Yo estuve allí

Yo estuve en la manifestación de Madrid del 17 de agosto. Y estoy sorprendida de la desinformación y ligereza con que los medios han tratado todo lo relacionado con este tema.

La manifestación convocada en Tirso de Molina era legal. Tenía autorización del Gobierno y un recorrido establecido. Cuando la cabecera de la manifestación llegó a Sol se encontró con una contramanifestación de los seguidores del Papa que le impedía seguir avanzando, puesto que el recorrido autorizado debía pasar por Sol y continuar hasta volver a la plaza de Tirso de Molina. ¿Por qué nadie refleja esto? ¿Por qué lo permitieron las fuerzas del orden cuando los ilegales eran los llamados «peregrinos»?

Aún así la cabecera de la manifestación intentó seguir adelante con mucha paciencia hasta que los «peregrinos» empezaron a dispersarse. Mientras tanto, los miembros de la manifestación autorizada intentaban llegar a Sol por las calles adyacentes.

Cuando yo llegué a Sol la situación era un tanto caótica. Los manifestantes laicos seguían llegando a la plaza, indudablemente la gran participación había desbordado los cálculos de la Delegación del Gobierno. Había unos cordones de policía que no se sabía muy bien qué función cumplían, creo que ellos tampoco. Nos impedían pasar por una bocacalle y al otro lado del cordón veíamos retenidos a más manifestantes laicos que intentaban llegar a la plaza.

Pequeños grupos de vaticanistas merodeaban todavía por Sol y los alrededores, desafiantes.

A mí, que no soy precisamente una jovencita y que no portaba ninguna pancarta ni ningún otro símbolo externo, en dos ocasiones se me encararon, gritándome. Al final pude llegar de nuevo a Tirso de Molina donde un equipo de sonido emitía música de Labordeta, que nos reconfortó.

Mientras, en Sol, debió empezar el desalojo educado de los policías a las mochilas amarillas y la carga brutal, a continuación, contra los manifestantes.

La manifestación estaba convocada por plataformas laicas y de cristianos de base y el motivo de la protesta (habrá que recordarlo una vez más) era el gasto público que está suponiendo la visita del Papa en unos momentos de crisis y recortes sociales.

Es cierto que era una concentración muy grande de gente y es difícil controlar todo, pero el ambiente general que yo observé en la manifestación fue de tranquilidad y buen humor. Es más, fui testigo de cómo educadamente se le llamaba la atención a una persona que gritaba una consigna quizás no muy conveniente.

¿Por qué esa necesidad obsesiva de criminalizarnos? Por el contrario, la contramanifestación de los «peregrinos» parecía estar bien organizada y protegida, aún tratándose de una manifestación ilegal, sin autorización gubernativa.

Al principio he comentado que me ha sorprendido la desinformación con que se ha tratado estos incidentes. Creo que debo rectificar. En el siglo XXI toda la información está en la red. No hay ninguna dificultad para acceder a ella. Otros deben de ser los motivos por los que una buena parte de los medios de comunicación han manipulado y tergiversado los incidentes del 17 de agosto en Madrid.

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