Una víctima del cura español suspendido: «Me ofrecieron 50.000 euros pero mi silencio no está en venta»

Esta historia comienza con unas siglas: F.L. Primera anomalía: la víctima se esconde. F.L. , siguiendo los pasos de otras víctimas de abusos sexuales, envió una carta al papa Francisco. En la carta daba detalles de cómo el sacerdote Don José Manuel Ramos Gordón abusó de él, de su hermano y de otros dos compañeros cuando estudiaban en el Seminario Menor de la Bañeza.

Los niños informaron al rector de lo que ocurría. Era el año 1989. No eran los años de posguerra. Y seguro que adivinan lo que ocurrió. El sacerdote Ramos Gordón fue trasladado a otro lugar, a otra parroquia. No era la primera vez. A prinicipios de los ochenta había ejercido como profesor en el Colegio Juan XXIII de la Puebla de Sanabria, en Zamora. Su salida del colegio fue repentina.

Y ahora, después de 35 años y una avalancha de denuncias por abusos en aquellos años, el Vaticano, a través de la Congregación de la Doctrina de la Fe, le envía a un monasterio o convento fuera de la diócesis de Astorga y le prohíbe celebrar la Eucaristía durante diez años. Al obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez, le parece una pena muy dura.

A F.L. lo llamaremos Javier

Por los abusos cometidos contra usted y su hermano, la Iglesia también envió un año al sacerdote Ramos Gordón a una residencia de sacerdotes mayores. ¿Sentencia dura?

Sí. Se oye claramente que eso le aplica una sentencia dura. Una condena dura, ¿Y nuestra condena? ¿Nuestra condena de años y años? ¿Esa que le parece al señor obispo?

¿Qué edad tenía cuando fue a estudiar al Seminario Menor de la Bañeza?

Yo entré con 10 años, cuando ocurrieron los hechos tenía 14

¿El sacerdote Ramos Gordón era su profesor?

Era mi profesor de Geografía e Historia, sí

¿Desde el principio?

No. Ese año, solo ese año.

¿Sabían algo de él? ¿Sabían que venía del colegio Juan XXIII de Puebla de Sanabria?

Sí lo sabían. Ha quedado demostrado que todo el mundo sabía lo que ocurría. Eso 10 años antes lo sabían en Sanabria en el colegio, en el pueblo, los alumnos, los formadores… todo el mundo lo sabía. Y lo llevan a la Bañeza para destruirnos la vida a mi hermano y a mí y a más gente claro.

¿No eran los únicos su hermano y usted?

No. Oficialmente y reconocido por él somos mi hermano y yo y es de lo que pueblo hablar. Ahora puedo hablar oficialmente de este chico de Zamora, pero sí, hay más niños. No puedo decir nombres ni apellidos, pero hay más niños claro.

¿Cuándo comenzaron los abusos me dice que tenía 14 años?

Sí.

¿Y cómo fue? ¿Cómo se intentaba relacionar con ustedes Ramos Gordón?

Bueno durante el día era normal. Se relacionaba con todos igual pero por la noche tenía a lo mejor especial predilección por nosotros. El detallar lo que ocurría para mí es duro, me cuesta verbalizarlo, y bueno pues… se pueden imaginar.

Tampoco se lo pido ¿Usted lo hablaba con su hermano?

Sí. A mi hermano le ocurrían estos hechos y luego me lo contó. Y luego a los pocos días empezó conmigo. Y luego hablabamos el tema, claro. Bueno, mi hermano y yo nos entendíamos con los gestos y vivimos un verdadero infierno.

No necesitaban hablarse entre ustedes.

Hombre sí, hablábamos, pero nos entendíamos perfectamente con las miradas, con los gestos….

Javier, ¿Y qué hicieron? ¿A quién se lo contaron?

Bueno, pues pensamos contárselo a algún formador, nos daba bastante miedo porque estamos hablando de sacerdotes del año 89. Y era complicado, complicado plantearle eso a un sacerdote. Pero al final mi hermano se armó de valor y fuimos a decírselo al rector y yo no tuve valor. Yo me marché. Pero mi hermano se lo contó.

¿Y qué hizo el rector?

Nada. Yo no estaba en esa reunión pero el rector le preguntó qué os toca y que lo dejara así.

