Belén de Sárraga, anticlerical y feminista

En este artículo se analizan los orígenes, discursos y trayectoria de una de las más representativas líderes del librepensamiento y el panamericanismo. Su vida está unida a los avatares del republicanismo radical, el laicismo, los trabajos masónicos, el anticlericalismo y los postulados feministas. Su heterodoxia originó formas de vida transgresoras, pero firmes, creadoras de cultura política en cuatro frentes: educativo, periodístico, pacifista y secularizador.

Esta aportación forma parte de un estudio biográfico, en elaboración, sobre la escritora, oradora y propagandista republicana, Belén de Sárraga Hernández, una de las pioneras de las luchas sociales, laicistas y feministas iberoamericanas. Tras más de diez años de búsqueda en archivos, hemerotecas y bibliotecas españolas, europeas y americanas el puzzle de su vida cobra cada vez mayor sentido. Los resultados pueden rastrearse en los siguientes artículos:

Ramos, Mª Dolores: “Belén Sárraga y la pervivencia de la idea federal en Málaga (1898-1933)”, Jábega 53, 1986, 63-70. “Un compás para trazar una sociedad más igualitaria. La labor de la librepensadora Belén Sárraga entre 1897 y 1909”, Asparkía 9, 1998, 7994; “Belén Sárraga o la República como emblema de la fraternidad universal”, en ÁLVAREZ, A. et alii

El siglo XX: balance y perspectivas.

“¡VIVA FRANCIA!”. UN MODELO DE ESTADO LAICO PARA LAS REPÚBLICAS AMERICANAS

El debate en torno a la construcción del Estado laico y la secularización de las pautas de vida adquirió a lo largo del siglo XIX un profundo acento francés. La trayectoria revolucionaria iniciada en 1789 sacó a relucir las líneas de tensión desarrolladas entre las religiones positivas y una laicidad que debía interpretarse a partir de dos claves ideológicas opuestas: ateísmo-materialismo versus deísmo-espiritualismo, proliferando entre ambas una gama plural de posiciones intermedias defendidas por agnósticos, descreídos e incrédulos. Esa tensión fue soterrada mediante la firma del Concordato entre Francia y la Santa Sede, en 1801, que puso de relieve el papel de la moral católica como elemento de cohesión y control social en la nueva coyuntura histórica. Así lo entendieron también los revolucionarios de 1830, 1848 y 1871, decididos a defender la separación entre el poder temporal y el espiritual como un asunto vital para el triunfo de sus objetivos políticos.(…).

Aunque el proyecto secularizador estuvo salpicado históricamente por retrocesos e inercias, impregnó, como acabamos de apuntar, la ciencia, la filosofía, la moral, el léxico, las instituciones, las costumbres familiares, el sistema de representaciones, las relaciones sociales de género, los conceptos de feminidad y masculinidad. Modeló, sobre todo, la escuela pública, que debía ser obligatoria, gratuita y laica para niños y niñas, garantizar todos los derechos y libertades y crear las condiciones de emancipación social, cultural y moral de las generaciones futuras. Obviamente los esfuerzos del Papa León XIII por reconducir los asuntos eclesiásticos en sintonía con los Estados, la promulgación, en 1892, de la Encíclica, De Rerum novarum, constituye uno de los mejores ejemplos- se consideró en medios librepensadores una ingerencia inadmisible pese a su pretendido carácter “renovador” y “moderno”. Si Bélgica fue la cuna de la Federación Internacional del Librepensamiento, Francia constituyó el modelo político a seguir para las fuerzas republicanas de diferentes países europeos e iberoamericanos, entre los que se contaban España, Portugal, Uruguay, México y Chile. La ley de separación del Estado y la Iglesia, promulgada en Francia en 1905, tras arduos combates y extensas polémicas, no hizo más que reforzar su papel de Nación-Guía en los medios racionalistas y progresistas.

