Antonio Martínez Camino, identificado como obispo auxiliar de Madrid y encargado, por la organización de los cursos de La Granda, de dirigir uno destinado a evaluar la Ley de Eutanasia.

Vaya por delante mi respeto a la diversidad de creencias de esta sociedad. Asumo que hay quien considere que “Jesucristo es el ejemplo supremo de que el único camino para la libertad es la cruz”. Lo asumo, pero no lo comparto. Lucho por mejores caminos para conquistar libertades de la ciudadanía.

Lo que me parece inadmisible es la falsedad como argumento. Acepto la dificultad para determinar la verdad. Pero como ya nos enseñó Popper sí se puede identificar la falsedad.

Señor Martínez Camino, es rigurosamente falso que “A partir de la ley, el Parlamento le ha dado [al Estado] la libertad, el poder de disponer de nuestras vidas”. La ley consagra la extensión de un derecho, ejecutable ya por los que tienen la capacidad de realizarlo, a aquellos sin esa capacidad. Y sólo garantiza respetar la libre voluntad de éstos.

Señor Martínez, es una falsedad perversa la afirmación “Eso es lo terrible: que nuestros legisladores den a los fuertes la posibilidad de imponerse sobre los débiles.”. Es falso puesto que la ley protege los derechos de aquellos cuyo estado de debilidad no les permite actuar de acuerdo con su voluntad. Con su libre voluntad. Y es perverso su planteamiento.

Intento entender qué le puede llevar a faltar a la verdad con tanto desparpajo. Ortega decía que “las ideas se tienen, en las creencias se está”. Sus creencias me son muy lejanas. No sé qué sociedad imagina usted. Supongo que una habitada por abundantes “hijos y nietos que dirán: “Oye, abuelo, ¿no te parece que ha llegado el momento? Sobre todo, si la herencia es grande”. Y son esas creencias las que le permite despreciar el conocimiento que la ciudadanía tiene de lo que significa la Eutanasia (“Cuando se pregunta si usted está a favor de la eutanasia, la mayoría de la gente entiende: «¿Usted está a favor de morir sin sufrimientos?».).

Me doy cuenta de la distancia de nuestras creencias cuando le leo: “El que sufre deja de ser egoísta porque empieza a valorar más lo que los demás hacen por él. Se convierte en una persona más amable, más solidaria. Los que están pensando en quitarse el sufrimiento no pueden ser solidarios de verdad. Están pensando en ellos mismos antes que en nadie”. Yo aspiro a una sociedad en que no sea el sufrimiento lo que haga a las personas más solidarias. Me gustaría reducir el sufrimiento de los que me rodean y por ello me siento solidario con ellos.

Y, finalmente, me parece una perversión su interpretación: “… hay muchos intereses sociales creados, porque los mayores cuestan un dinero terrible en pensiones, en Seguridad Social. …. Es un ahorro, y por eso la están promocionando: «Ejerce tu libertad y quítate de en medio». Que venga la exministra Carcedo y me lo niegue”. Pues perversa es la concepción de libertad que en ella dibuja.

Luis Fernández. Presidente de Asturias Laica

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