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El Departamento de Óptica de la Universidad de Granada no consigue ver que los espacios públicos deben ser aconfesionales

UNI Laica ha comprobado, un año más, que dicho departamento ha vuelto a instalar en su vestíbulo un belén telescópico (el ‘nacimiento’ está instalado junto a un bonito anteojo terrestre cedido por el taller de restauración ‘Miguel Giménez Yanguas’).

Nos han comunicado que algunas personas han bromeado sobre el uso o no de mascarillas por parte de la ‘sagrada familia’, cierto arcángel, e incluso cierta paloma… y el que en la composición aparezca una ‘vacuna’ (la criatura con cuernos ‘visibles’). A otras personas, estas bromas les parecían infantiles e irreverentes, pero las primeras replicaban que se limitaban a comentar libremente una instalación expuesta en un espacio de la universidad pública.

En UNI Laica no entramos a valorar la oportunidad o no de algunos comentarios; lo realmente inoportuno es que se utilice un espacio público universitario para hacer gala y proselitismo de creencias religiosas particulares. Alguna vez nos han argumentado que es que esas creencias las comparten todos los miembros del Departamento de Óptica; ya es muy sorprendente que todas y cada una de esa cincuentena de personas compartan la misma fe, pero raya en lo inconcebible que todas vean con buenos ojos el abuso que supone la exhibición de simbología religiosa en instalaciones públicas, violando la aconfesionalidad del Estado. Y que ninguna entienda que la unanimidad no exime del respeto a los demás que exige el uso de espacios comunes.

Quizás lo peor sea que esa falta de visión, que el Dpto. de Óptica deja sin corregir año tras año, recibió el ‘visto’ bueno de la rectora de la UGR, que apeló para ello a la tradición sin querer ver que es una iniciativa confesional que no respeta la libertad de concienciade los universitarios y universitarias, y de toda la ciudadanía, tan diversa en creencias y convicciones. Sorprende que la máxima autoridad académica de la UGR no sea capaz de ver que, de ser fieles ciegamente a las tradiciones, ella misma, como mujer, no sería rectora. El nacionalcatolicismo dejó muchas tradiciones inicuas, que ya hace mucho que debieron abandonarse con la consecución de un Estado laico. Y la Universidad debería ser ejemplar en este sentido democratizador; más allá de belenes y otros símbolos en espacios públicos, la Universidad debería dejar de impartir asignaturas de religión, de albergar cátedras de teología católica o de adscribir centros de magisterio de los arzobispados. Sin duda, a esa Universidad la veríamos todas y todos, más allá de nuestras creencias particulares, con mejores ojos.

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