Sin embargo, el modelo propuesto se vio fragmentado por desigualdades sociales y discriminaciones sexuales, fruto de la división en clases y de los estereotipos de género que el liberalismo consolidó en el transcurso del siglo XIX. Hay que subrayar el carácter instrumental que presidió el debate sobre la “cuestión femenina” en los ámbitos racionalistas, progresistas y librepensadores, lo que nos permitirá entender los entresijos de una laicidad construida con un enfoque predominantemente masculino, desde el que se redefinieron las subjetividades femeninas y los espacios privados con un sentido secularizador, pero sin alterar la división entre lo público y lo privado ni renunciar a las jerarquías patriarcales. Las redes sociales creadas por el feminismo laico a finales del ochocientos muestran el interés de sus líderes por acceder escalonadamente a todos los niveles de ciudadanía.

UNA MUJER ATRAPADA ENTRE LA AUSENCIA DE DERECHOS FEMENINOS Y SU DESBORDANTE PRESENCIA EN LA ESFERA PÚBLICA.

Belén de Sárraga Hernández es quizá una de las dirigentes más carismáticas del grupo de propagandistas y escritoras republicanas, librepensadoras y feministas que extendieron su ideario por España e Hispanoamérica  durante la primera mitad del siglo XX. Nacida en Valladolid, en pleno Sexenio Democrático, fue hija primogénita de Vicente de Sárraga, un republicano y masón procedente de una familia burguesa de San Juan de Puerto Rico, y de Felisa Hernández, una joven vallisoletana de origen humilde. Vino al mundo dos años antes de que sus padres se decidieran a contraer matrimonio civil en 1874, acogiéndose a la efímera secularización de las costumbres que acompañó a la Primera República y que muy pronto dio paso a “lo de siempre”, motivo por el que la pareja celebró el matrimonio canónico en 1877, cuando la niña aún no contaba cinco años.

Las inclinaciones republicanas de Vicente de Sárraga, su talante conspirador y arrogante, así como su afición al juego, le valieron numerosos destierros, denuncias y juicios que supusieron para su familia una fuente de problemas y para su esposa un motivo de infelicidad. Tras recorrer diversas ciudades españolas, se trasladaron a Puerto Rico en 1880, donde la niña frecuentó a sus familiares y estudió Magisterio. (…). La familia regresó a España en 1888, produciéndose al poco tiempo la separación matrimonial de los Sárraga-Hernández, un hecho escandaloso que levantó en su entorno una oleada de críticas, tan solo acalladas por el inesperado fallecimiento de Felisa Hernández Urgón, en 1889. Belén y su hermano menor, Rafael, quedaron a cargo de la abuela materna, (…). La joven, aunque traumatizada por estas circunstancias, pleiteó para obtener la asignación que correspondía a los hermanos en concepto de manutención y comenzó a frecuentar los círculos republicanos federales, donde conoció a un joven de su misma edad, Emilio Ferrero Balaguer, representante de comercio, republicano y masón, de talante serio y meticuloso, con el que se trasladó a vivir a Barcelona en 1890, llevándose al pequeño Rafael a vivir con ellos. La pareja contrajo matrimonio en 1894. Ella confesó que había encontrado un “compañero en la vida” y un compañero de doctrina, un “alma gemela” a la suya, además de un mentor con el que predicar sus ideales en mítines, conferencias y otros actos públicos. (…). Tuvieron tres hijos: Libertad, Demófilo Dantón y Víctor Volney, inscritos en el registro civil con nombres de resonancia librepensadora. Durante quince años la pareja compartió numerosas giras políticas y luchó por materializar su ideal fraternal-laico-republicano universal; pero, poco a poco, sus campos de acción se fueron delimitando. Emilio Ferrero pasó a ocupar un discreto segundo plano como “marido de Belén Sárraga” en la proyección pública del matrimonio cuando vivían en Uruguay. El brillo, el carisma y la capacidad de arrastre los acaparó su esposa. Estas circunstancias debieron acentuar las discrepancias que pusieron fin al matrimonio. En 1911 Belén eliminó el apellido “Ferrero” y optó por el “de Sárraga” paterno, manifestando así su recién estrenada autonomía, igual que había hecho la luchadora anarquista, Teresa Claramunt de Gurri (1862-1931), su antigua compañera de militancia librepensadora y feminista en las asociaciones de mujeres racionalistas de la villa de Gracia (Barcelona), cuando en 1891 abandonó el “de Gurri” para pasar a ser Teresa Claramunt Creus. Si añadimos a estos cambios identitarios el indistinto uso de las formas Zárraga o Sárraga -especialmente visibles en el País Vasco (España), el Caribe y Centroamérica- entenderemos mejor las diferentes denominaciones con que nuestra protagonista ha pasado a la Historia.

