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Alí vive su sexualidad sin ayatolás

España da por primera vez asilo por motivos de identidad sexual a un gay iraní

Alí no se llama Alí. Este hombre de 36 años que oculta su nombre y su rostro huyó en diciembre de 2008 de su país, Irán, un estado-cárcel donde ser homosexual constituye un delito castigado con la muerte de acuerdo con la ley islámica. Dos meses antes de su escapada, Alí tuvo un serio aviso de lo que podría pasarle si permanecía en el país de los ayatolás. "Me detuvieron en una fiesta con amigos y pasé seis días en comisaría. Los policías me pegaban todo el rato", asegura. El pasado lunes este hombre de voz suave y vestimenta elegante se convirtió en la primera persona a la que España concede asilo político por razones de identidad sexual.

En Teherán, Alí trabajaba en una oficina de empleo. En un país cuyo presidente, Mahmud Ahmadineyad, se ufana de que no hay homosexuales, y en el que se retransmiten por televisión ejecuciones de condenados por sodomía, Alí tomaba grandes precauciones para vivir su sexualidad. Un día, en un parque público, conoció a Abdalá (nombre también ficticio). "Nos miramos, nos gustamos y yo le di el teléfono. Primero fuimos amigos y luego nos hicimos pareja", recuerda.

Alí normalmente rechazaba acudir a las reuniones clandestinas de hombres homosexuales en pisos de Teherán. Sin embargo, un día, en octubre de 2008, Abdalá le convenció para ir juntos a una fiesta de cumpleaños en una casa particular con otros gays. Un chivatazo llevó a la policía al domicilio. Los ocho hombres asistentes fueron detenidos.

"En comisaría, nos insultaban y nos pegaban a todas horas. A veces nos movían de una celda a otra y nos decían que esa noche nos iban a matar". La tortura duró seis días. Al séptimo, Abdalá consiguió pagar su propia fianza y la de Alí. "Tuvo que vender su casa", asegura el refugiado.

Sin trabajo y muerto de miedo, durante dos meses, Alí estuvo buscando en el mercado negro un visado para escapar de Irán. "Al final conseguí uno de España. Me costó 8.000 euros, todos mis ahorros", asegura. "Abdalá también debió de conseguir escapar, porque su teléfono de Teherán no está operativo", afirma. La familia de Alí, compuesta por su madre y un hermano, desconoce su condición sexual. "No quiero que se enteren. Podrían repudiarme y, además, tengo miedo a que les pueda pasar algo. No pienso volver nunca a Irán", asegura. Tras un mes en un centro de Cruz Roja de Madrid a la espera de que se admitiera a trámite su demanda de asilo, Alí fue derivado al albergue de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado en Málaga.

Con la ayuda del Colectivo de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales de Málaga (Colega), Alí ha recuperado el ánimo y está superando el choque cultural de vivir en un país en el que los homosexuales pueden, al menos sobre el papel, vivir su vida. "Lo que más me gusta es bailar. En Torremolinos alucinaba viendo a los gays bailando, bebiendo y besándose", asegura.

Sus compañeros de Colega -no se pierde una reunión- le han cedido una parte del local, donde ha puesto una barra de bar para las fiestas. Una vez aceptada su demanda de asilo, el 2 de enero Alí deberá dejar el albergue de refugiados de CEAR. "Eso me preocupa, porque aún no tengo trabajo".

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