Una historia de cuervos para el cine

Por lo que yo sé, de momento no ha confesado, pero parece que en el Vaticano han encontrado ya al responsable de las filtraciones de los asuntos personales del Máximo Pontífice a la prensa. Ha sido el mayordomo. Bueno, tampoco era tan difícil. A poco que le suenen a uno nombres como Agatha Christie, Stanley Gardner o Georges Simenon, solo había que atar un par de cabos para cerrar el círculo. El mayordomo del que les hablo despertaba al Papa, lo vestía, lo llevaba a misa de siete, le ponía las tostadas y las lentejas, y hasta le quitaba la ropa antes de meterlo en la cama. Todo eso y mucho más, que no ha trascendido. ¿Qué pasará ahora? ¿Se desvestirá él solito el bueno de Benedicto, o le habrán buscado ya un sustituto al traidor? No sé. Aunque quizá la verdadera pregunta sea otra: ¿quien no puede calzarse la sotana por sus propios medios está capacitado para regir los destinos de una de las instituciones más poderosas de la Tierra? Ahí dejo la pregunta.

En todo caso, reconozco que todo lo que rodea a la Curia ejerce sobre mí una especie de fascinación, acaso enfermiza. No lo niego y no es la primera vez que lo confieso. Les cuento: todas las pesquisas han corrido a cargo de la Guardia Suiza, ese cuerpo de élite formado por un centenar de profesionales, sucesores de aquellos 42 bravos soldados que salvaron la vida a Clemente VII en el mismo altar de la Basílica de San Pedro, cuya cabeza buscaban más de un millar de soldados alemanes y españoles bien armados y pertrechados. Por cierto, ¿soldados españoles queriendo matar al Papa? Otro día se lo cuento, que tiene miga.

Retomo el hilo: la Guardia Suiza ha descubierto al «cuervo», que así han bautizado al mayordomo traidor, y en la «guarida del cuervo» han hallado centenares de documentos sustraidos a Su Santidad (SS, como la Seguridad Social, y otras). No creo que en Hollywood hayan pasado por alto la trama: un mayordomo-traidor con apodo de mal agüero, unos aguerridos policías de élite, la seguridad del Vaticano y sus secretos mejor guardados en peligro, un anciano Papa angustiado y triste por la felonía… con un par de flecos más, el guionista lo tiene chupado. Próximamente en las mejores pantallas.

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