Un purpurado transgresor

El arzobispo de Bruselas, Godfried Danneels, alerta del riesgo de que las facilidades para oficiar las misas en latín se utilicen para atacar las ideas del concilio Vaticano II

El belga Godfried Danneels es, a sus 75 años, una rara avis en el colegio cardenalicio. Pertenece a dos minorías en horas bajas: la de los intelectuales, que han escampado de la cúpula de la Iglesia católica, y la de los progresistas, caídos en desgracia desde el acceso al papado de Juan Pablo II. Ambas cosas le emparentan con Carlo Maria Martini, el purpurado octogenario que mejor encarna el ideal del príncipe de la Iglesia que piensa por su cuenta y que, a resultas de ello, se convierte en un transgresor.
Tras la proclamación de Joseph Ratzinger como sucesor de Karol Wojtyla en abril del 2005, Danneels no ocultó que el Papa alemán no era su candidato. Concluido el cónclave excusó su presencia en la cena de los cardenales con Benedicto XVI argumentando que se había comprometido a reunirse con los periodistas belgas desplazada a Roma, algo que en España, donde la jerarquía eclesiástica tiene alergia a la prensa, resulta cuando menos extravagante. Después hilvanó una frase que alberga toda una lección de lenguaje eclesiástico: "Todo el mundo tiene derecho a pronunciarse sobre el nuevo Papa y de sentirse feliz o triste. Yo no estoy triste".
Dedicado enteramente a proclamar la buena nueva del concilio Vaticano II desde que Juan XXIII la anunció, Danneels mantiene algunos postulados infrecuentes en las filas de la jerarquía, como el que sostiene que hay algo peor que usar el preservativo: matar a la pareja contagiándole el sida.

Creer en lo invisible
El arzobispo de Bruselas, flamenco por más señas, no comparte ni la intransigencia ni la visión pesimista de la cultura occidental que siembra Benedicto XVI .Y el viernes, en su fugaz paso por Barcelona para intervenir en el Congreso Internacional de Liturgia, dio nuevas pruebas de ello. "En Europa hemos pasado de un catolicismo sociológico, natural, a otro voluntario, de libre elección", respondió a este diario al ser preguntado por la crisis de la cristiandad. "Luego está la dificultad de creer en lo invisible, aquí solo se cree en aquello que se puede ver. No es el caso de África, donde hay un sentido religioso natural. Allí hay demasiados dioses y se necesita solo uno. Aquí no hay dioses y también precisamos uno. Es una realidad y hay que aceptarla", concluyó. Ni rastro de las metáforas apocalípticas que gasta Benedicto XVI , como aquella que se sirve de unos jabalíes arrasando la viña del Señor para describir a la civilización actual.
Danneels es un hombre alejado del boato, que describe con franqueza la perspectiva que otea desde la atalaya de la capital política de Europa. Al igual que se refiere al retroceso del catolicismo en el continente, no oculta las dificultades para tender puentes con la otra gran religión monoteísta. "El islam no está demasiado abierto al diálogo interreligioso. En Europa la mayoría de musulmanes proceden del norte de África, tienen un nivel cultural bajo y se sienten inferiores, lo que les empuja a la cerrazón. El islam ha de hacer su revolución francesa, tiene que separar el Estado de la religión. Mientras eso no ocurra, los problemas persistirán. Los religiosos de una y otra confesión podemos hablar entre nosotros, pero solo mientras no se interfiera la política".

Misas con más música
El purpurado belga tiene sus propias ideas sobre renovación litúrgica propulsada por el Vaticano II y su plasmación en el culto y aprovechó su participación el congreso para exponerlas. Está convencido de las bondades de la sustitución del latín en la misa por las lenguas vernáculas, que ha permitido eliminar la distancia entre el celebrante y la feligresía, pero también cree que los fieles "se fijan demasiado en la homilía y ello comporta el riesgo de olvidar otras dimensiones. Hay demasiada verbosidad". Para corregirlo propone " más música y silencios para equilibrar". También flores y casullas cuya belleza alegre la vista.
Danneels dice no estar en contra de la decisión de Benedicto XVI de dar facilidades para celebrar las misas en latín, pero alerta de que "no es bueno que eso se use para hacer proselitismo" de unas ideas contrarias a las enseñanzas surgidas del concilio Vaticano II. El deseo del Papa de que el rebaño que fundó el arzobispo cismático Marcel Lefebvre vuelva al redil impulsó una medida que "no ha dado resultado porque los lefebvrevianos quieren alguna cosa más. Era una oportunidad, pero ellos están en contra del ecumenismo y del diálogo interreligioso".
El cardenal explica con naturalidad que las preferencias del Pontífice no constituyen un dogma de fe. Y para muestra un botón. "El Vaticano II nunca dijo como hay que dar la comunión y si se puede tomar con la mano. Es la conferencia episcopal de cada país la que dice cómo hay que hacerlo. Otra cosa es que el Papa prefiera que los feligreses la reciban con la lengua y arrodillados. Pero eso no significa que todo el mundo lo tenga que hacer así." Otra vez la frescura de un purpurado no adocenado.

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