¿Violencia machista el 8 de diciembre?

Lidia Falcón, glosando el pasado 25 de Noviembre, titula un reciente escrito”Violencia machista  364 días del año”. Bien leído, entiendo que no le falta razón a la escritura feminista. Valora de manera crítica la respuesta social que, pese a la repulsa creciente, no ataja el cruel femenicidio. Señala, como jurista, la triste realidad entre las víctimas que denunciaron o no su previsible final y la -distinta pero- fatal indefensión en ambos casos. Detalla el altísimo porcentaje de juzgados que no acaban dictando medidas de protección que, aunque insuficientes ya hay previstas. Concluye con la ausencia de propósito firme para proteger los Derechos Humanos.

Tomo de la señora Falcón el reto de mantener todo el año los grandilocuentes deseos de los “días de”para  la protección de los derechos, sin excluir los de la mujer. Así que aprovecho la festividad del próximo día 8, por si la parada laboral señalada contraría o contribuye o a la emancipación de la mujer. Lamento que mi opinión discrepe con la de  buena parte de la ciudadanía: Lo de Inmaculada Concepción o virgen y madre a la vez es algo que desde chico a mí no me ha entrado. Ya lo sé. Por supuesto que hay que tratar de entendernos y en ello estoy. No ignoro que hablamos de un dogma, tan respetable y tradicional como se quiera claro. Pero le veo un inconveniente. Sí, y aunque se me tilde de aguafiestas, sigo opinando que el tal dogma salió de las creencias de quienes voluntariamnte lo aceptaban para condicionar el calendario de todo quisque. Lo siento, que le vamos a hacer. Pero es que hay algo más que mi cabezonada para que tengamos la fiesta en paz. Esta efeméride, tan traidicional como imcomprensible, vive casi lindera a la de la Constitución que enciende dispares comentarios. Según los contrapuestos intereses o pareceres, en cuanto a puentes o acueductos que el calendario ofrece, cada cual defiende lo suyo.  Pasando de la tramoya consumista de dicha ocasión en cuanto anticipo de la navidad, y de cuanto de convencional como es lógico podemos encontrar en la   historia del almanaque, yo vuelvo  a lo que ese día, según  doña Lidia,  contribuye a los propósitos del 25 N.

Los DDHH es algo que, como la propia jurista  indica,  trasciende con mucho lo judicial, para instalarse en la propuesta preventiva más eficaz: la educación. Se ha escrito por ahí que vivimos en una sociedad des- educadora que acumula un sordo, pero inexorable malestar que no se quiere ni ver. A ese respecto recuerdo lo que aprendí en un reciente encuentro sobre las adolescentes y jóvenes actuales. La ponente exponía-y mi experiencia docente aplaudía-que en tan difícil y clave edad como la adolescencia, nuestras criaturas-y  en especial ellas-afrontan una situación si cabe, más complicada que generaciones anteriores. A la tradicional falta de una educación sexual sin tapujos ni distorsiones y deseablemente compartida ente familia y escuela, hoy se las arroja a un mar de contradicciones. Por un lado, esta misma efeméride religiosa es una exaltación de la contradicción virgen y madre, esto es,  pureza como tú puedas mantenerla. Por otro, la liberalidad lógica con que se habla sobre aborto, control de natalidad, divorcio y relaciones fuera de la pareja u orientación sexual. A la vez que lo anterior se sigue alimentando con doblez un machismo patriarcal. Éste, además de estigmatizar la homosexualidad, propicia el sometimiento de la mujer por dos vías. De un lado, los modelos culturales que buscan separar la persona que principalamente ella es, del  ser erotizado al que se le ningunean sus otros esenciales calores. De otro, se sigue  propiciando, eso sí con mucho disimulo, el atavismo de los celos y la sumisión con aquello de “la maté porque era mía”.

Así que tanto el día 8 de diciembre ni en ninguno de  de los tres  cientos cincuenta y pico días del año,  pidamos en conjunto imposibles a la mujer y menos en su adolescencia. Ya estará bien con que cada día busquemos en nuestro interior lo mejor de nuestra dignidad. Con ella podremos apreciar en cada cual y en cuanto nos rodaea, personas incluidas, lo más bello, natural y útil para convivir sin afeites ni engaños con libertad solidaria.

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