Zapatero, el cardenal Bertone y la «sana laicidad»

La riqueza del lenguaje es infinita porque proviene de la complejidad del pensamiento. El lenguaje puede ser literal o directo, cuando expresa ideas o conceptos coincidentes con la realidad de su significado, o puede ser "eufemístico" o figurado, cuando se utilizan palabras o expresiones aparentemente inofensivas para desorientar, evadir o evitar la expresión de la realidad cruda que se esconde tras ellas.
 

 El famoso "eufemismo" es una figura retórica de pensamiento que, en definitiva, puede servir, y sirve muy bien, para desvirtuar la realidad y, a veces, para engañar y desviar al interlocutor de las verdaderas intenciones del mensaje.

El pasado miércoles el cardenal Bertone, Secretario de Estado y número dos del Vaticano, se reunió en la Moncloa con el presidente Zapatero, tras haberlo hecho con la Vicepresidenta del Gobierno, para, supuestamente, "reconstruir" y "suavizar" las relaciones entre el Gobierno de España y la Santa Sede. Se trata de una visita estratégica porque coincide, "curiosamente", con las fechas en que están previstas a corto plazo las reformas de la Ley del aborto y de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa.

Más a la izquierda
Un día antes, en la Comisión de Justicia del Congreso, los partidos que se sitúan a la izquierda del partido Socialista (ERC, Izquierda Unida e Iniciativa per Catalunya) acusaron al PSOE de amilanarse ante la Iglesia católica por haberse opuesto, en esa misma sesión, a varias proposiciones de ley que incidían en el laicismo del Estado (una, referente a la apostasía; otra, a la revisión del Concordato con el Vaticano; y una tercera, relacionada con la creación de una subcomisión para estudiar la muerte digna y la eutanasia).

Aconfesionalidad
Una vez más hemos visto como el partido del Gobierno se retrae cuando se trata de tomar medidas concretas que sitúen a España en la aconfesionalidad real que le corresponde. Según algunos, temen perder el apoyo de los votantes católicos, según otros, se sitúan a la retaguardia de la sociedad, que supuestamente irá exigiendo, según su evolución, las medidas a tomar a este respecto (veinte años de "evolución" creo que son más que suficientes). En cualquier caso, conviene recordar que la aconfesionalidad del Estado es un hecho contemplado por la Constitución desde hace más de treinta años, y que el mantenimiento del Concordato con el Vaticano es una clara vulneración a esa supuesta (y a día de hoy inexistente) aconfesionalidad.

El Quijote
"Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho", puso en boca de su personaje Cervantes hace cuatro siglos y sigue siendo, al parecer, una verdad implacable. Porque, a la vista de las actitudes de sumisión ante la jerarquía católica que parecen perpetuarse, no podemos más que imaginar que la presencia de sotanas y mitras abduce irremediablemente a los políticos.

Poder
Dialogar con los que no respetan el diálogo, sino imponen, subyugan, ordenan y someten, debe ser, la verdad, harto difícil; por más que, cuando conviene a sus intereses, muestren la cara amable del que aparentemente pretende, eufemísticamente, "restituir las buenas relaciones entre dos Estados", pero realmente solo busca mantener y perpetuar la hegemonía ideológica y el inmenso beneficio económico que obtienen del erario público español.

El pasado
Eufemístico es manifestar, en relación a esta visita, que "la voluntad de la Iglesia es una profunda y provechosa colaboración con las autoridades españolas en el marco de una sana laicidad", cuando la Iglesia lleva cinco años a pié de guerra atacando con desvarío, sin pausa y sin tregua, a un gobierno que, pese a ser progresista, ha mantenido su posición de privilegio. Eufemístico es pronunciar una conferencia sobre los derechos humanos en el 60 aniversario de su proclamación", cuando todos sabemos que el Estado Vaticano es el único en Europa que no ha firmado la Declaración Universal de esos derechos, que hasta 1969 mantuvo vigente la pena de muerte, y que, recientemente, se ha negado a firmar la propuesta de la ONU de despenalización de la homosexualidad.

Laicidad
Y el mayor eufemismo de todos es hablar de la "sana laicidad", como si hubiera una laicidad "insana". La bondad es siempre buena, y la maldad es siempre mala. No se puede adjetivar un sustantivo con un calificativo que adultera su significado. Laicidad significa, simplemente, independencia del poder público del religioso, es decir, independencia de las Iglesias y los Estados, lo cual no vulnera, en absoluto, el derecho inalienable de todos los ciudadanos a profesar la creencia o increencia que cada cual considere.

Amasar el poder
Sin embargo, algunos sostienen que relegar a las religiones al ámbito de la privacidad espiritual de los ciudadanos es todo un imposible, porque "religión" no es otra cosa que política. Y, en el caso concreto de esta visita a España, como escribió, en un artículo en El País titulado "Moral, religión y política", el historiador Julián Casanova: "Les gusta, a la Iglesia y a la derecha española, amasar el poder y mantenerlo. Les va de maravilla cuando lo tienen y, si lo pierden, utilizan todos los medios a su disposición, que son muchos, para recuperarlo". El eufemismo indiscriminado y la distorsión del lenguaje son, sin duda, algunos de esos medios.

Coral Bravo es doctora en Filología y miembro de Europa Laica

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