«Veni Creator Spiritus mentes tuorum visita»

omo ya sabrán, el Papa ha abdicado. Cobrará el finiquito y dejará su cargo el 28 de febrero. A partir de ese día se pondrá en marcha una compleja liturgia, que culminará con la conocida «fumata blanca» de la chimenea de la Capilla Sixtina, en el Vaticano, anunciando que el Cónclave ha elegido al nuevo Sumo Pontífice. En un día aún no definido entre el 15 y el 20 de marzo, los electores (los jóvenes cardenales con menos de 80 años del Colegio Cardenalicio) se reunirán para entonar el «Veni creator», una invocación al Espíritu Santo para que derrame sobre los compromisarios los llamados «siete dones». Ya saben: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. La versión devota de la Lámpara de Aladino, aquella que al frotarla aparecía un genio que concedía generosos deseos. Se hace raro que no pidan pasta.

A continuación, se iniciará la fase democrática de un proceso que puede durar horas, días o semanas. Los cardenales se encierran, se aíslan del exterior (móviles en modo avión) y no salen hasta que se ponen de acuerdo para elegir al nuevo Papa. Las votaciones son secretas y, aunque no diga mucho de la humildad cristiana de los votantes, está permitido el autovoto. No es broma. Al final, si todos dejan de votarse a sí mismos, si se va terminando la comida o si se agotan las papeletas o los lápices, uno de los candidatos termina por sumar los dos tercios de los votos y ya tenemos al nuevo patrón: Obispo de Roma, Cabeza del Colegio Episcopal y Papa. Tres por el precio de uno.

Una vez elegido, lo primero es cambiarle el nombre; como a Benedicto XVI, que antes era Joseph Ratzinger. Normalmente, por modestia, adoptan uno ya usado antes y le suman un palito (Juan XXIII, Pablo VI, Pío XII, León XIII…). Aunque los hay más atrevidos, como Juan Pablo I. Puede que no haya relación, pero este sólo duró un mes en el cargo. Algunos sospechan que el infarto no fue por colesterol, pero como no está permitido hacer autopsia a los papas… Se dice que quería limitar los negocios de la Curia, menguar el poder del Banco Vaticano y enfrentarse a la mafia. Todo eso quedó pendiente y resta saber si estará incluido en el «Veni Creator» de marzo. La verdad, no soy muy optimista.

Fumata blanca cuando salió Ratzinger como Benito XVI

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