Su hermano se llena de valor y lo denuncia y no hicieron nada

Nada. Mi hermano luego a los pocos meses se lo dijo a otro tutor y nada, siguió hasta fin de curso igual.

¿Y a la familia más directa?

Cuando ocurrieron los hechos no, estábamos internos. No había móviles para llamar a mamá ni nada. Estábamos viviendo ese infierno y ya está, no queríamos invitar a más gente a ese infierno.

¿Prefirieron pasarlo solos?

Sí, solos. Bueno él me tenía mí y yo a él, él me ayudó mucho, me salvó, y yo a él. Porque si no creo que la historia hubiera sido muy distinta.

¿Cómo salieron de ese infierno?

De ese infierno no se ha salido. Mi hermano falleció, supongo que ya habrá salido. Los que estamos aquí seguimos en el infierno.

Usted ha escrito varias cartas al Papa y a los obispos españoles ¿Ha recibido respuestas? ¿Qué le dicen?

No. Recibí a mi primera carta una respuesta de la diócesis, que ordenaron abrir una investigación. Pero a la diócesis de Astorga no le pilló por sorpresa que Roma ordenara abrir una investigación. En la diócesis ya eran conocedores de este asunto. Se abrió esa investigación y se abrió un proceso penal que para mí ha sido devastador y horroroso. Se han burlado de mí en todo el proceso.

¿Quién se ha burlado de usted?

La diócesis, los miembros que han llevado el procedimiento, me han mentido desde el principio.

¿Qué le han dicho?

Me dijeron muchas cosas que no han hecho y no han cumplido. Lo primero que me dijeron es que el señor era culpable, ya de entrada la investigación la hicieron sin contar conmigo. Me informaron que era culpable, que había reconocido los hechos. Perdón, perdón y que ahora se abría un procedimiento para castigar a este señor, para los que supieron y callaron y de reparación a la víctima. Pero no hicieron nada, nada de lo que dijeron.

¿Y en algún momento le pidieron que no lo aireara, que no lo contara?

Bueno, me lo insinuaban. Yo, cuando iba a esas reuniones, iba con toda la buena intención y ellos se aprovecharon. En una ocasión me ofrecieron 50.000 euros, que ahí está el señor notario adjunto al caso que también lo ha oído. Decían que no pretendían comprar mi silencio. Yo no entré a decir ni que sí ni que no. Mi silencio no está en venta ni por eso ni por nada. En ese momento había decidido no hablar porque mi mayor interés era que la verdad saliera. Yo nunca pensé en ir a los medios. Nunca pensé denunciar a los medios. Mi objetivo no era ir a los medios. Mi hermano necesitó y nunca tuvo la verdad. Era mi oportunidad de sacar la verdad y yo estuve callado en todo momento. Vi que el procedimiento fue una burla absoluta y decidí acudir a los medios. Con las medidas que toman y lo que hacen, los niños estuvimos en riesgo y ahora lo siguen estando.

¿Se arrepiente de no haber sido más valiente, de no haber gritado más fuerte o haberlo comentado con otra gente?

Creo que batallamos. Bastante teníamos con soportarlo y sobrevivir con lo que estábamos pasando. Cualquier alumno de esa época, del año 89, sabe que ir a contarle algo así al rector ya eran gritar ¿Qué más podíamos hacer? Pedimos auxilio en varias ocasiones. No sé que más podíamos hacer…

Pidieron auxilio y nadie les escuchó. Usted dice la condena es la mía, el infierno es lo que yo viví o lo que vivió mi hermano antes de morir. Le escucho y tengo al sensación que usted nunca saldrá de esta condena.

No, y menos como hacen las cosas. La burla hace mucho daño. Ahora ha salido una condena de 10 años que dicen es por reiteración, pero la condena de mi caso, por mi hermano y por mí, fue un año ¿Mi hermano y yo no éramos dos? ¿Eso no es reiteración? No entiendo como son capaces de salir y decir esas cosas, no lo entiendo. Yo creo que ni ellos las entienden.

Javier, usted tiene ahora un hijo de 14 años, la edad que tenía usted en ese momento. ¿Le ha contado alguna vez algo de lo que pasó?

Sobre todo su madre se lo ha explicado, pero tiene 14 años y lo entiende como un niño de 14 años.

Javier, muchas gracias por haber estado con nosotros y por la valentía.

A ustedes.

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