«Una mujer es sólo media persona en el mundo musulmán». Ayaan Hirsi Ali exdiputada holandesa

«La chica que se rebela y a causa de ello es asesinada por su padre envía a las demás el mensaje de que es mejor obedecer», denuncia

Su nombre significa en somalí 'afortunada', pero la infancia y adolescencia de Ayaan Hirsi Ali no fueron las de una persona con suerte: sufrió la ablación del clítoris, un predicador musulmán la golpeó hasta causarle una fractura de cráneo, intentó suicidarse ingiriendo una gran cantidad de pastillas, vistió burka, se unió a la Hermandad Musulmana y, obligada por su padre, contrajo matrimonio con un hombre al que no conocía.

A los 20 años decidió buscar la fortuna que su nombre le vaticinaba: escapó a Holanda, consiguió la nacionalidad, estudió Ciencias Políticas, se convirtió en defensora de la causa de las mujeres en el Islam, fue elegida diputada por el Partido Liberal -dimitió el año pasado- y escribió el guión para un cortometraje de denuncia que filmó Theo van Gogh, quien fue asesinado por ello. En su cadáver, clavada con un cuchillo, apareció una carta en la que el asesino le anunciaba que sería la próxima víctima.

Con semejante biografía, no extraña que Ayaan Hirsi Ali haya hecho frente a la amenaza y siga denunciando la violencia contra las mujeres en el Islam. Esta semana ha presentado en España su biografía, 'Mi vida, mi libertad' (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), un documento muy duro pero escrito con la esperanza de que, como dice en una entrevista concedida a este diario, llegue el día en que una musulmana deje de ser sólo media persona.

-En un momento de su infancia, usted y su hermana le dijeron a su padre que no querían ser mujeres. ¿Qué significa ser mujer en el mundo musulmán?

-En España, Rodríguez Zapatero ha promovido una ley que quiere hacer frente a la violencia contra las mujeres. Si ese tipo de ley se convirtiese en una norma internacional, no tendría importancia ser mujer musulmana. Entonces, no le habríamos dicho a mi padre que no queríamos ser mujeres. Pero es muy difícil ser mujer musulmana porque en la mayor parte de esas sociedades existe una violencia sistemática ejercida contra nosotras.

-¿Cómo se manifiesta?

-A menudo, no se nos envía a la escuela; si podemos ir, se nos saca de ella a mitad de los estudios; nos obligan a casarnos; nos practican la ablación del clítoris; nos fuerzan a obedecer sin ápice de cuestionamiento, lo que en la práctica, en la vida cotidiana, es una negación de tu vida intelectual y sexual, de tus ideas, de tu libertad de movimiento. Ser una mujer musulmana es como ser medio ser humano. Das a luz, cocinas, te ocupas de tu entorno doméstico. Si vives en una familia rica, te aburres porque no sabes qué hacer con las horas, horas y horas de tiempo libre. Si vives en una familia pobre, no paras de trabajar todo el día y nadie te da las gracias. Simplemente, ése es tu lugar.

-¿Por qué pudo rebelarse y cambiar el rol al que parecía destinada?

-La rebeldía es una cuestión de personalidad. Si te rebelas en un contexto amistoso, en el que esa actitud es incluso admirada, puedes tener éxito. Sí, yo me rebelé, mentí, le dije a mi madre que me iba a la mezquita y me iba al cine; que iba a visitar a otra amiga y ésta me hacía de coartada, pero de hecho me iba con mi novio. Ahora bien, esto es algo que sólo puedes mantener durante un breve período de tiempo. Finalmente, me rebelé de verdad en Holanda. La rebeldía gratifica si las fuerzas que te son contrarias no son lo suficientemente fuertes como para matarte el alma.

Mensajes a las rebeldes

-En su caso, no lo fueron.

-Yo me considero sumamente afortunada. Pero existen miles y miles que se rebelan y acaban en circunstancias peores que aquellas contra las que se rebelaron. La mujer que huye del marido que la golpea sistemáticamente y que acaba convirtiéndose en víctima de la trata de blancas envía un mensaje a todas las esposas que se quieren rebelar: 'Mejor, quédate con lo malo que ya tienes'. La chica que se rebela y que simplemente es asesinada por su propio padre envía a las demás chicas potencialmente rebeldes el mensaje de 'no lo hagas, es mejor obedecer a tu padre'…

-En una foto se ve a una mujer con burka que graba con una videocámara cuanto hay a su alrededor. ¿Cómo es posible ese contraste entre última tecnología y tradiciones medievales?

-Creo que al final la curiosidad humana no puede ser totalmente suprimida. Yo solía deambular por las calles bajo ese burka. El burka significa 'no quiero que ningún hombre me mire con ojos de deseo'. Pero eso no evitaba que yo viese a los hombres con deseo. Hoy día no tiene sentido impedir a las mujeres que salgan de casa, como sucede en Arabia Saudita o incluso entre las que viven en Europa, para dar así a la familia la certidumbre de que son vírgenes hasta su boda. Con el correo electrónico y los SMS, puedes fijar citas románticas y decirle a tu novio que venga a casa entre las 3 y las 6 porque no habrá nadie.

