¡Vieeene el santeeero!

¡Lo mismo hace crecer el peeelo que quita el mal de ooojo! ¡hace que encuentres trabaaajo y que encuentres novia o nooovio! ¡que te toque la loteriiia que cura enfermedaaaes! ¡que aprueeebes los exámenes o que vaaayas al cieeelo! ¡Vieeene el santeeero! ¡Tuuu!

La voz del pregonero suena hueca, recuerda el mugido de una vaca, y sopla una turuta hecha con un pequeño cuerno retorcido de cabra diabólica.

¡Saliii a la calle que os va a haceeer un milaaagro! ¡Vieeene el santeeero! ¡Tuuu! ¡Vieeene el santeeero! ¡Tuuu!

Desde hace miles de años los brujos se invisten de poder divino, hablan con dios, y propagan lo que dios les ha dicho, a ellos solos, porque dios no tiene confianza con nadie más que con el santero: ahora quiere que os matéis entre los pobres, ahora que me deis el dinero que tengáis, ahora las cosechas, ahora que recéis, ahora que os muráis de hambre…; también dice el santero: todo lo que os pasa es por culpa vuestra. Si el hombre (¡el hombre!) fuese bueno (¡no malo, por favor, malo no!) no pasaría lo que pasa, (¿y qué es lo que pasa?); obedeced; sed bondadosos.

Y las gentes devotas salen con velas y se arrodillan a su paso. Se le ama y se le teme, y cuando levanta un muñeco de escayola pintada y pone cara compungida, los asistentes lanzan alaridos al cielo ¡AAA! ¡AAA!, y lloran tapándose el rostro con las manos y agachan la cabeza. Sus oraciones, golpes de pecho, vaivenes con el cuerpo, van junto con los murmullos que se asemejan al hervor del agua en un puchero, algo así como debe sonar el agua hirviendo en las calderas del infierno, que ahora, por cierto, dice que no existe, lo ha hecho desaparecer, y, si además de escuchar miras, tu vista recogerá una ancha hilera de espaldas curvadas.

El santero viene con cofia y falda, le han hecho una camiseta del real madris, y va de pie metido en una vitrina colocada sobre un carro ligero, no usa bonometro aunque se lo han puesto más barato, haciendo gestos con la mano derecha en todas direcciones, adelante y a los lados. No hace esos gestos para los de atrás, a los de atrás no piensa pedirles perdón, “están jodidos”, que decía uno de los suyos, bigote arrocet, luego se lo ha quitado porque el bigote y el flequillo recordaba mucho a otro de ellos, anterior, que llegó al gobierno de Alemania con los votos del partido católico. Pero no nos vayamos de lo que estábamos diciendo, aunque el santero también en aquellos años vestía bestia de nazi.

Ahora practica otro método: hace conjuros. Los artesanos hacen fetiches de palo y pasean y venden pieza a pieza a cada rezón y cada plañidera que han comprado sus estampas con fotos de niños y mayores. El santero tiene rasgos que asocian a una calavera, ojos hundidos, pómulos salientes, grandes ojeras, labios casi en raya, la calavera de los uniformes nazis, recuerda, sí, la recuerda. Pero te va a salvar, te va a quitar los dolores, te va a dar felicidad,… sex buenos, invocad, rezad, obedeced, mirad la lista de milagros que ha hecho, pedid y poned velas a los dioses y diosas de su harén, velas, muchas velas. Este es muy milagrero, ponle perejil en agua y verás como se arruina el perejil, y las flores, y el agua misma, venera y venerea la imagen, a los niños les gusta, provocan a los sacerdotes entregados a sacarle dinero a la escayola, al palo, al papel, tallas y estampas que venden mientras aseguran un oscuro sortilegio.

¡El santeeero! ¡el santeeero! ¡ha venido el santeeero!

El pregonero vocea, pero ya no es hueca su voz, no recuerda al mugido de una vaca, lleva varios días dándole y dándole, ahora grita como si graznase, y después, con renovado esfuerzo sopla la turuta hecha con un pequeño cuerno retorcido de cabra diabólica.

¡Lo mismo hace crecer el peeelo que cura las perversiooones!

Los más creyentes de su efectividad sobre las gentes por su distribución de superchería, le pagan 10.000.000.000 de euros (diez mil millones), además de entregarle otras regalías sin cuantificar, amen de dejarle encargado que guarde en su Paraíso Fiscal cantidades millonarias de euros que roban al Estado, sobre ese tipo de robo el año pasado, en 2010, un sindicato de la Agencia Tributaria lo ha cuantificado en más de 59.000.000.000 de euros, (cincuenta y nueve mil millones de euros). ¡Bendito sea dios!, ¡con el hambre y otras necesidades que hay entre los que trabajan!.

La gente que está de rodillas guiña un ojo a quien tiene al lado, se atornilla la sien con el dedo índice, o se da con los codos sonriendo irónicamente, han perforado el mito que vende el santero, pero no saben qué hacer; el santero aún interfiere entre la razón y la voluntad de ejercerla, induce al dramatismo y le ayudan los brujos menores, cuando, ¡ahora!, ¡sí!, ¡en este mismo momento!, entre las dos filas de gente arrodillada pasa el santero dentro de su huevo de cristal haciendo gestos con la mano derecha a los de delante y a los de los lados, a los de atrás ni el más mínimo caso.

Y la voz ya es baja, ahogada y ronca, mientras el pregonero va pensando que se le acaba el trabajo basura de anunciar al santero, y que está harto de que le utilicen y en este caso de una manera tan desvergonzada, le pagan por anunciar al santero, cuando mañana, dentro de unas horas el encargado del santero le va a dar unos euros y encima, él, le tendrá que dar las gracias, ¡maldita sea!: ¿El santeeero! ¡el santeeero!, -se le rompe la voz- ¡ha venido el santeeero! ¡cura enfermedaaaes! ¡sacas nooovio o nooovia!…

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