Una biografía esencial del nuevo monarca del Vaticano

Recordando todas las promesas pasadas, hechas por  los hijos de Loyola, de que uno de ellos jamás ocuparía el trono de Pedro, hoy los hechos ratifican una vez más el valor nulo de tales promesas hechas por jesuitas. Jorge Mario Bergoglio S. J. es el nuevo Papa de la Iglesia Católica.

Si repasamos la trayectoria de este señor, venido Papa, que ha causado tan buena impresión entre algunos “ateos”, nos introduciremos en un laberinto cuya salida es difícil de encontrar.

Manos a la obra:

Jorge Mario fue Provincial de los Jesuitas argentinos desde 1973 a 1979.

Ofició como uno de los directores espirituales de los jóvenes integristas católicos que ingresaron a la agrupación juvenil peronista (de tendencia nazi) conocida como Guardia de Hierro, disuelta en 1974.

Fue coadjutor del arzobispo argentino Quarrachino (quien como Cardenal Primado simpatizó y colaboró con el dictador católico Rafael Videla), y lo sucedió en el cargo en 1998.

Actuó como miembro de la conferencia Episcopal Argentina, de la que fue presidente en dos períodos consecutivos, desde el 2005 hasta el 2011.

Durante el llamado “Proceso” (período dictatorial argentino que abarcó desde el año 1976 hasta el año 1980), Bergoglio desde su importante puesto en la jerarquía católica procedió de la siguiente manera:

Nunca habló de los desaparecidos durante el período dictatorial mencionado; ante las denuncias de familiares de desaparecidos, entre 1976 y 1977, se limitó a escribir un documento; ante los reclamos para salvar vidas, en 1976, guardó silencio; ante las imploraciones para que la Iglesia mediara  con los militares en 1979, escribió otro tibio documento; ante la exigencia de la aparición con vida de los detenidos y desaparecidos, en 1980, se limitó a “proponer un diálogo”; ante la insistencia en todos los reclamos anteriores, en 1981, propuso la reconciliación; ante el pedido de castigo a los asesinos y torturadores, en 1982, les otorgó el perdón. Además fue un tenaz defensor del obispo de la provincia de Santa Fe, Edgardo Storni, culpable de abuso sexual agravado.

Agregaré ahora información de otros medios de la prensa argentina:

La Nación, un tradicional diario de tendencia católica, publicó el día 24 de octubre del 2004, pág. 15, un artículo en el que reportaba: “Bergoglio denunció un ateísmo militante. Dijo que es una de las nuevas formas de censura en una época en que se impone a las familias un ‘totalitarismo cultural’”. En otra parte del artículo se lee lo siguiente: “El cardenal hizo alusión al proyecto de ley que se debate actualmente en la Legislatura porteña [de la ciudad de Buenos Aires], que promueve brindar educación sexual en las escuelas. ´Existe un grupo de gente progresista que propone una norma más fascista que la que podría imaginar Goebbels´, señaló”. De nuevo, ejercita aquí sus artimañas verbales, tratando de confundir y sembrar cizaña entre el público lector  de ese matutino que, él sabe, va a aceptar sus palabras y que posiblemente ‘ha olvidado’ que Goebbels fue un católico nazi que cuando se sentía enfermo sólo aceptaba ir a los hospitales de las monjitas católicas de Berlín.

En otro artículo del mismo diario con fecha 1 de julio del 2007 leemos:

“Bergoglio equiparó el aborto con el parricidio. El arzobispo habló durante una jornada social de la Iglesia”.

“Mar del Plata.- El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, ubicó ayer al aborto y a la eutanasia en un escenario que llamó de ‘terrorismo demográfico’ y en el que, según consideró, ‘lo que menos vale es la vida’”.

“‘Hay miles de madres que matan a sus hijos’, dijo en referencia a la interrupción de embarazos que encontró legalidad en parlamentos de decenas de países. Y dejó una advertencia. ‘Descuiden, que dentro de unos años van a aprobar la libertad de los hijos de matar a sus padres’”

El cinismo manifiesto de este jerarca de la Iglesia Católica no parece tener límites. Se atreve a llamar asesinas (sin decirlo, claro) a  cientos de miles de pobres mujeres que afrontando quien sabe cuántos dramas individuales, no encuentran otra salida que acudir a métodos primitivos de aborto o ponerse en manos de  inescrupulosos individuos, que destrozan sus cuerpos y en muchos casos acaban con sus vidas. Todo esto ocurre porque este señor, y sus secuaces clericales y lacayos gubernamentales, se oponen a que existan hospitales, donde esas operaciones podrían llevarse a cabo en forma respetable y segura  para las pacientes. En la Argentina, de acuerdo a un informe de la revista The Economist, de marzo 17 del 2007, pág. 13, esta es la situación: “La Suprema Corte de Justicia de la Argentina ha fallado que las mujeres que hayan abortado después de haber sido violadas, no serán, en adelante, procesadas judicialmente. Se estima que 500.000 abortos ilegales se llevan a cabo anualmente en el país.” Como dato al margen haré notar que el recinto donde los jueces de la Suprema Corte se sientan a dictar  fallos “magnánimos” como este, está presidido por un gran crucifijo ubicado directamente sobre sus cabezas.

