Zapatero aprovecha la visita para hacer alarde de nuevo de su laicismo

Cortesía de mínimos en el Gobierno para recibir a Benedicto XVI El PP acusa a Moncloa de «no estar a la altura»

La visita del Papa Benedicto XVI a España durante este fin de semana ha servido al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para hacer ondear su bandera laicista, que es una de sus señas de identidad desde que llegó al poder en 2004 y que exhibe siempre que tiene ocasión para marcar su terreno en la izquierda escorada. El presidente del Gobierno no solo no ha considerado conveniente recibir a Su Santidad, primera autoridad del Estado del Vaticano, sino que decidió no participar en los actos organizados en Santiago de Compostela con motivo del Año Santo Jacobeo, pese a su trascendencia, que va mucho más allá de lo religioso.
En un repentino arranque de patriotismo y espíritu militar, Zapatero no encontró un día mejor para visitar por sorpresa las tropas españolas en Afganistán que ayer, justo cuando Benedicto XVI tenía programado viajar a nuestro país, según la agenda cerrada hacía meses. El jefe del Ejecutivo marcaba así una distancia de miles de kilómetros con el Sumo Pontífice, que son posiblemente los mismos que quiere fijar en su política respecto a la Santa Sede, como se ha encargado de dejar claro desde que llegó a La Moncloa. Precisamente, justo antes de aterrizar en España Benedicto XVI se había referido al «laicismo, anticlericalismo y secularismo fuerte y agresivo» que se ha desarrollado en España, una situación que comparó con la que se vivía en este país al comienzo de la II República.
Mientras Zapatero se marchaba a Afganistán, la representación del Gobierno que acompañó al Papa ayer durante su visita a Santiago se limitó a los dos ministros que son gallegos, Francisco Caamaño (Justicia) y José Blanco (Fomento y Vivienda). Cortesía de mínimos para recibir en la ciudad gallega al Sumo Pontífice, a la que hay que añadir al vicepresidente primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, que se reunió con el Papa en el aeropuerto, tras la recepción privada que había mantenido con los Príncipes.
El laicismo está siempre presente en la agenda política de este Gobierno, que guarda en su cartera, a la espera de sacarla en el momento más oportuno para sus intereses, la ley de Libertad Religiosa, con la que pretende avanzar por ese camino, incluida la retirada de los crucifijos de todos los colegios y espacios públicos, o la supresión de los funerales de Estado, mediante una regulación «laica».
Rubalcaba señaló el pasado viernes que la ley no es ahora mismo una prioridad del Gobierno, aunque forma parte de las promesas socialistas para esta legislatura. En la oposición no descartan que salga a primer plano en la recta final antes de las elecciones de marzo de 2012 para movilizar al electorado más izquierdista, desencantado con las políticas antisociales de Zapatero.
Durante la estancia de Benedicto XVI en Barcelona solo está previsto un encuentro con el presidente del Gobierno. Será en el último momento, en el aeropuerto, donde Zapatero despedirá formalmente a Su Santidad. Por lo demás, el jefe del Ejecutivo brillará, previsiblemente, por su ausencia en cada uno de los demás actos programados durante el fin de semana.

Desde el Partido Popular, Javier Arenas acusó al presidente Zapatero de «no estar a la altura de España ni de la sociedad española» al no encabezar la representación del Gobierno en los actos del Papa. El Ejecutivo, sin embargo, no quiso entrar en polémicas, aunque sí se mostró sorprendido por las palabras de Benedicto XVI sobre el anticlericalismo en España, según informa

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