Universidad, pseudociencias y confesionalismo

LA reciente denuncia de UNI Laica-Granada y NOS (asociación de homo, bi y transexuales) de los ciclos de conferencias del Seminario Newman ha sido rechazada por el Rector de la UGR recordando que "en la Universidad hay libertad de expresión y libertad de opinión". En la misma línea se pronunció el profesor José Ramón Jiménez Cuesta, que además dice no entender "la continua referencia de algunas asociaciones a lo que es Ciencia o no es Ciencia, incluso rozando el dogmatismo". Una queja semejante se la hemos escuchado al Rector, casi con las mismas palabras. Creo que es necesaria una clarificación de ideas y conceptos.

El libre análisis y la crítica (por ejemplo, de ideologías y creencias) son esenciales en la sociedad e inexcusables en la Universidad. ¡Los laicistas somos los primeros en defenderlos y promoverlos! Por eso precisamente los distinguimos del adoctrinamiento, esto es, de la propaganda y el proselitismo de intereses, ideologías o creencias particulares. Es muy distinto un examen de las ideas religiosas (como puede hacerse desde la Antropología, la Biología, la Historia, la Filosofía…), de una propagación de la fe y la dogmática religiosa (como se hace desde una Cátedra dirigida desde la Iglesia católica). ¿Se imaginan cursos impartidos por partidos políticos en campaña, o por marcas comerciales? En la Universidad española, y (ay) especialmente en la UGR, ese proselitismo, el católico en particular, es hoy mayor que durante el nacional-catolicismo… estando ahora en un Estado constitucionalmente aconfesional.

Lo anterior es especialmente grave cuando las ideologías y creencias llevan a atentar contra los derechos humanos: negación de derechos de mujeres y homosexuales, ataque al uso de condones aunque el no usarlos pueda suponer muertes masivas por el sida, adoctrinamiento de niños…

UNI Laica no comete la temeridad de definir inequívocamente lo que es ciencia, dejando perfectamente perfilados sus límites; se limita a denunciar casos flagrantes y ciertamente inequívocos. Cuando alguien afirma disponer de un remedio terapéutico, lo que se exige desde la ciencia son pruebas de que funciona. Si la obtención de pruebas (como ensayos clínicos fiables exitosos) ha fracasado, las pretensiones carecen de respaldo científico, así de sencillo. No lo decide UNI Laica, lo deciden los hechos reflejados en publicaciones científicas.

Esto ocurre cuando se proclaman beneficios terapéuticos de todo tipo, mucho más allá del efecto placebo o de las meras bondades de la relajación o el ejercicio, con la práctica del chikún, el taichí, la reflexología podal, la homeopatía… También exige la ciencia pruebas cuando se habla de ciertas "energías" (indetectables), se pretende adivinar el futuro mediante la posición de los astros, o se afirma un hecho paranormal. Se trata de afirmaciones que atañen directamente a la ciencia, a diferencia de cuando se hacen enunciados morales, estéticos o sentimentales.

Si respecto a esas afirmaciones está clara la posición de la ciencia, ¡qué decir cuando se lanza un mensaje directamente anticientífico, como el creacionista o el milagrero! Por eso me causa estupor que en pro de la libertad de opinión se admitan cursos universitarios en los que se defiende el creacionismo. Pero esa es la lamentable posición "abierta" del Rector. La UGR no sólo los admite, sino que les otorga créditos académicos sin dar al menos la posibilidad de que las comisiones de convalidación de los distintos grados se pronuncien (por una imposición similar dimití de una). De esta manera, la permisividad de la UGR se convierte en complicidad.

En mi opinión, la Universidad debería hacer justo lo contrario: ejercer un importante servicio social denunciando tanto engaño, en una época en la que el fraude asalta por todas partes a individuos indefensos, sin la suficiente información o criterio para detectarlo. ¿No sería magnífico que cuando, por ejemplo, los ciudadanos reciben propaganda de productos milagro, tuvieran un referente que les aclarara que su eficacia no ha sido demostrada y que el discurso explicativo no tiene ni pies ni cabeza? ¿Y que desmintiera otras afirmaciones que contradigan claramente el conocimiento científico?

Mientras tanto, los charlatanes, embaucadores, proselitistas encubiertos… tienen vía libre, y se frotan las manos porque no los desenmascara quien podría y debería hacerlo, sino que hasta los respalda. Desde UNI Laica queremos estimular una demanda social que haga que la Universidad rectifique y ejerza el debido compromiso con la ciencia y con la libertad de conciencia: en definitiva, con los ciudadanos.

Juan Antonio Aguilera Mochón es profesor de la Universidad de Granada y miembro de UNI Laica

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