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El nuevo orden, por Jose Antonio Luque

Es el eterno dilema: los que maman no quieren soltar la teta y los hambrientos luchan por sobrevivir ¿Qué prevalece?  ¿El derecho al bienestar de los múltiples desfavorecidos o el mantenimiento de escandalosas canonjías  de unos pocos a costa de la mayoría?

En eso consisten los procesos revolucionarios que la humanidad ha llevado a cabo ¿Nos conformamos con ver pasar la vida por delante de nuestra puerta, o nos hacemos partícipes de ella agarrándola con todas nuestras fuerzas? El futuro está en juego.

No parecen los momentos más propicios para hablar de revoluciones cuando el mundo occidental se mece somnoliento ante los convulsos sucesos afganos.

Los acontecimientos colocan a cada cual en su sitio y a pesar de los sabios que iluminan con su sapiencia las rotativas y medios de comunicación, la tozuda realidad de los hechos ha acabado enviando al cubo de la basura la misión de pacificadora modernización que los amos del mundo fingían llevar a cabo.

Será porque ya han arramplado con todo lo que tenía el país, o porque ha dejado de ser rentable, pero el caso es que el macarra que habitaba la Casa Blanca decidió abandonar a los títeres que simulaban dirigir Afganistán.

A continuación el pusilánime inquilino actual ha sido incapaz de asumir la responsabilidad que conlleva ser el presidente de la primera potencia intervencionista del mundo. 

Meter la narices – y las manos – en las casas ajenas, exige lavarte si te manchas, arreglar lo que estropeas, ordenar los que trastocas. En definitiva, si ejerces de gendarme de la humanidad estas obligado a establecer las condiciones de vida con las que has abanderado la invasión de unos territorios que no te pertenecen.

Una vez que has decidido ofrecer una alternativa de vida a los habitantes del territorio, no es de recibo que te inhibas a favor de aquellos a los que considerabas la esencia del mal. Los habitantes, ¡Todos los habitantes! Quedan expuestos a peligros reales por su condición de seres que sobrevivieron a la invasión imperialista.

La reconstrucción hubiera hecho necesaria una inicial demolición del podrido edifico que sustentaba la tiranía y sobre el solar comenzar a cimentar una sociedad justa, equitativa, libre y paritaria.

Claro que la inicial tiranía fue ayudada a alcanzar el poder combatiendo un estado que había desterrado a una tiranía que detentaba el poder… ¡Cuánto interés por un desierto sin valor! ¿Sin valor?  Un informe conjunto de la ONU y la UE de 2013 estimó en un billón de dólares el potencial de todos los recursos subterráneos del país.

Guillaume Pitron, autor del libro “La guerre des métaux rares” (La guerra de los metales raros), explica que Afganistán dispone de una enorme reserva de litio no explotada hasta la fecha.

Las tierras raras (el neodimio, el praseodimio o el disprosio), cruciales en la fabricación de imanes utilizados en industrias del futuro,  como la energía eólica o los vehículos eléctricos, también abundan en Afganistán.

¿Empezamos a entender la situación?, ¿comenzamos a comprender que buscan  las intervenciones de potencias extranjeras en Afganistán?

Al igual que tenemos conocimiento de los hechos de la segunda guerra mundial por medio de los panfletos propagandísticos de Hollywood y los USA son los salvadores de la humanidad, de la intervención yanqui en Afganistán nos están informando patéticos lameculos del poder.  Y por supuesto Hollywood.

Ya ha comenzado la desbandada de seres humanos huyendo de la barbarie que les espera tras la caída de Kabul en manos de los talibanes.

El terror comenzará a ser distribuido en tazas grandes para que no quepa la menor duda de las intenciones de los nuevos “señores de la guerra”.

El pueblo afgano – culpado de colaborar con los invasores – sufrirá las consecuencias de la retirada de las potencias del primer mundo.

Entretanto “los tertulianos españolotes” tratarán de  ridiculizar la aspiración de paz que manifestaron millones de “españolitos” de a pie en contra de la guerra.

Con el uso de papel y micrófonos aprovecharan las desgracias afganas para tildar de hipócritas a los que con la nueva ecuación de poder reclaman una intervención internacional.

Es deplorable el grado de servilismo que muestran estas sabandijas a quien les pone el pienso en el pesebre y el desprecio con el que tratan a todo el que discrepa de su integrismo libero-capital.

Para estos integristas del liberalismo la pérdida de derechos humanos será otro de los daños colaterales.

La situación de las mujeres de nuevo  pasará desapercibida. Nadie reparará en ellas pues estarán ocultas bajo trapos.

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