Una musulmana con burka en París: ‘Amo Francia a pesar de esta ley injusta’

Prohibición del velo integral en Francia

Su rostro negro nada esconde. Su mirada profunda es su ventana al mundo: sus ojos son los que hablan, se alegran, lloran, ríen… Le basta esta mínima abertura en medio de la oscuridad para mostrar lo que otros a cara descubierta. Desde el pasado lunes, esa expresión ha cambiado el gesto. Ahora Hind sí se esconde.

Desde el lunes la ley francesa impide a esta mujer musulmana salir a la calle con su segunda piel. Pero ella, bajo riesgo de multa y de insulto, sigue mostrando toda su personalidad a través del pequeño agujero de su burka.

Lo lleva desde los seis años, primero por cuestión de educación, después por decisión propia. "Si me lo quito, me quito una parte de mi convicción religiosa. Nadie me obliga a llevarlo: ningún hombre, ni mis padres. Lo llevo porque quiero y para mí eso es un acto de libertad y no de esclavitud. Lo hago por amor a mi Dios", asegura a ELMUNDO.es.

Más digna que nunca

Hind pasea por la calle "más escondida y a la vez más digna que nunca". Esta joven de 31 años, divorciada y madre de una niña de tres años, intenta hacer vida normal: en los pequeños comercios donde va a comprar al conocen, en la escuela donde estudia su hija, también. "Actuar de otra manera sería darles la razón", dice.

Lejos de amedrentarse, el lunes Hind se plantó a las puerta del Elíseo, burka sobre el cuerpo y con un cheque de 150 euros en mano, el importe de la multa por osar permanecer en la calle con su ropa. Su atrevimiento le costó una visita a comisaría.

De madres marroquíes, Hild es hija de Francia. Nació en París, la capital del lujo y bandera de la liberté, egalité, fraternité. La misma que le prohíbe ser cómo es en el espacio patrimonio de la humanidad: la calle. "Esta ley me ha hecho sufrir mucho, cuando fue aprobada lloré. No podía creer que en unos días fuera a ser castigada por ejercer libremente mi libertad religiosa", explica.

Y muy a su pesar, su ropa, su nueva situación de ilegal, le ha hecho famosa: "¿Mi madre me pregunta: eras tú la chica que he visto en una manifestación en televisión?… 'No mamá, no era yo, qué va…', le contesto…". Hind sabe que su madre no podrá distinguirla en medio de la marea negra.

Desde el lunes la miran más que nunca, a pesar de que es ahora cuando sí se esconde. A través de su ventana al mundo aprecia la marea de miradas a la vez sorprendidas por su atrevimiento, cálidas por su valor.

Estigmatizada

Pero lo peor para Hind no ha venido con la aprobación de la Ley. El estigma viene de más atrás. Hace un mes fue agredida por un hombre e insultada por la mujer de éste. "Esto es fruto de la política islamofóbica del Gobierno francés, que hace que mucha gente piense que las mujeres con burka somos integristas islámicas. Somos el enemigo público número uno…", lamenta.

Le duele la mano de hierro que su propio país tiene con ella. "¿Qué es eso de la identidad nacional? No se puede elegir. Es como si le pides a un niño que escoja entre su madre biológica y sus padres adoptivos. No puedes. Les quieres a los dos de distinta manera, pero les quieres igual. Yo me siento aferrada a mis orígenes, pero amo a Francia, pese a esta ley injusta que me impide ser como soy, amo a mi país". A pesar de todo.

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