Una buena idea

Tal vez no sea nada más que una gota de agua dulce que cae en el amargo océano del escepticismo y de la indiferencia, pero creo que deberíamos alegrarnos de una buena idea ahora puesta en marcha en España, por la Diputación Provincial de Granada, ésta de celebrar, nada más y nada menos, la entrada en la mayoría de edad, administrativa y cívica, de los jóvenes que cumplen 18 años.  A cada uno la Diputación, por iniciativa de Andalucía Laica, le hará entrega de este volumen con la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía para Andalucía, bagaje legal y también  moral imprescindible para entrar en un tiempo distinto, el de la responsabilización de la civilidad, que es a donde caminan los jóvenes, si son o quieren ser ciudadanos de pleno derecho. Y verán que, pertrechados con estas tres piezas fundamentales, contempladas, leídas, acariciadas, colocadas en un lugar visible del cuarto y de la casa, su formación podrá ser más sólida, sus dudas aclaradas y su capacidad de intervención, además de ajustada a los sueños que cada uno albergue, también podrá anclarse en las normas que nos acreditan y que, como colectivos, nos dan personalidad jurídica.

El tiempo, ahora en la mayoría de edad, querido celebrante, pasa más rápido de lo que nos pareció en la niñez más o menos feliz, así que es mejor no hacer demasiadas concesiones ni a la molicie ni a lo que el día de mañana traerá consigo. Es bueno estar ya bien pertrechados porque la sociedad necesita estar compuesta por seres conscientes y dirigida por ciudadanos responsables, de modo que estos tres textos que la Diputación ofrece son la mejor base para que la conciencia cívica se mantenga y se defienda frente a ala indiferencia que siempre acecha o al ruido que oculta intereses que nunca son de todos, sino de quienes actúan como si los humanos fuéramos un campo de experimentación para sus personales intereses.

La idea de la Diputación de Granada es buena y ojalá se generalice. Hacer de la mayoría de edad una fiesta cívica colectiva necesitará mucha creatividad y empeño, pero eso, ciertamente, no faltará. Tampoco faltará, estoy seguro, la colaboración de los jóvenes, que mucho van a necesitar para abrirse camino y para tratar de consolidar lo que las normas básicas proponen como meta. A la que hay que intentar llegar. Ojalá alguna generación alcance los objetivos de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

La gota de agua dulce a que me refería al principio no cayó en el mar salado, sino en mi mano. La sorbí como si matase una sed en estos días en que la frustración sobrevino sobre muchos de nosotros, al ver que el mundo no avanza, sino que retrocede, y que conceptos que creíamos superados, como xenofobia, están otra vez en el día a día de Europa. La democracia todavía no está en peligro, pero de nosotros depende impedir que tal suceda.  Granada está en el buen camino. A ver que hacen los jóvenes que cumplen 18 años y reciben este libro. Junto a la felicitación depositamos en ellos un voto de confianza.

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