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Omella, Osoro y Luis Argüello

El presidente de los obispos arremete contra la Ley del Aborto y la Trans y reclama a los políticos combatir la polarización

Comentarios del Observatorio

Nuevamente nos encontramos ante un descarado clericalismo de la jerarquía católica con el que presiona a la clase política para imponer sus convicciones particulares.

La convivencia democrática no es compatible con el clericalismo. El clero debe restringirse a su actividad religiosa y abstenerse de hacer política. Esto choca con la tradición española, y es que no son nuevas las resistencias a los movimientos ilustrados como el movimiento laicista, que en España ha tenido muy pocos momentos de real implantación. Desde el laicismo no hay que dejar de denunciar estas injerencias eclesiales en los asuntos comunes.

“Se intentan sacar adelante por la vía rápida una serie de leyes de profundo calado ideológico, sin ser debatidas con sosiego, sin escuchar el parecer de las diferentes instancias científicas y éticas de nuestra sociedad”, ha dicho el cardenal Omella en el discurso de la plenaria en la que se elegirá un nuevo portavoz de la Iglesia española

“Es la hora de los hombres y mujeres de Estado que miran a largo plazo, de los que se atreven a tomar decisiones importantes para asegurar el bien y la prosperidad para las próximas generaciones y no el rédito partidista inmediato”. El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Juan José Omella, abrió la Plenaria de los obispos españoles con un llamamiento a “alcanzar grandes consensos”, y sin evitar duras críticas a la Ley Trans o la reforma de la Ley del Aborto que, en su opinión, se han aprobado con “prisas” y en mitad de una dura crisis económica y social.

“Se intentan sacar adelante por la vía rápida una serie de leyes de profundo calado ideológico, sin ser debatidas con sosiego, sin escuchar el parecer de las diferentes instancias científicas y éticas de nuestra sociedad”, clamó Omella en una plenaria que habrá de elegir nuevo secretario general, en sustitución de Luis Argüello. “Tanto la nueva ley del aborto como la denominada ”Ley Trans“ inciden y afectan a los niños, adolescentes y jóvenes, que están en un proceso vital de madurez”, criticó el presidente de la CEE, quien aseguró que “la llamada autodeterminación de género, auténtica piedra angular de esta norma, no tiene fundamento médico ni científico, y supone transformar en ley el mero deseo de personas, en muchos casos jóvenes en proceso de madurez, que pueden ver comprometido seriamente su futuro con actuaciones para las que ya no existe vuelta atrás”.

“Las consecuencias de la pandemia, las guerras y la inestabilidad social, económica y política nos ofrecen un panorama sombrío” en el que muchas familias sufren “la angustia de no poder llegar a fin de mes, ni cubrir sus necesidades básicas”, glosó el cardenal de Barcelona, quien abundó en que “la crispación política no ayuda a resolver los problemas ni a ofrecer serenidad a la ciudadanía”. Por ello, invitó a “hallar la confianza necesaria y el empuje anímico para salir de esta situación”. A la vez que agradece el esfuerzo de los que “trabajan intensamente para promover el empleo, sostener la economía y hacer real la solidaridad con los más necesitados”.

Obispos en la Plenaria

“Queremos mirar el mundo desde los ojos del que sufre, del que se queda al margen, del que experimenta la soledad, del que no llega a final de mes, del que no puede recibir la asistencia que necesita, del que padece alguna enfermedad”, insistió Omella, quien lamentó que “las respuestas políticas se atascan y no fluyen para encontrar soluciones a los graves problemas sociales. No hay una voluntad de trabajo en común, a pesar de la insistencia en que el primer paso es la cooperación”.

Tras resaltar las dificultades en el empleo, el acceso a la vivienda o el invierno demográfico, Omella criticó que “una sociedad que no cuida a los más frágiles es una sociedad que está en vías de extinción”, haciendo hincapié en “la inestabilidad familiar y la crisis de identidad provocada por las ideologías de género”, especialmente entre los jóvenes. No hubo, por cierto, una sola mención al escándalo de abusos sexuales a menores en la Iglesia.

Sí se extendió en el Proyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, lamentando que “se refuerza el derecho del fuerte sobre el débil, cerrando los ojos a todos los avances de la ciencia que documentan que, en el seno de una mujer embarazada, existe una nueva vida distinta de la suya, que es preciso cuidar, acoger y defender”.

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