El divorcio bajo el rabinato en Israel: una potestad de los hombres que ata a las mujeres

Cientos de mujeres judías se encuentran “atadas” a sus esposos. Se han separado, pero el marido se niega a concederles el divorcio, como exige la ley religiosa, y no pueden volver a casarse. En ocasiones el rabinato manda a prisión a los hombres más recalcitrantes, pero estos no siempre conceden el divorcio.

Después de pasar los últimos 20 años de su vida en la cárcel, Meir Gorodetsky es un hombre libre. Abandonó su celda a principios de octubre. Su culpa: se negó a conceder el divorcio a su mujer y dentro del judaísmo solo el marido tiene la potestad de dar el divorcio. Dos décadas más tarde no ha cedido a las presiones del rabinato, pero los rabinos se han apiadado de él y lo han dejado en libertad.

Hasta su todavía esposa, Tzviya, se ha compadecido de él después de tantos años. La de Meir y Tzviya no es una situación única. Hay centenares, quizá millares, de casos similares en Israel; hombres que se niegan a conceder el divorcio a sus esposas para amargarles la vida impidiéndoles que vuelvan a casarse por el rabinato, el único contrato matrimonial que se reconoce en el estado para los judíos.

Muchas mujeres religiosas, como Tzviya, se ven condenadas a vivir solteras o con uniones que no son legales de acuerdo con la ley judía. Para muchas de las divorciadas en esta situación, a las que se conoce como agunot (literalmente “encadenadas”), es una verdadera tragedia personal y familiar puesto que no pueden rehacer su vida.

El rabinato es consciente del problema, pero no puede hacer mucho, ya que la ley religiosa es clara al respecto: el consentimiento explícito del hombre es necesario para obtener el divorcio. Lo normal es que marido y mujer alcancen un acuerdo de separación más o menos amistoso, pero no es extraño que el hombre se enroque y se niegue a liberar a su cónyuge.

Cuando esto sucede, el rabinato puede adoptar medidas para presionar al marido, y una de ellas es la prisión. Envían al hombre a la cárcel para tratar de convencerle de que conceda el divorcio. En Israel hay decenas de hombres en prisión por esta circunstancia. Meir es quien más tiempo ha pasado en la cárcel, casi dos décadas enteras, y aun así, después de haber conseguido la libertad, no ha desistido de su posición inicial.

Veinte años en prisión por su negativa al divorcio

Tzviya, que ahora tiene 55 años, se casó con Meir y los dos tuvieron cuatro hijos antes de que ella solicitara el divorcio en el rabinato en 1995. Alegó que su marido se comportaba de una manera violenta y abusiva, que incluía los golpes, a causa de los cuales tuvo un aborto, así como de arrojarle ácido encima.

Un tribunal rabínico ordenó a Meir que le diera el divorcio, pero él se negó con rotundidad, lo que condujo a su encarcelamiento. Durante todos estos años Meir insistió en no dar el divorcio aún a sabiendas de que si lo hacía le dejarían en libertad. Pero incluso ahora, el matrimonio sigue registrado en el ministerio del Interior y no hay ninguna indicación de que él vaya a dar su brazo a torcer.

En declaraciones a The Jerusalem Post, Tzviya dijo que la liberación de su marido le ha causado preocupaciones, aunque ella siente que no podía hacer otra cosa que permitirle salir. Por eso, recientemente levantó la petición de divorcio que presentó en los años noventa. “La situación ha estado bloqueada durante 20 años. Nada ha cambiado. Nunca pensé que lo meterían en la cárcel y nunca pensé que iba a estar tanto tiempo dentro”. Tzviya querría que la liberación haga que Meir le dé el divorcio ahora, aunque es algo que no parece muy posible.

“Si lo hubiera dejado continuar en la cárcel, Meir seguiría enfadado conmigo y con el rabinato, y yo no necesito su enfado. No es mi intención estar implicada en los tribunales y con cosas negativas, no quiero eso. La gente solo tenemos unos pocos años de vida y tenemos que centrarnos en lo que es bueno”, ha dicho la esposa.

Tzviya es muy crítica con los tribunales rabínicos y con el gran rabinato porque durante tanto tiempo han sido incapaces de hallar una solución a su problema. “La solución no pasa por dejar a un hombre en la cárcel de una manera que no me ha devuelto a mí mi libertad. No entiendo que los rabinos piensen que puede ayudar que siga en la cárcel. ¿El objetivo es que alguien se muera en prisión? Pues ese no debería ser el objetivo”.

“El rabinato quiere mantener el monopolio sobre estas cuestiones, y no le importa que no tenga una solución. (Los rabinos) duermen bien por la noche. Eso es lo que me enerva. Una situación en la que una mujer no puede liberarse de ser una aguná no debería ajustarse a la ley judía, no tendría que ser así”, dijo Tzviya, quien añadió que continúa estando en un limbo que no le permite casarse puesto que el rabinato no ha aprobado el divorcio. “Necesito estar completamente segura de que no hago nada que contravenga la ley judía”.

El Centro de Justicia para la Mujer, que ha apoyado a Tzviya durante algún tiempo, asegura en un comunicado que su caso “ejemplifica el fracaso legal y moral inherente a las leyes de divorcio en Israel”, un fracaso que afecta a centenares de mujeres que no pueden casarse de nuevo y rehacer sus vidas porque sus maridos se niegan a concederles el divorcio.

“Tzviya es solo un caso de cientos de mujeres en Israel a las que se les niega el derecho al divorcio, violándose sus derechos humanos básicos de libertad y autonomía”, dice el comunicado. “Los tribunales rabínicos del estado han perdido el mandato moral para mantener su monopolio sobre el divorcio”.

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