El alcalde de Málaga, el presidente de la Diputación, ambos del PP, y representantes de la Junta y el PSOE, en los actos de culto oficiados por el obispo en honor de Santa María de la Victoria en la catedral

Los actos en honor de Santa María de la Victoria tampoco se han librado de la presión de la pandemia y su necesidad de reducir todo a la mínima expresión. Una tormenta llamada coronavirus, invisible, sigue arreciando con fuerza.

El aforo para asistir al culto presidido por el obispo, Jesús Catalá, ha estado limitado a 200 personas, la mitad de asientos reservados para protocolo. Muchos malagueños que han querido asistir al encuentro con su Patrona se han tenido que quedar fuera. Su ausencia también definirá a este inescrutable 2020.

Después de una primera misa matutina y la posterior desinfección de la Catedral, se ha celebrado a las 11.30 horas la misa estacional en honor a Santa María de la Victoria. El acto ha comenzado, esta costumbre sí ha permanecido sin variación, con las ofrendas florales por parte de las instituciones.

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, en representación de la corporación municipal, ha colocado una canastilla a los pies de la Virgen. Por parte del PSOE, la ausencia de su portavoz, Daniel Pérez, de baja paternal, ha sido suplida por la concejala Begoña Medina. Francisco Salado, presidente de la Diputación, ha representado a la institución provincial. Por parte de la Junta, ha estado en el Catedral el delegado de Salud en Málaga, Carlos Bautista. Ha asistido, también, entre otros, el presidente de la Agrupación de Cofradías, Pablo Atencia.

Durante el transcurso de la misa, Catalá, dirigiéndose a un reducido auditorio, ha comenzado su homilía haciendo un repaso a los orígenes de la festividad que hoy se celebra. Desde la reconquista de Málaga por los Reyes Católicos hasta la coronación canónica de la Patrona de mano del Papa Pío XII.

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