Víctimas del Próvolo: «No me gusta la Iglesia», «El Papa sabía y no hizo nada para evitar que lo abusaran», «tolerancia cero está lejos de estar funcionando»

«No me gusta la Iglesia. Han abusado mucho y yo necesito que esto pare. El Papa está ahí tranquilo en el Vaticano, sin dar pruebas. Y esto tiene que parar. A esto le decimos basta».

En una conferencia de prensa impactante, en la que transmitieron con su lengua de señas, sonidos guturales y miradas todo su dolor y rabia, tres exalumnos del tristemente célebre Instituto Próvolo para sordos de Mendoza y de la Plata, que sufrieron abusos sexuales, reclamaron justicia desde Roma, el centro del catolicismo.

«¿Para qué venimos a Roma? Para que paren los abusos en todos lados», dijo Ezequiel Villalonga, de 19 años, la víctima más joven del grupo, que incluye a Daniel Sgardelis, víctima del Insituto Próvolo de la Plata, de 45 años y a Claudia Labeguerie, de 26. Ella era la que aparecía más frágil, con los ojos llenos de lágrimas, ante una selva de cámaras.

Después de haber presentado su caso y denunciado la inacción, encubrimiento y obstrucción de Justicia del Vaticano ante organismos de Naciones Unidas en Ginebra, hoy volvieron a poner su caso bajo los reflectores de la prensa internacional. Un caso aún más escandaloso que muchos otros salidos a la luz en los últimos años por tratarse de chicos sordos y por haber ocurrido en la Argentina, el país del Papa. Aunque las víctimas pidieron una audiencia con él, al momento no obtuvieron respuesta.

Acompañados por sus abogados y por sobrevivientes y activistas de End Clergy Abuse (ECA) las tres víctimas del Próvolo protagonizaron una conferencia de prensa en la sede de la Asociación de Prensa Extranjera. Todos llevaban una remera con la inscripción » Zero Tolerance«, tolerancia cero, política que puso en marcha el Vaticano hace más de dos décadas, que para Peter Isley, de ECA, está lejos de estar funcionando.

Con esas mismas remeras, carteles con retratos de sus victimarios, los sacerdotes Nicola Corradi y Horacio Carbacho, condenados en noviembre pasado a más de 40 años de cárcel por los abusos, junto a la leyenda «no olvidar», las tres víctimas por primera vez también fueron al Vaticano. Allí reiteraron su reclamo de justicia, desplegando una gran bandera argentina y una vieja foto en blanco y negro de un grupo de alumnos junto a sus sacerdotes-lobos. Al lado, la acusación: «El papa Francisco sabía y dejó que nos sucediera».

En la conferencia de prensa, Isley, sobreviviente estadounidense que trabaja desde hace más de 25 años con víctimas, recordó que el Vaticano supo desde 2010, a raíz de denuncias de alumnos del Instituto Próvolo para sordos de Verona, la casa madre, en el norte de Italia, que muchos de ellos había sufrido violaciones y torturas de parte de quienes en verdad debían cuidarlos.

«Un sobreviviente en octubre de 2015 le dio una carta con mucha información al Papa. ¿Pero qué hizo? Y lo más triste es que Ezequiel en ese momento estaba todavía en la escuela. El Papa sabía y no hizo nada para evitar que lo abusaran. ¿Es ese el pastor?», denunció Isley, abrazando a Ezequiel, el más joven de las tres víctimas del Próvolo, que tenía sentado a su lado.

Denuncia de encubrimiento

Lucas Lecour, abogado de las víctimas y presidente de Xumec, asociación civil que vela por la promoción y protección de los derechos humanos, contó que había sido abogado querellante de víctimas en juicios por genocidio y lesa humanidad. «Fui testigo de relatos tremendos entonces, pero eso no se compara en nada con el abuso y la tortura que recibieron las víctimas del Próvolo», afirmó.

Sergio Salinas, abogado que trabaja con él, directamente denunció que los dos enviados del Papa para investigar el caso Próvolo, el sacerdote Dante Simón y el obispo auxiliar de La Plata, Alberto Bochatey, jamás dieron a la Justicia material informativo crucial, pese a pedidos del fiscal.

«Hay 199 personas sordas que pasaron por el Instituto Próvolo que probablemente fueron víctimas, de las que no sabemos nada porque el Vaticano guarda esta información; sus nombres, fotos, direcciones. Hay una amiga de ellos, por ejemplo, que contó que fue abusada por un cura que no es ni Corradi, ni Corbacho: el Vaticano podría decirnos quién es ese sacerdote, darnos esa información, pero no lo hace», acusó.

«Cuando decimos 199 es porque hay una lista entregada por una autoridad del Próvolo al fiscal donde aparecen 230 personas sordas. De estas han declarado 31, de las cuales 24 son víctimas», detalló, al reclamar que el Vaticano de una vez por todas «de estas pruebas y repare el daño a las víctimas».

A la hora de las peguntas a los también llamados «sobrevivientes», Salinas advirtió a la prensa que los chicos no iban a hablar de los hechos y que, por todo lo vivido en estos días, con su primer viaje al exterior, estaban «muy sensibles, con todo a flor de piel».

No obstante, contestaron con entereza, a través de una intérprete de señas: «Necesito una ley que obligue al Vaticano a no encubrir más. Todos los sordos siempre hemos sufrido abusos de curas y necesitamos que esto cambie», dijo Sgardelis, que precisó que a Labeguerie, la única mujer, «no le alcanzan las palabras para describir lo que sufrió».

«Necesito que el Papa termine con esto, que entregue las pruebas y las fotos», le hizo eco Villalonga, que se preguntó «¿cuánto silencio más?».

Aunque se esperaba que hubiera un encuentro con las víctimas del Instituto Próvolo de Verona, finalmente este no se dio. Tampoco, al momento, las víctimas habían tenido respuesta a un pedido de audiencia con el Papa, realizado, según contaron, a través de la nunciatura. «Hace un mes que estamos dando notas, es un hecho público que viajamos a Roma, Cancillería tiene conocimiento y es difícil que el Papa no se haya enterado», opinó Lecour.

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