El rito funerario vudú retrasa los entierros y podría provocar epidemias en Haití

Las autoridades sanitarias desplazadas al lugar de la tragedia están preocupados por el excesivo retraso que se está produciendo en los enterramientos de los cadáveres, algo que podría traer epidemias al país.

El ritual funerario vudú, religión de amplio arraigo en la isla, retrasa el enterramiento con diferentes velatorios que impiden hacerlo de forma rápida, como exige la situación crítica del país. Expertos enviados desde Brasil han propuesto la construcción de un cementerio de forma inmediata.

Muchos cuerpos aún permanecen esparcidos por las calles de la capital. La situación podría derivar en epidemias y enfermedades que ahora se quieren evitar. Los enterramientos, según las autoridades brasileñas, se harían con un cuidado especial para que los practicantes del vudú no sientan transgredidas sus creencias.

Primero, se precisa de la identificación de los cadáveres en tanto sea posible y, luego, la posibilidad de que los parientes no acepten que toquen a sus muertos hasta que no se hayan terminado los rituales, que pueden tardar varios días en completarse. De hecho, ya existe la preocupación de que algunas personas están sepultando a sus familiares en las vertientes de las colinas, lo cual puede constituir un riesgo sanitario cuando las lluvias comiencen a incidir sobre esos territorios.

Por esa razón Brasil se ha brindado para instalar un cementerio, con los requerimientos sanitarios necesarios, que sería diseñado por ingenieros de ese país, a partir de materiales rápidos de construcción.

El vudú es una tradición espiritual originada en Haití durante el período de la esclavización colonial francesa. Africanos de muchas lenguas, etnias y lugares de origen, fueron traídos a esta isla para que sirvieran, principalmente, como esclavos agricultores.

Según los estudiosos de esa religión, se trata de un nítido ejemplo de evolución sincrética entre la religiosidad teísta-animista, las creencias cristianas de los esclavistas y las religiones locales de pueblos como los Taínos. Se dice que durante el gobierno de los Duvalier fue utilizado como religión oficial para reforzar el poder gobernante.

VIOLENCIA EN LAS CALLES
La situación se agudiza en las calles de Puerto Príncipe. Las epidemias que comiencen a surgir por la falta de condiciones de higiene y los servicios de atención desbordados podría desatar una especie de Tsunami humano, cuando el desorden reina en sus calles y la desesperanza también, de manera que tomar medidas urgentes, con las víctimas fatales, no puede esperar más.

Mientras, Estados Unidos envía un convoy de 10.000 soldados para intentar garantizar la seguridad en las calles de la capital, desbordada por la violencia, los saqueos y los asesinatos y linchamientos públicos. La Unión Europea, de momento, envía ayuda humanitaria por medio de distintas oenegés y en proyectos independientes de cada país.

AFRONTAR LA RECONSTRUCCIÓN
La situación de Haití es tan extrema que todo parece urgente. Restaurar los servicios, reconstruir el Estado, rescatar a los supervivientes, alimentar y cuidar a la población… Y el mundo entero está volcado en la ayuda para poder llevar adelante un nuevo proyecto.

A largo plazo, una vez que las necesidades primordiales estén cubiertas, se planteará el camino que el país debe seguir. La población necesita una ayuda semejante a la que se envió a Perú o Indonesia en su momento, y tal vez ambos lugares puedan servir de ejemplo para lo que puede suceder en Haití.

Pisco, la ciudad peruana que fue destruida en 2007 por un sismo que dejó 520 muertos, hoy se encuentra sumida en el caos. Apenas ha sido reconstruida, la inseguridad plaga sus calles y los propios residentes venden las casas reubicables que el gobierno les otorga.
En el otro extremo del mundo se encuentra Aceh, una provincia indonesia afectada por el tsunami en el año 2004. 100.000 personas perdieron allí la vida. Aceh era además escenario de un conflicto separatista durante 30 años. Sin embargo, tras la administración de una comisión especial del gobierno financiada por varios países, la provincia logró reconstruir 133 mil de las 140 mil casas devastadas y 1450 de las 2000 escuelas caídas, volvió a crecer y puso fin a la violencia de décadas.

En manos del mundo y, por supuesto, de los haitianos, está el camino que elijan para construir un nuevo espacio en el que vivir.

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