Benedicto XVI, en el centro del ateísmo militante en Europa

República Checa cuenta con un 60% de ciudadanos que no profesan ninguna fe Evitará utilizar el alemán para no avivar recuerdos de la ocupación nazi

Benedicto XVI nunca ha ocultado que una de las más importantes batallas de su Pontificado, si no la principal, se libra en Europa y tiene que ver con la secularización y el relativismo moral que se extienden por el Viejo Continente. Un enemigo al que, en los próximos tres días, el Papa va a tener ocasión de tomarle el pulso en persona.

Porque Joseph Ratzinger ha llegado hoy a uno de los grandes santuarios del laicismo, a un país situado en el corazón de Europa, que según las estadísticas cuenta con un 60% de ciudadanos que no profesan ninguna fe y que es el segundo Estado con más ateos y agnósticos de la Unión Europea, por detrás tan solo de Estonia. Hablamos de la República Checa.

Segunda visita al Este

A sus 82 años Benedicto XVI ha aterrizado en Praga, la capital de la República Checa, en el 13ª viaje que emprende fuera de los confines de Italia desde que hace cuatro años y medio fuera elegido Papa. Se trata, además, de su segunda visita como Pontífice a un país de la Europa del Este, después de la que realizó en mayo de 2006 a Polonia. Al igual que entonces también aquí hablará en italiano y evitará utilizar el alemán, su lengua natal, por aquello de no herir susceptibilidades ni avivar recuerdos de la ocupación nazi. Pero, frente a la catolicísima Polonia, en la República Checa le aguarda una atmósfera muy distinta…

Éste es un país con 10,5 millones en el que, según el Eurobarómetro de 2005, sólo el 19% de los ciudadanos asegura creer en Dios y donde únicamente una de cada 20 personas va a misa. Es verdad que 41 años de régimen comunista causaron estragos en el catolicismo checo. Pero eso no lo explica todo. Después de la llamada "Revolución del Terciopelo" (el movimiento pacífico que en 1989 se puso fin a la dictadura comunista y cuyo 20 aniversario se festeja en noviembre próximo) los católicos declarados en la República Checa cayeron del 40% al 27% actual.

Una tendencia a la que Benedicto XVI tratará de poner freno con su viaje. "Esperamos que la visita del Papa despierte y rejuvenezca la fe aquí", admite Jiri Gracka, el portavoz de la Conferencia Episcopal checa. De hecho nada más llegar, sin tomarse siquiera un respiro, Ratzinger dará comienzo a su cruzada/peregrinaje espiritual: se dirigirá directamente desde al aeropuerto al famoso santuario del Niño Jesús de Praga, en la Iglesia de Santa María de la Victoria de la capital checa para venerar la famosa estatua del Niño Jesús. Originaria de España y donada a los carmelitanos por la princesa Polyxena de Lobkowicz en 1628, la estatua es venerada desde el siglo XVII y siguió siendo objeto de culto tanto bajo el nazismo como bajo el comunismo.

Después de orar ante ella el Papa visitará el presidente checo, Vaclas Klaus, y se reunirá también con varias autoridades diplomáticas y políticas, incluido el ex presidente y reconocido intelectual, Vaclav Havel. Concluirá su primera jornada con una celebración en la catedral gótica de los Santos Vito, Wenceslao y Adalberto de Praga.

La agenda del Papa, que en julio pasado se rompió la muñeca derecha al resbalar durante sus vacaciones en los Alpes, será muy apretada durante los tres días de visita a la República Checa. Pero, como no podía ser de otra manera, Ratzinger aprovechará para insistir una vez más en que la Unión Europea (a la que la República Checa se unió en 2004) no pude ser sólo una unión monetaria y económica, sino que también se deben compartir unos valores comunes. Y esos valores, como Benedicto XVI ha insistido tantas veces, constituyen las "irrenunciable raíces cristianas de Europa".

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