En otro artículo de La Nación fechado el 20 de septiembre del 2009 se nos informa: “Más allá de la discusión actual sobre los medios [de comunicación], el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio advirtió que ‘el peor riesgo, la peor enfermedad es homogeneizar el pensamiento” y afirmó que “urge construir e instalar la cultura del encuentro’ a través del diálogo”.  Y continúa el artículo: “Ante centenares de asistentes expectantes de sus palabras, Bergoglio comenzó preguntándose: ’la Argentinas, ¿somos un país de desencuentros?’. Y señaló que: ‘dialogar supone no solo oír, sino escuchar” porque aunque  el otro ‘política o ideológicamente esté en la vereda de enfrente, siempre tiene algo que decirme’”. Unos párrafos adelante insiste en que; “el diálogo es un instrumento privilegiado para romper todo aquello que nos abroquela, para romper las ideologías clausuradas y abrir horizonte atrás de la pequeña trascendencia que supone escuchar al otro”.

Hermosos conceptos los de este jesuita, lástima que al expresarlos había olvidado completamente como en el año 2004 los pisoteó sin mostrar la cara. Veamos: El sábado 3 de noviembre de 2007, el diario Página/12, publico un artículo cuyo encabezado decía “Van a juicio los que destrozaron obras de León Ferrari. Otro premio gracias al arzobispo”. Y sigue así: “León Ferrari dijo haber recibido ‘muy bien’ la resolución de la Justicia conocida ayer, de procesar a tres personas por los destrozos cometidos, en diciembre de 2004, en una muestra retrospectiva de su obra que por cuestionamiento de la Iglesia despertó la ira de sectores ultra católicos y la crítica feroz del Episcopado. En diálogo con Página/12, el artista lamentó –de todos modos – que ‘no se hubiera procesado al instigador del ataque, es decir al cardenal Jorge Bergoglio’, jefe de la Iglesia Católica argentina. Recordó que fue el prelado quien llamó a los fieles “a un día de ayuno y oración para repudiar la muestra’. Ferrari sostuvo que Bergoglio, ‘sabiendo que su religión como la de ellos condena a los que no piensan igual, debió prever que algunos reaccionaran de la forma que lo hicieron’. Los incidentes ocurrieron en la noche del 4 de diciembre de 2004, cuando un grupo de personas al grito de “¡Viva Cristo Rey, carajo!”, destrozó dos de las obras, amenazó al público presente con botellas de vidrio rotas e hirió a una mujer en un pie.”… “Con voz serena y su habitual ironía, Ferrari comentó la decisión del juez Rappa: ‘La religión de Bergoglio contempla la muerte por lapidación de los blasfemos y de eso me acusaron a mí.”… “A las dos obras las mantengo rotas, como me las dejaron, aunque ahora les cambié el nombre y les puse ‘Gracias, cardenal Bergoglio’”… “En las obras había muchas botellas con imágenes que aludían a las posturas disparatadas de los obispos contra el aborto, la homosexualidad, la educación sexual o los preservativos. De hecho había muchos preservativos, mezclados con imágenes del Papa.”.

“’Creo que si vuelvo a exhibir estas piezas, las van a seguir rompiendo, pero no por eso voy a dejar de hacerlo. No sé por qué me atacan ahora, en vida, sin tomar en cuenta todas las descripciones terroríficas que se hacen sobre lo que nos espera en el más allá. Para qué me van a torturar ahora, si ya lo van a hacer en el más allá. Lo mejor es que esperen un poquito’, dijo León Ferrari.”

Estamos en el 2017 y León Ferrari, el artista ateo, está muerto, pero una vez más la política jesuítica de atacar y destruir arteramente al opositor, al enemigo, dio resultado, Desde su muerte no han habido más muestras importantes de sus obras y ningún otro artista ha intentado hacer algo semejante (requiere muchas agallas desafiar el poder de la Iglesia) pues saben lo alto del costo a pagar. Así actúa el jesuita, asustando e intimidando a los que pretendan alzarse contra ellos, no solo en el presente sino en el futuro.

Lo arriba relatado, creo que muestra una vez más que la ideología jesuítica con sus tortuosidades mentales, su laberíntica casuística y, sobre todo, con su deseo de poder, sintetizado en cinco palabras: “Demanda todo, no concedas nada”, no ha cambiado mucho (yo diría nada) sus actividades del pasado. Un famoso jesuita alemán, el conde Paul Von Hoensbroech (1852-1923), cuya autobiografía: Fourteen Years a Jesuit, describe su tránsito por las filas de la Orden, nos dice: “La Orden jesuita aplasta la verdad y lo correcto, pisotea  las  vidas, la felicidad y la libertad de los hombres, y sigue su camino, probando de esa manera ser uno de los más peligrosos enemigos de la raza humana en la esfera de la verdad, de la justicia y de la civilización”

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