Una brecha creciente

Las distancias ideológicas entre el denominado judío religioso y el judío laico se agravan en todo el mundo llevando al pueblo judío a un abismo cuyo fondo no alcanza a verse.

Las distancias ideológicas entre el denominado judío religioso y el judío laico se agravan en todo el mundo llevando al pueblo judío a un abismo cuyo fondo no alcanza a verse. La comunidad judeo-argentina es un ejemplo evidente de esta polarización y sórdida lucha ideológica. Ya hace 70 años o más el primer gran rabino de Israel, Abraham Itzjak Hacohen Kuk ( z"l) se refirió a estas divisiones com muy dañinas para la unidad del pueblo judío.

En el seno de nuestro pueblo tenemos judíos con distintos niveles de observancia pero todos son observantes en un sentido amplio de la palabra. Puede ser que haya judíos escrupulosos y cuidadosos en la observancia de los preceptos pero a la vez descuidan facetas humanas como el amor a sus padres, al prójimo, la caridad y no faltan- son minoría absoluta- quienes enmascaran bajo una rigurosidad religiosa su bajeza para los negocios. Por otro lado hay judíos no observantes en lo litúrgico o ritual pero que hacen hincapie en no pocos preceptos sociales y humanitarios más que otros observantes que dan sus diezmos o que es no observante pero vive en la tierra de Israel mientras que otros más observantes viven en la diáspora, lo que implica una transgresión. El rabino Kuk, muy poco comprendido en su momento,ya estableció que el judío medio que vive en Israel, solo por vivir allí su alma esta más elevada pero por otro lado el judío creyente que vive en la diáspora esta en un nivel también muy elevado.

No es correcto establecer una separación y decir estos son religiosos y son buenos y estos otros son laicos son malos. Cada persona debe ser juzgada de acuerdo a la situación. El Talmud nos habla ya del caso del jasid shote ( un judío piadoso equivocado ) y da el ejemplo de aquel que escucha los gritos de auxilio de una mujer que se ahoga en un rio y no se arroja a salvarla para no violentar la norma de recato sexual. Si un judío no come kasher, un judío observante no comerá en su mesa pero ello no inhabilita a la persona en otras cuestiones. Toda división es superficial e injusta. Una persona puede ser perversa en un tema específico y ser muy justo en otro. Lo ideal es la integridad y hacia eso debe apuntarse como meta de vida.

Ya Maimónides estableció que cada persona es juzgada de acuerdo a la mayoría de sus acciones. Si la mayoría son preceptos, es justo; por el contrario, no lo es. Por ello es que el concepto laico-religioso parece más social que halájico y profundizar la división y hostilidad recíproca entre ambos sectores no traerá beneficio al judaísmo. Ni aquí, ni en Israel ni en ningún lugar.

Vivimos épocas de muy acelerada desjudaización de muchos judíos que abrazan el fenómeno del consumismo global pero hay que entender que debemos mirarnos como pueblo y no solo como una comunidad siendo la Halajá, ley judía, el parametro indubitable para la definición de quien es judío.

Toda división del pueblo en distintos sectores responde a un deseo ideal pero poco práctico en el devenir judío.

El llamado judío religioso piensa que el tiene toda la razón y piensan que hay mucho para corregir… en el otro y por ello piensan que el arrepentimiento ( jazará Beteshuva) es algo propio más del no observante. Habría que recordar el adagio talmúdico que dice que "antes de revisar el Tsitsit ( vestimenta ritual que indica estrico cumplimiento ) del otro, hay que revisar primero el propio.

Por su parte los llamados judíos laicos, en una verdadera miopía basada en la ignorancia y el prejuicio, creen que el reloj del observante atrasa. Tenemos que acostumbrarnos, si pensamos como pueblo y no como comunidad, en ver más las cosas positivas de unos y otros, que las negativas de ambos.

Las virtudes y defectos no son patrimonio exclusivo de uno u otro sector. El pueblo judío saldría enriquecido de un acercamiento asi. Es hora de ponerlo en práctica antes que el abismo se agigante y lleve a la formación de dos pueblos.

En definitiva , la Torá no es un conjunto de reglas ajenas al ser judío sino que es parte de la naturaleza espiritual que forma al judío como tal más allá del nivel de observancia; una chispa que anida en nosotros y que espera transformarse en braza.

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