Y el Papa hizo el milagro

Las cosas importantes no suceden por casualidad. El Papa había venido a Madrid (al menos eso dijeron portavoces vaticanos) para reiniciar la evangelización de España, una antigua nación de raíz católica que se despeñaba hacia el ateísmo, el descreimiento y una liga de fútbol descafeinada, bajo el gobierno de Zapatero. Ese hombre nefasto (seguramente masón en la intimidad) que ha abierto la puerta al matrimonio homosexual, la ampliación del aborto, el laicismo agresivo, la discordia civil y tantas otras lacras morales. Al menos, eso hemos venido oyendo durante estos últimos años en la radio de los obispos. Pero no hay nada que no puede conseguirse mediante la oración, como ya nos demostró el papa Woityla cuando propició por ese método la caída del Muro de Berlín y la desaparición de los regímenes comunistas en Rusia y resto de países satélites. Benedicto XVI llegó a Madrid bajo un calor agobiante que reblandecía los cerebros, y se encontró con un país angustiado por una crisis financiera al parecer irresoluble. Pero en vez de abanicarse y beber limonada, se puso a rezar. Entre la maraña de oraciones que ascienden desde la tierra al cielo pidiendo cosas imposibles, los rezos del Papa tienen línea preferente y enseguida le pusieron con esas tres importantes personas que están siempre reunidas. Tras exponerles sucintamente el caso (los Papas no pierden el tiempo en divagaciones), el Espíritu Santo, en forma de paloma torcaz, viajó rápidamente a Madrid y se puso a estudiar la situación con don Benedicto. Llegaron pronto a una conclusión, porque don Benedicto, además de eminente teólogo, está al frente de un paraíso fiscal y de un intermediario financiero de primera clase como el Vaticano y sabe lo que vale un duro. "Aquí lo que hace falta -le confidenció a Rouco Varela- es que los líderes del PSOE y del PP se pongan de acuerdo sobre la forma de reducir el déficit". "Pero, eminencia -susurró con su inconfundible acento de Vilalba el cardenal- si no se pueden ver". "Alea jacta est", sentenció el Papa, que siempre usa el latín cuando habla ex cathedra. Dicho y hecho. El Espíritu Santo viajó hasta Doñana donde una paloma torcaz pasa absolutamente desapercibida entre tanta fauna protegida, y se posó en el árbol bajo el que Zapatero estaba sumido en hondas cavilaciones. La capacidad del Espíritu Santo para embarazar doncellas sin mancillarlas , e introducir buenas ideas en cerebros confusos, es proverbial y casi al instante el presidente creyó haber llegado a una conclusión luminosa por su propia cuenta. Obrado el milagro, la paloma voló hasta Sanxenxo, donde el señor Rajoy descansaba de su descansada labor opositora, procurando no engordar y mantener uniforme el teñido de su pelo. Cuando llegó, el señor Rajoy estaba departiendo alrededor de una mariscada con un grupo de amigos que ya le llamaban presidente entre risas. Se entretenía en el delicado ejercicio de descabezar una cigala, cuando se quedó en suspenso mirando hacia el infinito. Después se levantó y se dirigió al teléfono que entonces ya empezaba a sonar. "Dime José Luis -se le oyó decir-. ¿Reformar la Constitución para limitar el déficit? Lo que tú quieras. Nos vemos". Ya se que hay quien argumenta que esto es una vergonzosa cesión de soberanía, que estamos en manos de los mercados, y que los dos partidos en realidad son uno solo, el PEPOE , pero a mí me gusta más esta explicación. Puestos a contar mentiras…

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