Un pontífice disoluto, un santo que no quería cuentas con los poderosos y el papa que vivió un cisma

Los antecesores de Benedicto XVI que renunciaron al trono de San Pedro

La renuncia del Papa Benedicto XVI tiene tres antecedentes en la historia. Un primer caso de un pontífice arrepentido por sus acciones disolutas, otro de un santo padre que no quería ser utilizado por los poderosos y el último que renunció en un periodo muy complejo para la Iglesia.

Un disoluto con el mismo nombre
Benedicto IX fue el primer Papa que renunció en su cargo. Llego al pontificado en el año 1032 con apenas veinte años cumplidos. Era sobrino de sus inmediatos predecesores. Su padre, Alberico, consideraba el papado como una suerte de herencia e impuso a su hijo. Se sabe que organizó dos o tres sínodos en Roma y que concedió diversos privilegios a algunas iglesias y monasterios. También se menciona una actitud disoluta que le llevó a ser incluso expulsado de alguna ciudad. Aconsejado por el abad de Grotafarra San Bartolomé renunció al pontificado y murió haciendo penitencia en la abadía tras una compleja y – relatan los escritos de Grotafarra- desordenada vida.

El Papa Angélico
En 1294 San Celestino V fue un hombre de excepcionales virtudes y sencillez. Su rechazo a ser instrumento en manos de los poderosos le llevó a renunciar al pontificado. Su aportación fundamental fue establecer que el Papa elegido podía renunciar a esta elección. Tras su retirada, el Papa Angélico, como se le conocía volvió a la vida de oración y sacrificio de la que fue apartado para el ejercicio del papado por espacio de cinco meses.

En pleno cisma de Occidente
El último pontífice en renunciar al trono de San Pedro antes del actual Papa, fue Gregorio XII que abdicó en 1415 para que su sucesor pudiera ser elegido. Fue un periodo duro en pleno cisma de Occidente en el que se llegó a tres obediencias, la romana, la aviñonense y la pisana.

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