Universidad y religión: te alabamos, Señor

La Universidad de Extremadura ha firmado un convenio de colaboración con la Comisión Islámica de España. Lo llamativo de tan extraño maridaje no radica en el hecho de que se trate de la religión islámica, muy respetable en el ámbito de lo privado de sus acólitos, sino en el hecho mismo de la creencia religiosa, sea del signo que sea, entrando como un elefante sagrado en la cacharrería de la enseñanza pública superior.

s difícil de entender cómo una institución pública, eminentemente laica y entregada al cultivo y promoción del conocimiento humanista y científico, como es o debe ser la Universidad de Extremadura, puede haber firmado un convenio de colaboración con la Comisión Islámica de España, cuya finalidad es, según expresa en nota de prensa emitida por la propia UEx, “mejorar la formación de los líderes del Islam para que puedan impartir clases en escuelas públicas, celebrar matrimonios con efectos civiles”.

Lo llamativo de tan extraño maridaje no radica en el hecho de que se trate de la religión islámica, muy respetable en el ámbito de lo privado de sus acólitos, sino en el hecho mismo de la creencia religiosa, sea del signo que sea, entrando como un elefante sagrado en la cacharrería de la enseñanza pública superior, que es predio abierto de lo heterodoxo y del librepensamiento, ahora compartido con lo que siempre ha sido redil cerrado de lo dogmático y de la intolerancia. Hay que decir que la única Universidad que ha firmado dicho convenio es la extremeña, junto con la de Aragón.

Si hay algo que haya caracterizado secularmente la relación entre la Iglesia (católica, islamista, protestante o cualquier otra) y la Universidad es su falta de avenencia en pro de la protección de la libertad de enseñanza y de pensamiento. Desde el encarcelamiento de Fray Luis de León por su interpretación de los textos bíblicos y su alejamiento de su cátedra en la Universidad de Salamanca, orquestada por la Inquisición, hasta el impedimento inspirado en 1940 por el obispo episcopal protestante Manning para que Bertrand Russell no diera clases de Filosofía en la Universidad de Nueva York, la Iglesia (sea cual sea) no ha parado de meter sus narices en los asuntos de la enseñanza pública, como también gusta de meterlos en cualquier otro (política, familia, sanidad, etc.), mientras pone el grito en el cielo si son otros los que le piden rendir cuentas de sus propios asuntos (turbia financiación por el IRPF, casos de pedofilia, inmatriculaciones, etc.).

Según el Informe de la Fundación Ferrer i Guàrdia 2018 sobre el aumento y la consideración de la laicidad en el Estado español, publicado a principios de abril bajo el subtítulo de “Pensamiento crítico, razón para la emancipación”, Extremadura es la Comunidad de España con mayor número de alumnado que cursa religión en la Educación Secundaria (73,5%) y la segunda en Educación Primaria (89%), sólo por detrás de Ceuta. Al mismo tiempo, la última encuesta sobre prácticas y hábitos culturales, realizada por el INE, referente a los años 2018 y 2019, sitúa en el 51% el número de extremeños y extremeñas que no han leído ningún libro en el último año. Un año antes de esta encuesta, La Federación de Gremios de Editores de España, publicó su informe sobre hábitos de lectura y compra de libros durante 2018, donde Extremadura era la única región que retrocedía en índice de lectura, situándose la última en la clasificación estatal.

Habrá quien diga que no existe evidencia científica entre el índice de lectura tan bajo y de religiosidad tan alto en la enseñanza, pero ambos índices deberían ser motivo de preocupación para una Universidad, la extremeña, que da un salto cualitativo cuando institucionaliza cursos (pagados con dinero público) dirigidos a curas o imanes para el ejercicio de su sacerdocio, algo que chirría bastante en el ámbito de la Educación con mayúsculas pero que no parece levantar ampollas entre el colectivo del profesorado universitario, tal vez demasiado embelesado en el desarrollo de la investigación mientras descuida el fundamento en el que se basa su oficio, que es la enseñanza de alumnos y alumnas en el librepensamiento humanista y científico.
Tras leer esta noticia de colaboración UEX-Iglesia islamista y otra del mismo día, como es la de que el Ayuntamiento de Cáceres y Gobierno de la Junta de Extremadura quieren abrir un gran templo budista en la capital cacereña, con estatua gigantesca de Buda incluida, podemos concluir que Extremadura es la tierra de las oportunidades… religiosas y de la ignorancia consentida, cuando no alentada.

Todo ello con el fin de no ofender al señor obispo y rendirle pleitesía a la sacrosanta Iglesia –católica, islamista, evangélica o budista-, no vaya a ser que se incurra en pecado. Pecado es, según la definición dada por Bertrand Russell en un artículo publicado en 1930 (La nueva generación), “todo lo que desagrada a quienes dirigen la educación”.

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