Belén de Sárraga fue la primera mujer afiliada al partido federal -su carnet está fechado en 1900, antes del fallecimiento de Pi i Margall-, llegando a ser vicepresidenta y miembro de su Comisión Nacional en 1938, tras la difícil unidad de las familias federales, un gesto que a esas alturas de la guerra civil española serviría de muy poco. (…). Residió en Madrid, Barcelona, Valencia y Málaga, donde fundó con, Emilio Ferrero, la mítica Federación Obrera -20.000 afiliados- antes de trasladarse a Montevideo en 1907. Pasó largas temporadas en Lisboa y Buenos Aires, ciudad donde fijó su residencia durante 1915-1921.

Viajó desde el Caribe a la Tierra de Fuego en cuatro ocasiones: 1912-1913, 1915, 1918 y 1930, pronunciado numerosas conferencias que luego editaría en diferentes países. Colaboró con el presidente uruguayo José Batlle, el gobernador de la península de Yucatán Felipe Carrillo Puerto y los presidentes mexicanos, Francisco Madero, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. México fue su segunda patria, hasta el punto de obtener la nacionalidad mexicana en 1926. Regresó a España tras la proclamación de la Segunda República con la idea de favorecer la unión de los federales, alentar los principios laicos y humanistas, (…). Acabada la guerra civil se exilió en México, donde, anciana, enferma y con problemas económicos afrontó los últimos años de su vida. Falleció el 10 de septiembre en 1950 en México D.F., a consecuencia de una nefritis. Sus restos fueron velados por sus amigos españoles y mexicanos de acuerdo con el rito masónico y, posteriormente, incinerados, como aconsejaban los espiritistas y librepensadores más consecuentes.

A lo largo de su azarosa vida pública, Belén de Sárraga hizo gala de una laicidad dirigida a dos grandes objetivos: la emancipación de la humanidad y la emancipación femenina. Su trayectoria biográfica permite comprobar que la democracia liberal se había construido contra las mujeres y, a la vez, con las mujeres que tuvieron el valor de adentrarse en la esfera pública. Su perfil individual y social se consideró excesivo, excelente y atípico, debido a sus planteamientos republicanos, anticlericales y feministas, que ella nunca quiso separar. (…).Belén de Sárraga impregnó su práctica política con dos virtudes complementarias y sexuadas: la valentía, que en el imaginario colectivo se tenía como un valor masculino, y la generosidad o capacidad de entrega, asociada a las mujeres. Una conjunción que resultó demoledora para sus adversarios.

LAS CLAVES DE UN MODELO DE LAICIDAD: ESPIRITISMO, LIBREPENSAMIENTO, ANTICLERICALISMO.

La laicidad de Belén de Sárraga se inscribe en el marco de las corrientes deístas-espiritualistas del primer cuarto del siglo XX, donde confluyen, a manera de estratos yuxtapuestos e interrelacionados, las influencias obreristas, espiritistas, teosóficas, racionalistas, universalistas y anticlericales, el legado humanista de krausistas e institucionistas, los presupuestos de la Federación Internacional de Librepensamiento y de las diferentes corrientes masónicas. Algunas de estas influencias las compartió la propagandista con su marido. Emilio Ferrero Balaguer se inició en la masonería en la logia Puritana de Valencia en 1890. Seis años después seguía la misma trayectoria su esposa, que ingresó en el taller Severidad de Valencia con el nombre simbólico de Justicia. (…).

