Víctimas de abusos sexuales piden al Papa que se comprometa a frenar el “holocausto de niños y niñas”

Consideran que Francisco es ambiguo en la lucha contra el abuso sexual de menores por parte de miembros del clero

Cuando todo ocurrió eran niños. Ya de adultos se han conocido a través de Internet y han organizado una red de diferentes países: Chile, Perú Argentina, República Dominicana y Estados Unidos. Ahora tras reunirse la semana pasada en México, la víctimas de abusos sexuales por parte de religiosos en las Américas han remitido una carta al Santo Padre reclamando que se comprometa a luchar contra el abuso sexual de menores y calificando de “ambigüedades” lo planteado hasta ahora.

Las víctimas exhortan al Papa, como representante máximo y responsable de la Iglesia Católica en todo el mundo, a promover cambios estructurales y poner fin a lo que llaman “holocausto de miles de niños y niñas”, sacrificados para evitar el escándalo y preservar la imagen y el prestigio de representantes de la Iglesia ante el mundo.

“Cuestión de titulares”
Así lo recoge Adital en su página web: “Le exigimos al Papa que, por lo menos, cumpla lo que está diciendo, porque para dar titulares todos somos buenos. ¡Ya basta de titulares!”, refiriéndose a lo que le plantea al Papa una víctima de este tipo de abusos, el chileno Juan Carlos Cruz, autor del libro “El fin de la inocencia”. Aquí relata su propio calvario cuando a  los 15 años se unió a la Acción Católica Juvenil de la parroquia del Sagrado Corazón, ubicada en un barrio rico de Santiago de Chile.

Experiencias terribles
En la carta enviada a Francisco, se narran experiencias terribles- explica el artículo de Adital firmado por Cristina Fontenele- como la de Miguel Hurtado Calvo, que sufrió abusos a los 16 años de edad por el sacerdote responsable del grupo de jóvenes al cual pertenecía en una localidad de España.

Lo peor, el encubrimiento
“Me costó mucho aceptar que un hombre de Dios, un hombre al que consideraba como el padre que nunca tuve estuviera cometiendo un terrible delito y un horrendo pecado. Pero más devastador que el abuso fue el encubrimiento por parte de sus superiores”, reflexiona Miguel.

“Proteger a las víctimas”
Para Bárbara Blaine, víctima de niña del párroco de su iglesia y ahora presidenta de la Red de Sobrevivientes de los Abusos de Sacerdotes, fundada en Chicago (USA), las protestas latinoamericanas pueden impulsar la búsqueda de justicia. “Es hora de poner protección a todas las víctimas que han sufrido durante demasiado tiempo, de las cuales no todas sobreviven porque se suicidan o caen en adicciones como el alcohol”.

“Encubridores premiados”
La crítica explícita al Papa se dirige según esta red de víctimas a que “dice cosas buenas, sin embargo hace todo lo contrario cuando premia a abusadores y encubridores, nombrándolos cardenales y obispos”. Califican sus declaraciones de “discurso incoherente”, que incluso “favorecería la impunidad de sacerdotes y dificultaría el acceso a la justicia”.

“Me toqueteaba y me amenazaba”
En el caso de Juan Carlos Cruz, el religioso al que acusa es el sacerdote Fernando Karadima Fariña por  cometer abusos contra él y contra otros niños. El artículo de Adital recoge su terrible historia: “A unos los masturbaba, a otros los penetraba. A mí me toqueteaba y sobre todo me torturaba psicológicamente. Me amenazaba. Me advertía que les iba a decir a todos que era gay si contaba lo que me hacía”, denuncia el escritor.

El caso de  los Legionarios de Cristo
Este sacerdote fue declarado culpable en 2011 por el Vaticano por una serie de casos de abusos sexuales. En su día fue conocido como “el Marcial Maciel chileno”. Marcial Maciel Degollado fue un sacerdote mexicano fundador de la congregación católica de los Legionarios de Cristo, presente en más de 20 países. Se cree que fue además padre de varios hijos. La investigación sobre sus delitos se interrumpió y la Iglesia le invitó a retirarse del sacerdocio hacia una vida de oración y penitencia. Murió en 2008, a los 87 años de edad.

Piden sanciones ejemplares
La red latinoamericana de víctimas concluye su carta a Francisco pidiendo “que la Iglesia sea una casa segura” y que tanto los sacerdotes abusadores como los cómplices encubridores, sin importar la jerarquía, sean castigados con sanciones ejemplares.

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