Y la laicidad, ¿para cuándo?

No faltan en el PSOE defensores de este valor democrático en el que aún nuestra democracia es deficitaria, pero su defensa emerge y se diluye en los mensajes de sus líderes según la ocasión. Esta legislatura debe ser el momento en que este termómetro de la salud democrática alcance el lugar que se merece y tiene en otros países europeos.

Los gobiernos de Zapatero han sacado adelante con firmeza leyes innovadoras que restituían derechos históricamente mancillados, sin ceder ante la bronca callejera de Iglesia y derecha. Sin embargo, tras décadas de democracia, retirar un crucifijo de un espacio público es una odisea que comienza en grescas escolares y termina en sentencias que no resuelven nada. Tampoco esperaba ver al presidente prometiendo su cargo por segunda vez ante Biblia y crucifijo.

A todo esto llegó el 37º Congreso con tres propuestas de abecedario democrático: supresión de símbolos religiosos en espacios públicos y de funerales de Estado, así como denuncia de los acuerdos preconstitucionales con el Vaticano que consagran privilegios tridentinos.

Respecto a la última, tal vez la más necesaria, fue rechazada por abrumadora mayoría (todos menos uno). Pero las dos primeras quedaron también en agua de borrajas. El Sr. Jáuregui dijo entonces que "la laicidad no tiene constituida una liturgia alternativa" (¿no asistió al digno sepelio de Fernán Gómez?) y que la reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (mejor "de conciencia") se hará "con mesura", porque "nadie puede esperar que un país cambie de la noche a la mañana" (en especial si los poderes impiden el cambio). Me suena a excusas para disimular un vergonzante miedo a perder votos (las cábalas por el codiciado voto de centro).

Los socialistas no quieren actuar en este ámbito "por imperativo legal". Pero urge legislar porque se están lesionando derechos y sin normas claras corremos el riesgo de retroceder en lo ya logrado.

Además, diversos colectivos e instituciones (Asociaciones, Sindicatos, Partidos, Confederaciones de AMPAS, Consejo Escolar del Estado) llevan años pidiendo avances claros en este asunto para el que nunca parece llegar el día propicio.

¿Cuánto tiempo seguiremos discriminando a nuestros hijos en las escuelas por las creencias o increencias de sus padres; o viendo a nuestros cargos públicos acompañar procesiones; o eximiendo a las propiedades de la Iglesia del pago de impuestos; etc?. Me temo que bastante.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...