Mustapha Ben El Fassi Mezouar ha mostrado su rechazo frontal al cartel por considerar que atenta contra la convivencia y el respeto interreligioso
La ciudad de Terrassa (Vallès Occidental) se encuentra en el ojo del huracán tras la presentación del cartel oficial del Carnaval 2025, una ilustración que ha desatado un acalorado debate sobre los límites de la libertad de expresión y el respeto a las creencias religiosas. La imagen en cuestión muestra a un obispo en una postura sugerente, con tacones rojos y aparentemente inclinado hacia el suelo mientras observa la festividad.
Desde su presentación hace una semana, las reacciones no han cesado. Lo que algunos han considerado una expresión irreverente y festiva propia de la naturaleza transgresora del Carnaval, otros lo han calificado como una burla inaceptable hacia la religión católica. Entre las voces más críticas ha destacado la del Síndic Municipal de Greuges de Terrassa, Mustapha Ben El Fassi Mezouar,quien ha mostrado su rechazo frontal al cartel por considerar que atenta contra la convivencia y el respeto interreligioso.
El Síndic, una figura clave en la defensa de los derechos de la ciudadanía, ha subrayado que si bien la libertad de expresión es un derecho fundamental, esta no debe confundirse con la mofa y el escarnio a creencias profundamente arraigadas en la sociedad. «La libertad de expresión es un derecho humano reconocido pero no debe confundirse con la mofa y el escarnio dirigido a creencias religiosas. La educación en valores y el respeto son pieza clave para la convivencia social si lo que queremos es sociedad armónica.», ha afirmado Ben El Fassi Mezouar en sus redes sociales.
Un síndic con la mirada plural
La figura del Síndic de Greuges en Terrassa adquiere un carácter especial no solo por el peso institucional de su cargo, sino también por la historia personal de quien lo ostenta. Mustapha Ben El Fassi Mezouar es el primer síndic de origen marroquí en toda Catalunya, un dato significativo en una comunidad caracterizada por su diversidad cultural y religiosa. Su experiencia como mediador social y su compromiso con el diálogo interreligioso lo han convertido en una voz referente en cuestiones de derechos humanos y convivencia.
Ben El Fassi Mezouar ha recordado la importancia de preservar el respeto mutuo en una sociedad donde coexisten diferentes sensibilidades religiosas. En este sentido, ha apelado a la Carta Europea de Salvaguarda de los Derechos Humanos en la Ciudad, que en su artículo 5 establece que las autoridades municipales deben garantizar el respeto a la memoria de los difuntos y la dignidad de los espacios funerarios. «No podemos tolerar que se transmita a los niños una burla a la religión católica o cualquier otra confesión y mucho menos tolerar que se permita la presentación de dicho cartel en el Cementerio Municipal, lugar que merece todo el respeto», ha enfatizado.
Reacciones en el debate público
La polémica ha trascendido el ámbito local y ha provocado un intenso debate, sobretodo, en redes sociales, donde se han sucedido los mensajes tanto de apoyo como de rechazo al cartel. Organizaciones como el Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia han impulsado una recogida de firmas para exigir su retirada, mientras que la Fundación Abogados Cristianos ha anunciado medidas legales contra los responsables de la organización del Carnaval, alegando posibles delitos de odio y ataque a los sentimientos religiosos.
El Consell Interreligiós de Terrassa también ha expresado su malestar, considerando que la presentación del cartel en una capilla funeraria ha sido un acto de insensibilidad hacia quienes viven su fe de manera profunda. Desde el ámbito político, formaciones como Vox y el Partido Popular han criticado duramente el diseño, calificándolo de «cristianófobo» y exigiendo la retirada inmediata del cartel.
En el otro extremo del espectro, los defensores del cartel han reivindicado la esencia satírica y provocadora del Carnaval. La comparsa ‘Els Drunites’, una de las organizadoras del evento, ha defendido que la irreverencia forma parte del ADN de esta celebración y que el diseño del cartel no busca atacar ninguna creencia, sino reflejar el espíritu transgresor de la festividad.
La tensión sigue en aumento y todo apunta a que la polémica continuará en los próximos días. Más allá de la controversia puntual, este episodio ha reavivado un debate de fondo: ¿dónde está el límite entre la libertad de expresión y el respeto a las creencias religiosas?.