El espiritismo se alzó en el periodo de entre siglos como una de las corrientes defensoras de la igualdad de derechos y deberes entre los dos sexos y formó parte del movimiento feminista laico. El arraigo de esta doctrina se produjo en las grandes urbes asediadas por el capitalismo y la pobreza de las clases trabajadoras, en ciudades portuarias acostumbradas al intercambio de personas, ideas, mercancías, libros, y en algunas capitales de provincia donde militares, maestros, médicos, veterinarios y abogados constituyeron centros difusores de estas corrientes socio-religiosas; incluso en “pueblos de corto vecindario y menos nombradía”. El gran hito propagador del ideario fue el auto de fe celebrado el 9 de octubre de 1861 en Barcelona, en el que se arrojaron al fuego más de 300 libros y periódicos espiritistas que previamente habían sido requisados en el puerto de la ciudad. La resonancia fue enorme. Una corriente de empatía se extendió entre los sectores populares, que fundaron numerosos centros espiritistas y publicaciones periódicas afines. Obviamente en el Sexenio Democrático se dieron las condiciones políticas idóneas para que crecieran el tejido asociativo, las directrices educativas y las publicaciones espiritistas. Los profesores “normalistas” Domingo de Miguel y José Amigó de Pellicer, el catedrático Manuel Sanz, el periodista José Nakens y el republicano Castelar se sumaron a sus filas. La doctrina recibió un fuerte impulso con la difusión de las ideas krausistas sobre el alma y sus destinos en las esferas siderales. La fundación de la Sociedad Espiritista Española, en 1865, presidida en los años setenta por el vizconde Torres Solanot, que también estaba afiliado a la masonería, la edición de la revista El Criterio Espiritista, que circulaba de mano en mano en los barrios populares de Madrid y en las “capillas evangélicas” frecuentadas por las clases menesterosas, y la celebración en Barcelona del primer Congreso Internacional Espiritista en 1888, hicieron del espiritismo una “religión laica, antiautoritaria, igualitaria y socializadora del ideal superior, el bien colectivo” y la fraternidad universal.(…).

Los sucesivos escritos publicados por Sárraga en La Luz del Porvenir permiten ver la rápida evolución de su trayectoria política e intelectual en los medios republicanos, laicos, obreristas y feministas catalanes. Comprometida con las luchas estudiantiles, republicanas y laicas de la Barcelona de finales de siglo, la joven defendió el papel que debían jugar las mujeres en los ámbitos racionalistas: el de Mujer-Guía o Maestra social, que aunara razón e intuición, los dos planos de conocimiento que la filosofía ilustrada había separado. Evidentemente, el testigo que Flora Tristán, Pauline Roland, Zoé Gatti de Gamond, Mª Josefa Zapata, Margarita Pérez de Celis y otras socialistas utópicas que habían empuñado a mediados del siglo XIX había sido recogido por las espiritistas españolas, cuya nómina de afiliadas no dejó de crecer a finales de siglo.(…).

A TRAVÉS DE UN CONTINENTE: LAICISMO Y ANTICLERICALISMO EN EL MUNDO IBÉRICO.

