Velos sobre velos

Vaya por delante que el instituto donde cursaba estudios está en su derecho de aplicar el reglamento. Pero Najwa y su velo se han convertido en el centro de un agujero negro en el que todo se revuelve y amenaza con devorarnos sin distinción. En su caso, chocan, hasta anularse mutuamente, la libertad individual y las normas de convivencia; el laicismo y el respeto a los distintos credos; la tradición y la lucha contra la desigualdad; el machismo y el feminismo; la sumisión y la propia imagen; el oportunismo y la moda;  la educación y la integración… Puedes usar  la línea de puntos para seguir rellenando.

 

Y, en función de dónde ponga cada cual el acento, todas las conclusiones se solapan, con el resultado de que vemos en el fondo del agujero a los valedores del laicismo poniéndose hiyabs y a los defensores del espacio público para los símbolos religiosos clamando por su prohibición.

 

¿Qué hacemos con el velo, entonces? El reglamento interno (quiero creer) sólo intenta evitar las gorras de béisbol y las capuchas de las sudaderas, aunque el mero hecho de cubrir el cabello con un trozo de tela no genere problemas objetivos (salvo si oculta la identidad, esconde "chuletas" o no se retira para hacer gimnasia, por ejemplo). 

 

Las normas no escritas de las "buenas costumbres" dicen que está feo comer con visera o llevar el casco de la moto en clase, pero también protegen, por ejemplo, eso que se llama decoro y urbanidad . El pañuelo (que no es ni una escafandra ni un pasamontañas y cuyo uso ha sido habitual en España entre monjas, abuelas y chicas ye-ye) podría ser tan "imprescindible" para alguien como lo eran y siguen siendo los pendientes, el tacón de aguja, la falda por debajo de la rodilla o el top del bikini para otras. 

 

El instituto esta legitimado para prohibir que los alumnos se cubran la cabeza en clase. Dura lex y todo eso. Pero si existen centros en los que la prohibición no se da,  podemos deducir que no es un asunto cerrado e inamovible. Así que, evitando de paso la creación de guetos, se antoja más sencillo flexibilizar  la norma ante un caso particular y por distintas razones (la toca de una monja en la facultad de Arquitectura, el velo de Najwa, una cinta para el pelo o el vendaje de un herido) que expulsar  alumnos. Lo que se adivina imposible, visto lo visto, es desterrar el hábito de convertir trozos de tela en velos, brazaletes o banderas.

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