¡Vade retro, Satanás!

Una historia terrible y muy antigua que se repite: la de los abusos sexuales sobre mujeres «demoniacas», brujas a las que hay que «curar». El 21 de octubre fue detenido en Palermo (Italia) un supuesto exorcista por abusar de varias mujeres y chicas menores de edad.

Érase una vez, en el profundo sur de una Italia atávica, las brujas, las endemoniadas, «le tarantolate», mujeres que se decía estaban fuera de sí por haber sido mordidas por la tarántula y que en realidad sacaban sus emociones en esos bailes catárticos que son el origen de una de las expresiones musicales más interesantes del sur Italia.

Síntomas de una sociedad represiva, donde la mujer era inhibida, coartada, a menudo vista como causa de pecado. El cuento de la mujer demoniaca, del peligro de la mujer y de su sexualidad es una historia muy antigua, y no sólo italiana, alimentada durante siglos por la iglesia y hasta por la medicina.

Por esa visión, que gracias a la ignorancia se enraizó fácilmente en sociedades fuertemente machistas, son muchas las mujeres que, a lo largo de la historia, han sido maltratadas, anuladas, abusadas, víctimas de ostracismo, encarceladas, encerradas en psiquiátricos, quemada en hogueras. Es la antigua historia de la mujer como causa de todos los vicios, instrumento y cómplice del Mal, este Mal que estaba en los varones que las acusaban.

Érase una vez, en Palermo, en el año 2016, un cura muy conocido como exorcista, que se dedicaba, con la excusa de sacarles el demonio, a abusar sexualmente de mujeres y chicas menores de edad.

El 21 de octubre, Salvatore Anello, a quien la diócesis palermitana nunca invistió como exorcista, ha sido arrestado por abuso sexual. Con él, un oficial del ejército, el coronel Salvatore Muratore, miembro activo de la comunidad Rinnovamento nello Spirito Santo, grupo de oración fundado por el fallecido Matteo La Grua, uno de los exorcistas más famosos de Italia.

Ambos acusados de haber abusado de mujeres, que se habían dirigidos a ellos para ser «curadas», entre rituales y bendiciones, «oraciones de curación» como las llamaban. Y nadie, durante años, había tenido el valor de reaccionar, hasta que el testimonio de una de las víctimas ha roto el muro de silencio.

Según fuentes judiciales, es importante resaltar que los abusos eran cometidos sobre mujeres que se encontraban en un fuerte estado de fragilidad emocional, algunas gravemente enfermas. Baste el caso de la niña de doce años que sufre epilepsia, a quien la madre habría confiado al supuesto exorcista en la esperanza de una curación, siendo ella misma víctima también de abusos en nombre de una peculiar forma de rezar.

Cuando las mujeres mostraban perplejidad, ellos contestaban que «es el diablo quien te hace hablar así, yo sólo estoy invocando al demonio de la lujuria para liberarte». Dos testimonios son reveladores del fondo de esta dramática historia. «Cuando padre Salvatore me tocaba yo intentaba rechazarle, pensaba que esto no estaba bien, y él me decía que me estaba curando, pero yo creo que en esas partes del cuerpo no hay nada que curar», declara la niña de 12 años.

Otra de la victimas cuenta que «estaba mal, me encontraba en un estado emocional de sumisión y fuerte ansiedad, no vivía con lucidez lo que estaba pasando. Era emocionalmente dependiente, porque creía que me hacía estar mejor. Al mismo tiempo sabía que lo que me hacía no era justo y estaba asustada, pero en el estado psicológico en el que me encontraba no lograba no ir a sus citas».

Es una historia terrible, de abuso mental antes que físico, sobre personas psicológicamente débiles, de abuso de autoridad y de confianza, en un entorno donde se mezclan ignorancia, vergüenza y omertá. Una historia que, en realidad, perdura desde hace siglos.

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