Zapatero, como Laudrup

Michael Laudrup era un jugador fabuloso. Era especialista en un tipo de pase que repetía una y otra vez dejando pasmados a los defensas y espectadores que nos preguntábamos cómo nos podía haber vuelto a engañar después de tantas veces. Él miraba hacia la izquierda, ponía todo su cuerpo preparado para dar un pase a su izquierda, pero su pie daba un pase a la derecha dejando descolocada a toda la defensa y sólo al delantero, que tenía fácil la consecución de un gol. No era tan asombroso el hecho de que diera el pase, como que los defensas volviesen a picar: ¡lo hacía tan bien, el tío!

Ayer conocimos dos ejemplos de lo que va a ser esta legislatura (como fue gran parte de la anterior), en la que Zapatero se ha empeñado en dar los pases como Laudrup: tras quedarse fijamente mirando hacia la izquierda, da un certero pase a la derecha y el extremo (que estaba cómodamente en la banda derecha) no tiene más que empujar la pelota para dentro.

Primero fue la votación del Congreso sobre la retirada de los símbolos religiosos en los actos institucionales. Fueron dos propuesta de Izquierda Unida y BNG muy blanditas que venían a responder a la omnipresencia de crucifijos y Biblias en actos civiles: sólo se pretendía ponernos a la altura simbólica de cualquier estado moderno. Tras haberse pasado la legislatura pasada siendo el monstruo de la Iglesia y haber dicho De la Vega que en esta legislatura se avanzaría en la laicidad del Estado, parecía clarísimo que el Grupo Socialista aprovecharía para dar el pase a la izquierda… pero dejándonos boquiabiertos metió el balón al hueco que se abría a su derecha, que aprovecharon PP, CiU y PNV para empujar a las mallas ante el pasmo de la defensa laicista.

Por la noche nos enteramos de que continúa tranquilamente la colaboración de nuestro Estado con los secuestros que la CIA ha universalizado. Pero se ha conseguido tan bien la imagen de que defendemos los derechos humanos por todo el planeta, la legalidad internacional, que estamos en contra del genocida Bush y que no sólo no colaboramos sino que ni siquiera dialogamos con los violentos,… que nos vuelven a meter el gol. Si alguien intentara movilizar a la población (a la que debemos suponer tan contraria a la colaboración con estos secuestros como si el colaborador fuera un gobierno pepino), se encontraría con una dificultad inmensa: ‘si está mirando hacia la izquierda y está haciendo el gesto de dar el pase hacia la izquierda… ¿cómo va a volver a dar el pase a la derecha?’. Y gol.

Con Laudrup daba igual cuántas veces hubiera hecho el mismo truco. Picaba la defensa y todo el público una y otra vez. Lo hacía con una elegancia, con una claridad, que cada una de las veces parecía increíble que nos lo volviera a hacer, y conseguía unos goles como el que aparece arriba. Y tras el gol, a todo el mundo se le quedaba una interesante cara de bobo: ‘No me volverá a engañar‘, pensaban los defensas; hasta la siguiente jugada.

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