Una yihad de risa que da miedo

El popular cómico británico Chris Morris destripa la ignorancia de los integristas en ‘Four lions’, su primera incursión como director

Iban cuatro terroristas islamistas a hacer su propia yihad en Londres cuando… Suena a los viejos chistes de las nacionalidades, pero mentar el terrorismo dentro del contexto cómico provoca sarpullidos. Así que el reto de Chris Morris (Bristol, 1962), reputado cómico británico con pasado de locutor de radio y presente de creador de programas televisivos de humor controvertidos, era de altura.

El resultado es Four lions, las desventuras de un cuarteto de musulmanes obsesionados con la yihad, y que alcanza dramáticos niveles de imbecilidad en un mundo en el que prima la incompetencia. Hoy, el debut de Morris como realizador se estrena en España. «Sé que parece tarde para debutar en el cine, pero es que quería contar una historia en tres actos y para eso solo valía una película», cuenta Chris Morris.

Porque Four lions tiene mucha miga. Su trasfondo es de filme serio, incluso algo dramático: están en juego miles de vidas humanas; sin embargo los personajes son descacharrantes, imbuidos por igual de estulticia y ego desorbitado. A mitad del metraje dos de ellos se van a un campo de entrenamiento en Pakistán y acaban destruyéndolo al disparar un bazoca al revés. «Era fundamental para la historia que todo sea perfectamente creíble, que ellos sean humanos y por lo tanto dados a los errores. He estado tres años investigando y entre otras increíbles historias, como las de las tomas falsas de los vídeos reivindicativos de matanzas, delirantes, me enteré de una muy clarificadora: a inicios de este siglo, cinco terroristas decidieron volar un buque de guerra estadounidense con una lancha llena de explosivos que ellos mismos harían chocar contra el barco. De madrugada botan la lancha, la cargan con las bombas y se suben. Se hundieron. Y esto ocurre porque el terrorismo tiene que ver con la ideología, pero también con los imbéciles».

A Morris le costó encontrar el dinero (llegó a hacer una colecta popular por correo), incluso después de estrenar con éxito en Sundance, no fue fácil que Four lions se estrenara en Estados Unidos. Sí en Reino Unido, donde triunfó. Es difícil no reírse con los razonamientos de los protagonistas, que llegan a plantearse volar una mezquita, porque así crecería el número de extremistas, a comprar lejía para los explosivos haciéndose pasar por mujer a pesar de sus barbas, a atar bombas a cuervos en plan palomas mensajeras o a preparar un gran atentado en la maratón de Londres, disfrazados, entre otras cosas, de tortugas mutantes ninjas.

Y el entorno que les rodea tampoco es mejor. Compañeros de trabajo papanatas, policías sin criterio… «Es el mundo en que vivimos. Yo al menos lo veo así. El equipo entendía perfectamente lo que yo quería contar y colaboraron… aunque no las tenían todas consigo hasta que vieron el primer montaje».

Morris no se plantea en ningún momento criticar el islam. «Es que el islam es algo muy amplio. Tengo amigos musulmanes y me parece que no se puede generalizar con una opinión». Pero, ¿puede uno bromear con todo? «Sí, hay un chiste dentro de cualquier cosa en el mundo. En mi programa de televisión siempre lo he tenido claro. Ahora bien, tuve muy presente a las víctimas y no trivialicé con ellas. También enseñé el guion a musulmanes para que me dijeran si había algo en lo que pudieran sentirse molestos».

Curiosamente en las carteleras española otro filme, en este caso un thriller, No habrá paz para los malvados, también habla de terrorismo islamista. Enrique Urbizu, su director, da una respuesta parecida a la de Morris cuando apunta: «Hay una película en todos los hechos históricos españoles. Y yo he explorado esa senda. Eso sí, sabía que los atentados no podían ocurrir en trenes por respeto a las víctimas del 11-M».

En España, ¿el público entenderá Four lions? «Creo que sí. En Nueva York y Londres gustó mucho. Así que solo falta que la vea en Madrid, la tercera de las grandes ciudades castigadas por el terrorismo yihadista. A mí me parece que hablamos de la imbecilidad que conlleva cualquier integrismo, y el público español tiene pinta de inteligente».

El distribuidor de Four lions, Enrique González Macho, explica: «Compramos la película aún en guion, porque en el libreto estaban ya todas las claves. Espero que sí sea entendida, que la gente disfrute de su humor inteligente. Claro que es una apuesta arriesgada, pero el resultado está ahí». Four lions no será la última locura de Morris, que ahora prepara un nuevo trabajo sobre otro tabú: «El canibalismo. Sí, ya estoy escribiendo. Me va la marcha».

Dolor verdadero detrás de cada chanza

Un terrorista que en realidad no es más que un aspirante a fantoche mira a la cámara de vídeo con el gesto impostado de la maldad, pronuncia amenazas contra Occidente mezcladas con reivindicaciones simplemente majaderas mientras agarra su arma como si fuera la continuación de su propio cuerpo. De pronto, la intrahistoria de la grabación queda al descubierto: como la cruel, desoladora y desternillante toma falsa de un vídeo de reivindicación terrorista, el plano se convierte en el de un idiota con una ametralladora de los action men. Pero ¿qué es más peligroso: un inteligente que sabe lo que hace o un lerdo de encefalograma plano? Chris Morris reflexiona sobre ello en la sensacional Four lions, una atrevida bomba de relojería en forma de comedia negra.

Morris, prestigioso comediante británico, habitual de la radio y de la televisión, se acerca por primera vez al cine en formato de largometraje con una historia complicadísima de resolver. ¿Hay algo más difícil que hacer comedia de la guerra y hablar de dramas y realidades absolutamente contemporáneos de la película, no en retrospectiva? Lo hizo Charles Chaplin en El gran dictador; Ernst Lubitsch, en Ser o no ser; Stanley Kubrick con el apocalipsis nuclear en Teléfono rojo: ¿volamos hacia Moscú?, y muy poco más. Morris lo logra retratando la llamada guerra contra el terrorismo y a un grupo armado islámico compuesto por ciudadanos británicos de origen árabe. Y lo hace desarbolando la famosa teoría de Woody Allen de que comedia es igual a tragedia más tiempo. A Morris no le hace falta el paso del tiempo para ser certero tanto en la comicidad del gag como en el drama interior que siempre conlleva el humor negro. Porque la reflexión tiene trascendencia, porque detrás de cada chanza hay dolor verdadero, porque este nunca se muestra, queda larvado, fuera de campo, y es el espectador el que debe sacarlo a la luz, quizá previa carcajada, con un ejercicio de inteligencia crítica.

En Four lions están presentes la manipulación ideológica («en las mezquitas parece que los imanes cagan sabiduría», dice uno de los terroristas) y la degradación de la mujer en la mayoría de los hogares musulmanes. Pero también hay estopa para la policía británica («¡si lo he matado es que era el objetivo!», dice un tirador tras un error, parafraseando aquel disparate del brasileño abatido en el metro de Londres), para los atajos antidemocráticos en los interrogatorios…

La versión integrista islámica de El rey León que un padre le cuenta a su hijo, como una especie de yihad para niños, solo puede compararse con aquel zarrapastroso Frente Popular de Judea inventado por los Monty Phyton para La vida de Brian. Aunque lo más importante termina siendo la mueca del espectador, que se ríe y se congela, se ríe y se congela, hasta llegar a un último plano en el que toca preguntarse: «Si tanto me he carcajeado, ¿por qué ahora estoy herido por dentro?».

Un fotograma de Four lions, la primera película que ha dirigido el cómico Chris Morris.

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