Belén de Sárraga fue la propagandista que las fuerzas librepensadoras necesitaban a uno y otro lado del Atlántico en las primeras décadas del siglo XX. Diversas fuentes señalan que su presencia era reclamada continuamente en los foros internacionales del librepensamiento y la masonería. Debido a su ascendencia paterna y a los años pasados en Puerto Rico durante su infancia el nuevo continente no le era ajeno. Las numerosas persecuciones de que fue objeto en España, sus dotes de oradora y el compromiso adquirido en el Congreso Universal de Librepensadores de Ginebra de reorganizar las fuerzas librepensadoras en América llevaron a la propagandista a predicar el ideal en aquellas tierras.(…). Fournemont, Lozano, Magalhaes Lima, Calzada, Malagarriga, Madueño, Suñer y Capdevila, por citar sólo unos nombres- ya habían decidido que Sárraga sería la gran “obrera de la civilización panamericana” y del librepensamiento en el nuevo continente. No se equivocaron. Mientras Las Dominicales y La Conciencia Libre multiplicaban las informaciones sobre las asociaciones liberales, logias masónicas y ligas anticlericales americanas, Fernando Lozano desveló algunas de las claves de ese interés mediático: “Más de veinte años llevaba la Federación Internacional de Librepensadores y no había logrado dar un paso en la América [hispánica]. Encargó a España el Congreso de Ginebra (1902) la organización del librepensamiento en aquellas tierras y ya se ha levantado esa montaña librepensadora que se llama el Congreso de Buenos Aires. Digamos las cosas. El Congreso de Buenos Aires ha sido la obra del pueblo español”. Ahora bien, para triunfar en esa tarea había que revolucionar las conciencias, fomentar los intereses republicanos españoles y organizar un feminismo peculiar, “sin romanticismos y con un sentido plenamente humano que juntara en un haz a hombres y mujeres”. Nadie podía cubrir mejor esos objetivos que Belén de Sárraga. Ella sentía un profundo interés por el continente americano, por sus países, sus gentes, sus culturas, sus problemas, sus progresos sociales y económicos, y se aprestó a la tarea:

“Asistí a un Congreso de Librepensadores en Buenos Aires -recordaría después-, vi que en América se hacía sentir la necesidad de propaganda nuestra y emprendí la labor que ya casi toca a su término, pero que he de repetir mientras mis condiciones físicas lo permitan. En Chile cierro el círculo con que he vuelto a América latina y estoy feliz de cerrarlo en este país que tanto necesita la luz de la libertad de pensamiento. He recorrido la Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela, Centro América, México, Colombia, Ecuador y Perú. Hoy me tienen aquí, incansable en mi misión, en mi apostolado, en mi magisterio”.

El congreso celebrado en la capital argentina contribuyó a que germinaran las bases de una confederación de pueblos latinos -una de las grandes aspiraciones del militar peruano Mariano José Madueño, editor del periódico El Mundo Latino– y fomentó la formación de un foco feminista laico integrado por mujeres argentinas y uruguayas: Alicia Moreau, Maria Abella, Ramona y Mª Teresa Ferreira, entre otras, que subyugadas por el carisma de la española aprobaron un programa de derechos femeninos en la convención librepensadora. El caso de la profesora argentina Alicia Moreau resulta ilustrativo: escuchar a Sárraga “-una revolucionaria, una republicana anarquista”- resultaría para ella “una experiencia inolvidable…”; aunque hay que decir que la librepensadora española quedó también fuertemente impactada por “el espíritu analítico… aplicado a la razón y la ciencia” que adornaba a la joven maestra. Ambas sellaron un pacto de amistad refrendado con la fundación de un Centro Feminista en Buenos Aires. El Congreso librepensador sirvió, además, de antesala al foro celebrado en Buenos Aires por los republicanos españoles a fin de crear la Federación Republicana Española en América. Una iniciativa impulsada por Rafael Calzada y Carlos Malagarriga y que contó con la participación estelar de Fernando Lozano y Belén de Sárraga.

