Ya no iremos al limbo

De nuevo la Iglesia demuestra su preocupación y desvelo por las inquietudes y problemas que afectan al común de los mortales. Una vez más da prueba de su desmesurado interés por mejorar la vida física y espiritual de sus feligreses y de los que no lo son. El Vaticano ha reconocido, después de que varias generaciones de seres humanos corrientes y molientes lo sospecharan, que el limbo no existe. Así de radical. Por fin reconoce que ese lugar indefinido al que van los niños muertos que no han sido bautizados no forma parte de la realidad. Ni de ésta ni de la del más allá. ¿No les parece a ustedes que ahora podemos respirar más tranquilos?

Por otra parte, estas candentes novedades que cambian de manera radical la percepción que todos tenemos de la existencia son un sólido argumento para defender las clases de religión en las escuelas, sean éstas públicas o privadas. Al fin y al cabo, pensémoslo bien, ¿cómo van a vivir nuestros niños sin conocer a fondo estos delicados entresijos de los parajes a los que estamos destinados cuando muramos, en el caso de que aún nos quede alguno? Son conocimientos básicos para la vida cotidiana, sin duda. En definitiva, no puedo sino felicitar a los miembros de la Iglesia que de tan altos asuntos se ocupan. Jamás agradeceremos lo suficiente que ese colectivo de heterosexuales sexualmente inactivos, ricos y poderosos recuerden los sufrimientos de quienes vivimos sometidos a las carencias económicas, los deseos sexuales y la falta de poder, y compartan tan generosamente con nosotros los altos secretos divinos. Aleluya.

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