Una casa para la Virgen

Día histórico. Vecinos de Salinas del Carmen y autoridades proceden a depositar el acta de colocación de la primera piedra en una urna que quedará bajo la nueva ermita.

El tesón de la docena de vecinos de Salinas del Carmen ha logrado su más antigua aspiración. Hacer una ermita a la Virgen del Carmen. Han sido 40 años de esfuerzos que permitirán sacar a la venerada imagen del garaje particular en el que se guarda.

Resultado de la colaboración entre todos

Pasado ya el momento histórico de la construcción de las grandes catedrales, también el de las pequeñas iglesias, la nueva sociedad parece más interesada por la apertura de centros comerciales, los nuevos templos del consumo, que por la edificación de ermitas. Por eso resulta tan infrecuente un proyecto como éste de Salinas del Carmen, surgido desde la base y que les ha costado no pocos esfuerzos a sus vecinos.

La colaboración institucional ha sido una vez más fundamental. El Ayuntamiento de Antigua ha adquirido el solar, concedido las licencias y realizado el proyecto. Por su parte, el Cabildo de Fuerteventura aporta los materiales. En total la obra está presupuestada en más de 150.000 euros, y es poco probable que pueda estar concluida para las fiestas de la Virgen del Carmen. Como explicó el alcalde, su idea es que el techo tenga un artesonado de madera «como el de todas las ermitas». Incluirá además un alto campanario. Y para darle máxima utilidad al edificio, contará con un sala que podrá hacer las veces de centro cultural.

La de ayer fue una jornada festiva como se recuerdan pocas en el pequeño pueblo marinero de Salinas del Carmen, en Antigua. «Un día único e histórico», remachó su alcalde Juan José Cazorla. Autoridades y pueblo llano al completo participaron en el emotivo acto de colocar la primera piedra de la futura ermita. Sólo falto el sacerdote. Su ausencia, sin embargo, remarcó la laicidad de una iniciativa surgida espontánea, como una natural reivindicación popular.

Aurora Hernández, portavoz y alma mater de este proyecto al que ha dedicado muchos esfuerzos, felicitaba a sus vecinos por el éxito logrado. «Esto ya no es una ilusión, es una realidad», les aseguró emocionada. Pero con el pragmatismo de la experiencia que sólo dan los años, la anciana Josefa Machín le espetaba al presidente del Cabildo, Mario Cabrera: «Lo que quiero ver no es la primer piedra, sino la última, y el techo también».

Se culminan así casi 40 años de reivindicaciones. Desde que Fortunato Gil, más conocido por todos como Tato, y otros pescadores como él, decidieran sacar a la Virgen del almacén de sal en lo que es ahora museo, la restauraran por su cuenta y prepararan una fiesta en su honor, tradición que no se ha interrumpido desde entonces. «No tenía trono ni nada», explica Tato. «El que tiene ahora la Virgen lo mandé hacer yo en Puerto del Rosario a un carpintero que le dicen Juanito el Canario, y no me cobró ni un duro porque era para la Virgen. Desde entonces estamos intentando que haya una ermita».

Por todo ello, Mario Cabrera destacó este ejemplo de unión colectiva, paradigma «de cómo con el esfuerzo y la constancia de los vecinos se pueden conseguir muchas cosas».

La colocación de la primera piedra resultó igualmente de esta manera un ejemplo de buena vecindad. Todos los presentes aprovecharon para depositar en el interior de la urna una serie de recuerdos del histórico día. Desde una copia del acta oficial, hasta los periódicos del día, pasando por una listado de los vecinos empadronados (más de 50, el doble de los que en realidad viven), monedas y hasta la gorra de uno de los asistentes.

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