El ideario de la propagandista resistiría el paso del tiempo. El sustrato espiritista encontró acomodo en el Consejo General de la Federación Internacional del Librepensamiento, al cual se incorporó Sárraga en 1902, nutriendo las filas deístas; contribuyó a que se relacionara con otros hermanos de las mismas creencias como el costarricense Rogelio Fernández Güell y el presidente de la nación mexicana Francisco Madero, amigo del anterior y espiritista convencido. Ambos acudieron a escuchar a la española durante la primera gira americana de la conferenciante (1912-1913), facilitando sus movimientos por el país y su participación en la Fiesta del Librepensamiento. El periódico espiritista Nueva Era, auspiciado en la sombra por Madero, atacaba sistemáticamente al Partido Católico, al clero y a la moral implantada por la Iglesia. Igual que había hecho Sárraga al frente de, El Liberal, en Uruguay y de, La Conciencia Libre, en España, publicando en este semanario que a nuestro país le costaba “el clericalismo 41 millones de pesetas anuales y una merma en un diez por ciento cuando menos en el presupuesto de cada familia”.

Paulatinamente estas ideas adoptaron un fuerte contenido iberista y panamericano. El primero, contenido en la doctrina federal, propugnaba la necesidad de firmar el pacto hispano-lusitano y se vio reforzado por las colaboraciones del librepensador portugués Fernando Botto-Machado, “ilustrado y querido amigo de Belén de Sárraga” en La Conciencia Libre, los contactos mantenidos por las librepensadoras españolas y portuguesas, y los viajes de propaganda de Magalhaes Lima a España, donde tuvo ocasión de expresar sus ideas sobre el panamericanismo y el panlusitanismo: “La solución para el problema del futuro es la forma federativa. El Atlántico será la prolongación del Mediterráneo… (…). Belén de Sárraga fue una pieza fundamental en el proceso de gestación del panamericanismo. Sostenía en sus escritos que América estaba llamada a ser “tierra de promisión” para los destinos del mundo y que sus pueblos debían prepararse para esa “gran obra” con la puesta en marcha de la federación latinoamericana. En su papel de mujer-guía despertó el entusiasmo de mucha gente. “Te esperábamos”, comentó arrobada Dulce María Borrero –lejos todavía de alcanzar su fama como escritora-, cuando escuchó a Belén de Sárraga durante su primera visita a Cuba, en 1912. Tanto o más arrobados que la poeta cubana quedaron algunos chilenos que vieron en ella una encarnación de la “Diosa-Verdad”. El conferencista italiano Enrique Ferri la llamó “ángel de la libertad”; Luís Víctor Cruz la describió, desde una perspectiva bastante más terrenal, como “una mujer alta, arrogante, sumamente atractiva, cuyos largos años de conferenciante le habían dado una enorme capacidad de seducción con la palabra”. La propagandista contaba 39 años en la primavera de 1913. Por esas fechas el fundador del partido socialista de Chile Luis Emilio Recabarren la invitó a recorrer la Pampa salitrera y le dedicó sentidos poemas. Salvador Barra Woll la saludó con estas palabras: “Más has llegado tú y tu alma sublime no permite, por mayor tiempo, las injusticias; quiere luz para los ignorantes, robustez para el espíritu de los débiles. Por eso es que redimes al esclavo del que se adueñaron los malvados”. El público, sugestionado con su voz, solía seguirla en manifestación hasta el hotel. Luego, entre vítores y ovaciones, ella salía al balcón principal y correspondía a la muchedumbre con unas palabras de despedida: “Llegó como el anuncio de una esperanza porque traía prédicas revolucionarias que nuestros padres recogieron y alentaron”.

