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Sobre la sentencia del Tribunal Supremo referente a la apostasía

Con su reciente sentencia sobre la apostasía, el Tribunal Supremo, muy probablemente sin pretenderlo, nos ha convertido a todos en apóstatas.

Dice la sentencia que los libros bautismales no son un listado sino una mera acumulación de datos ciertos (pues en verdad esos hechos, el bautismo de los inscritos, ocurrió realmente).

Pues estupendo. Si no son un listado que pueda modificarse voluntariamente por los interesados para ajustarse a su realidad actual, carecen de validez y no pueden ser invocados para nada ni tener validez de ningún tipo. Lo que no puede ser es que no se consideren listado para impedir borrarse, pero que sí se considere listado para invocar una pertenencia. No se puede estar a la vez en misa y repicando, y esto nadie mejor que ellos para saberlo.

Por tanto, a partir de ahora, para ser invocado como certificado de pertenencia a su confesión religiosa, deben partir de cero y comenzar a elaborar un censo en el que vaya inscribiéndose voluntariamente quien lo desee. Y quien no lo haga, bien por no tener esas creencias, bien por no querer manifestarlas, o bien por desidia, no podrá ser contabilizado.

De esa forma el listado válido será el nuevo, por muy exiguo que sea, mientras el viejo quedará como muchos lo hemos considerado siempre: como un “museo de los horrores”, testigo de las atrocidades cometidas con la conciencia de millones de personas inscritas sin su consentimiento y que además hasta muy poco debían figurar en él obligatoriamente para acceder a servicios y prestaciones a las que se debería tener derecho por el mero hecho de ser ciudadanos. Estamos, o deberíamos estar, en una sociedad de ciudadanos y no de feligreses.

Esos “hechos ciertos” que recogen son un “museo de los horrores”, igual que otros que muestran artilugios de tortura, escenas antiguas de esclavitud, etc., de las que (¡¡qué casualidad!!) en muchos casos también tuvieron como triste protagonista a esta Iglesia Católica, con sus inquisiciones, colaboracionismos con las más bárbaras tiranías, o sus conquistas con cruz y espada.

Así pues, bienvenida sea la sentencia del Tribunal Supremo, que ha dejado sin validez legal los listados eclesiásticos y así de un plumazo ha logrado lo que tanto estaba costando lograr: ya somos todos apóstatas. Incluso los que no se lo habían planteado, y por ello ya veremos si no son éstos los que se rebelan contra la sentencia.

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