-¿La tecnología ayudará por tanto a las mujeres musulmanas a terminar con esas prácticas?

-La tecnología puede cambiar cosas, pero no es suficiente. Es como el fuego, puede ser utilizada para cosas buenas y malas. Los agentes de la opresión también la usan para difundir sus terribles ideologías, el miedo y el terror. De manera que ahora también te transmiten a través de esa tecnología el mensaje de que lo que Dios quiere de ti es que te quedes en tu casa.

Anclados en el Medievo

-¿Cómo es posible que en un mundo en el que noticias y valores circulan imparables se mantengan incluso en Europa tradiciones como la ablación del clítoris?

-Es una cuestión de convicciones. Las sociedades europeas han alcanzado un nivel en el que educas a tus hijos para que sean ciudadanos civilizados. Antes de poder impartir la civilización, tienes que entenderla tú mismo. En la mayor parte de los países del Tercer Mundo se fusionan las antiguas convicciones con la hipertecnología, de manera que quieren conducir un coche de último modelo, manejar una videocámara y un ordenador, Internet, el correo electrónico, pero en cuanto a valores están anclados en el Medievo e incluso antes, y ese es nuestro contexto. Ahora tenemos una guerra de valores, pero ya no es una guerra territorial, no son hombres uniformados quienes la libran.

-Usted ha comentado en más de una ocasión que en Occidente no se ha entendido eso muy bien.

-Mire lo que pasa con los agentes del Islam radical: tienen unas ideas premodernas pero utilizan tecnologías muy sofisticadas para divulgar esa visión totalitaria del mundo. No es que ellos estén confundidos. Somos los que vivimos aquí quienes lo estamos.

-¿Por qué?

-Porque es difícil para nosotros entender cómo se puede combinar una tecnología moderna con un mensaje como el que transmite Bin Laden, que no es otra cosa que volver al siglo VII. Pasa con otros grupos: no son los evangélicos estadounidenses los que están confundidos, son los medios de comunicación de masas, los universitarios y los círculos literarios de Nueva York los que lo están cuando se preguntan cómo es posible que en el Medio Oeste quieran que se enseñe creacionismo en las clases de Ciencias. Somos seres humanos, y tenemos una vertiente irracional y una racional. Desgraciadamente para nuestra especie, la irracionalidad tiene un gran poder de atracción y actualmente los que están haciendo un llamamiento a nuestra parte irracional son los que llevan la voz cantante en el mundo.

-¿Debería hacer Occidente algo para promover ese Descartes del islamismo que usted reclama?

-Idealmente, debería venir de dentro, pero nos encontramos en un mundo que se globaliza muy rápidamente. No nos queda tiempo para pensar que ya se pondrán al día.

Cultura de diálogo

-¿Por ellos o por nosotros?

-Yo soy ellos, yo llegué a este continente como inmigrante, hija de musulmanes. No necesitamos sólo un Descartes, sino miles de filósofos. Yo pude transformar mi manera de pensar sólo porque fui sistemáticamente expuesta a la cultura del cuestionamiento, de la duda y la crítica y el progreso a través de la controversia. Una controversia de ideas, sin violencia. Con violencia sólo existe nihilismo, destrucción. Lo que necesitamos hacer ahora es proteger la cultura del diálogo, en la que puedas decir cualquier cosa sin temer la violencia, y es esa cultura la que está amenazada.

-¿Hay en el Islam un germen de violencia, como sostienen algunos?

-La violencia que es intrínseca al Islam es la sexta obligación: la yihad. Tienes que luchar, no es suficiente ser musulmán; tienes que difundir la palabra incluso con violencia, incluso con la espada. Ahora bien, el cristianismo también tenía esa violencia intrínseca. Sin embargo, la diferencia es que el Nuevo Testamento fue atribuido a los cuatro evangelistas y hay otros libros escritos por seres humanos. Por eso podemos pensar que san Pablo pudo haberse equivocado.

-¿Los musulmanes no pueden?

-A nosotros se nos dice, como musulmanes, que quien escribió el Corán fue el mismo Dios. Así que cualquier cambio de acento, cualquier reforma cambiaría la relación entre el individuo y Dios, de la sumisión total al diálogo. Eso quería reflejarlo en 'Sumisión'. Que una mujer pueda decir: 'Tú me has creado y yo te obedezco, pero mira lo que me ocurre en tu nombre'.

-Por esa película murió Theo van Gogh y usted está amenazada.

-Otro musulmán me quiere asesinar sólo porque formulo preguntas, porque según Dios él está obligado a asesinar a quien desafía su palabra. Esa es la diferencia actual entre el cristianismo y el Islam. Tiene usted una gran suerte por formar parte de la tradición judeocristiana, porque significa tener un historial de diálogo entre Dios y el ser humano. En cambio, la historia del Islam es de sumisión total.

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