Evidentemente, la propagandista española provocó también sentimientos de repulsa y fuertes críticas en el clero y otros sectores sociales: “¡Cómo quieren ustedes que no me ataquen si vengo yo a malear un negocio que tantas utilidades daba a cierta gente! Vengo yo aquí a predicar la verdad, a emancipar a los subyugados. Arranquemos a la mujer, al obrero y al estudiante de esas influencias y habremos alcanzado el ideal del librepensamiento”. El comentarista Francisco Valdivia no compartía este punto de vista: “Hablando con franqueza, las conferencias de doña Belén no sirven para el que comúnmente se denomina pueblo. Porque para entender con conciencia los tópicos de que trata la señora conferencista se hace preciso tener ilustración. Compréndase bien lo que digo: para entender, no para oír. Entender una cosa es penetrarse de ella y poder juzgarla con toda independencia y criterio lógico [sic]… El fondo de lo que predica doña Belén son ideas desquiciadoras que están en incubación o, mejor dicho, en tela de juicio entre los pensadores. Algunas de esas ideas han sido puestas en práctica en algunos países con dudosos resultados. “Advierto al obrero honrado que me escucha que con estas nuevas ideas no van a ganar nada por ahora. Cuando menos perderá su tranquilidad”. Quizá por ello la Liga de Damas Católicas chilenas se refería a ella como “la librepensadora que nos ultraja”. También el embajador de España en Chile la criticó con dureza mientras una mayoría de españoles residentes en el país la aplaudían. Los detractores de Sárraga le reprocharon el hecho de ser una mujer “divorciada”, carente de moral, “fea” -aunque físicamente era muy agraciada- y “libre”, por hacerse acompañar de un puñado de “liberales” entre los que se encontraba su “secretario personal”, el escritor anticlerical Luís Porta Bernabé, siete años más joven que ella, con el que formó pareja recorriendo Hispanoamérica. Sin duda la oradora provocó una dislocación política y cultural, reactivó los motores ideológicos del cambio social y las lógicas tensiones en los ámbitos conservadores. Entró a formar parte de la galería de personajes situados a medio camino entre la historia y la leyenda, la heroicidad y el mito, sobre todo al conocerse algunos de sus dramas familiares como la muerte en Málaga de su hija de nueve años, Libertad, víctima de una insolación, y el suicidio de su hijo menor Volney. La prensa adversa la trató de “estafadora, farsante, divorciada”.

El Panamericanismo que ella definió señalaba el etnocentrismo y el eurocentrismo con un sentido avant-la lettre como los causantes de la invisibilidad y el desconocimiento de las realidades del nuevo continente. En América -insistía- “si no está concluido nada, puede hacerse todo, a diferencia de Europa, que habiéndolo hecho todo no tiene alientos para emprender nada”. La ley de la evolución social guiaría ese proceso. (…).

La propagandista sostenía que feminismo y laicismo debían confluir porque las religiones habían convertido a las mujeres en seres dependientes y sin derechos. Ni la República francesa, ni la República portuguesa, ni las Repúblicas americanas habían resuelto el problema. Los resultados estaban a la vista: “el atavismo religioso había erigido como amos a los que deberían ser hermanos, compañeros y amigos de las mujeres”. Para arrancar ese atavismo de las conciencias la española creó ligas anticlericales en diferentes países, sobresaliendo entre ellas la Federación Anticlerical Mexicana surgida en tiempos del presidente Plutarco Elías Calles: tiempos populistas, iconoclastas, de un anticlericalismo extremado y de “luchas cristeras”. Para extender sus objetivos “desfanatizadores” la propagandista contó con una excepcional tribuna de prensa: la revista Rumbos Nuevos (1925-1928), (…).

Belén de Sárraga, aunque alejada del socialismo marxista de Mariátegui, compartió con él otras ideas. Ambos entendían la laicidad como una forma de espiritualidad y “religiosidad” que no les impedía conocer privadamente a Dios, pero que les obligaba a combatir las religiones por considerarlas causantes de enfrentamientos, guerras, violencias, fanatismos y asesinatos. Enlazando con esta idea, Helder Cámara postularía años más tarde una relectura de los textos evangélicos a la luz de los principios ecuménicos y del compromiso político con las clases oprimidas. El retorno a Europa -continente, mito, idea, proyecto político, ciudadanía compartida, mercado único-, la emergencia de Maastricht, la irrupción de la posmodernidad y la globalización no han logrado frenar la discriminación femenina, el militarismo, el déficit cultural, la degradación ambiental y el fanatismo religioso, aspectos que combatió Belén de Sárraga durante toda su vida.(…).

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