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Ceremonia religiosa vergonzosa

En 2021, gobernando una coalición de partidos de izquierda, se bendicen obras realizadas por trabajadores y trabajadoras del sector público que desarrollan su labor en un país occidental.

Hace días se celebró el acto de presentación del último submarino construido en el astillero de Navantia en Cartagena, una empresa pública que pertenece al Estado español. Dentro de ese acto, tuvo lugar la intervención del Ordinario Castrense de España. Desconozco si es la máxima autoridad del Obispado Castrense, pero fue el encargado de bendecir el submarino. En 2021, gobernando una coalición de partidos de izquierda, se bendicen obras realizadas por trabajadores y trabajadoras del sector público que desarrollan su labor en un país occidental, dentro de la Unión Europea y con el amparo de una Constitución en la que se denomina al estado aconfesional, es decir, que no debe mostrar afinidad con ninguna religión.

La Armada española no es un ente fuera de ése Estado, forma parte de él y por lo tanto tiene que acogerse a las normas que están vigentes y nos regulan a todos.

Desde Europa Laica apelamos al sentido común, a la sensatez, y a intentar ser un país donde nos podamos sentir representados todas las personas. Somos 44 millones y las autoridades, los gobiernos, el que sea elegido por todos los contribuyentes que pagan las obras y las empresas públicas, deben saber que las ceremonias religiosas no tienen cabida en actos civiles; que no todas las personas profesamos la religión católica; que hay muchas que profesan otras religiones e incluso hay muchas que no profesan ninguna, y pueden considerar una vergüenza que en el año que estamos puedan darse éste tipo de ceremonias, una situación inadmisible en cualquier país de nuestro entorno.

Queremos expresar que la solución a esta anomalía pasa por implantar el Laicismo en nuestro sistema político, derogando algún Acuerdo con el Vaticano y aplicando leyes para que se produzca la separación real, entre las religiones -todas, por supuesto- y nuestro Estado.

La solución no puede ser la multiconfesionalidad, que se está introduciendo por ejemplo en la educación, invitando a otras religiones: alguien se imagina que determinados cargos de diferentes confesiones, diez, doce, catorce… sean invitadas a un acto como el de ayer en Cartagena y sus representantes participaran bendiciendo según sus ritos la presentación de un submarino o un edificio público. Para mejorar la convivencia y la democracia la solución es Laicismo.

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