Zapatero compromete a la Casa Real en su política laicista

Mar de fondo en La Zarzuela, aguas revueltas, y cierto clima de tensión contenida, expectante, tal vez crispada, como resaca de las presiones monclovitas que vienen envenenando a un ámbito institucional, el de la Corona, cuyo peso simbólico siempre se ha mantenido al margen del color político del Gabinete de turno.

Pero hete aquí que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero no ha tenido empacho en hacer partícipe a los Príncipes de Asturias de su radical fijación con la Iglesia Católica. Así lo confirman a Elsemanaldigital.com fuentes de absoluta solvencia.
   Ocurrió el pasado 28 de septiembre. Don Felipe de Borbón y doña Letizia Ortiz inauguraron el Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra, obra corporativa del Opus Dei. A su llegada al edificio, los Príncipes fueron recibidos por el presidente del Gobierno regional, Miguel Sanz, y por el rector, José María Bastero. Saludaron a autoridades civiles y académicas y recorrieron parte de las instalaciones. Después de firmar en el Libro de Honor de la Universidad y descubrir una placa conmemorativa, los Príncipes se fotografiaron con todos los profesionales que actualmente trabajan en el CIMA.
   Particularmente llamativa fue la ausencia de monseñor Fernando Sebastián. El arzobispo de Pamplona tenía previsto acudir para dar su bendición a los nuevos laboratorios. Sin embargo, unos pocos días antes de la cita, el presidente navarro y el Centro de Investigación recibieron una cristalina sugerencia de la Casa Real. Les transmitieron la "lindeza" de que España es un Estado aconfesional y, atendiendo a esta realidad, no era conveniente que los Príncipes de Asturias y el prelado coincidieran en el acto. El caso es que se tomó la decisión de que monseñor Sebastián bendijese las instalaciones 24 horas antes de la ilustre visita. Al mismo tiempo, el arzobispo fue grabado en vídeo.
   Al día siguiente, y ya en presencia del heredero de la Corona, se emitió en una pantalla la bendición. Fue, a todas luces, una nueva demostración de la obsesión del Ejecutivo central por alancear al representante de una institución milenaria que está siendo violentamente asediada. Lamentablemente, contó con cierta complicidad de la Casa Real, al menos por dejación, por encogerse de hombros: parece dispuesta a no querer desentonar con los nuevos gustos del Poder Ejecutivo. El mal ya está hecho y lo hecho, o mejor, lo deshecho, deshecho está. Por fortuna, nada es irreversible.

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