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Una alternativa para presentar al hijo en sociedad sin pisar la iglesia

Empezó a oírse hace hace unos cuatro años, pero fue en 2009 cuando empezó a extenderse. Ya no solo se podían celebrar bautizos en la Iglesia, también en los ayuntamientos. Uno de los más sonados fue el de la actriz Cayetana Guillén Cuervo, su hijo Leo fue el primero en Madrid en recibir la bienvenida a la comunidad o ceremonia civil de imposición de nombre. Así es como se conoce el acto del bautizo laico. Puede parecer una incongruencia, pero tiene sus matices: el sacramento es el bautismo. El bautizo podría ser, por tanto, religioso o civil. Así lo entiende José Antonio Ponce, exalcalde del municipio malagueño de El Borge. Fue él quien introdujo esta práctica en Andalucía. Concretamente, el 30 de mayo de 2009, David Rando, un bebé de Málaga, protagonizó en la localidad axárquica la primera imposición de nombre de la Comunidad.
Desde entonces, más de un centenar de ayuntamientos del resto de España se han puesto en contacto con el de El Borge para conocer más detalles de la ceremonia. A falta de regulación son los propios ayuntamientos los que establecen el reglamento.
Compromiso educativo
Ni agua bendita ni pila bautismal. En este caso, se sustituyen por la lectura de la Carta Europea de los Derechos del Niño, así como algunos artículos de la Constitución. A continuación, los padrinos se comprometen a que el niño «sea educado en los valores de paz, libertad, justicia social y derechos humanos». Un certificado da fe del compromiso. Como asegura José Antonio Ponce, se trata de «una forma de presentar a un hijo en sociedad». Y, como no hay normativa, admite todo tipo de propuestas, como lecturas elegidas personalmente por la familia o amigos e incluso música.
Y, por supuesto, no puede faltar la fiesta. «Como una ceremonia civil de boda, pero para niños», define el experto en protocolo Vicente Mancheño, habituado a organizar eventos de este tipo desde en unos jardines hasta en la playa, un castillo o la propia casa.

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