Un plan de usos de la Mezquita de Córdoba recomendaba no montar exposiciones y el obispo lo incumple de forma sistemática

Un Plan Director de la Mezquita Catedral de Córdoba, redactado en 2001, advertía ya de la inconveniencia de montar exposiciones en el interior del más importante ejemplo de arquitectura islámica de Europa y reconocido por la Unesco desde 1984 como Patrimonio Mundial. El documento, encargado por la Junta de Andalucía y elaborado por los arquitectos conservadores del monumento, cobra ahora especial relieve tras la polémica desatada la semana pasada por la organización de una macro exposición de pasos de Semana Santa, que invadió el bosque de columnas de la Mezquita por orden del obispo de Córdoba, Demetrio Fernández.

El Plan Director de 2001, desvelado este lunes por la Plataforma Mezquita Catedral, Patrimonio de Todxs, fue encargado por la Dirección General de Bienes Culturales a los arquitectos Gabriel Rebollo y Gabriel Ruiz Cabrero, aunque no llegó a entrar en vigor por discrepancias técnicas con la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. No obstante, las advertencias de los conservadores eran tajantes: “Conciertos, conferencias y exposiciones temporales no debieran admitirse, y menos aún si tienen carácter permanente”. Así lo refleja de forma inequívoca el apartado 5.3 referido al Uso cultural y turístico del monumento, incluido en el II Tomo del Plan Director.

Ninguna de las recomendaciones efectuadas entonces por los arquitectos conservadores han sido respetadas por el Cabildo catedralicio, pese a que ambos especialistas trabajan a las órdenes de la Iglesia desde que las competencias en materia de cultura fueron transferidas por el Estado a la comunidad autónoma andaluza en los años ochenta.

Es más: la institución eclesiástica estableció de forma permanente en el interior del Conjunto Monumental nada menos que dos museos, el de San Vicente y de San Clemente, en evidente desatención de las indicaciones técnicas recogidas en el texto.

Los arquitectos conservadores son particularmente precisos en ese aspecto: “No somos partidarios de inundar el templo de pequeños museos” porque, en su opinión, “rompen ese espacio libre y diáfano” que caracteriza el bosque de columnas del universal monumento omeya. En algunas partes del documento, no obstante, se muestran más contemporizadores con las actividades impulsadas por el Cabildo catedralicio. En general, los autores del informe establecen únicamente dos funciones para el Conjunto Monumental: “Las derivadas del uso religioso y las destinadas a favorecer a los visitantes”.

Desde que el Obispado de Córdoba inmatriculara a su nombre la Mezquita Catedral en 2006 por 30 euros, se ha intensificado en el monumento la invasión continua de iconografía católica con el objeto de diluir la identidad e historia omeya y andalusí, protegida expresamente por la Unesco. El Cabildo catedralicio llegó a borrar el nombre de Mezquita en todos los folletos divulgativos del monumento para usar de forma excluyente el de Catedral, lo que originó una sonora protesta ciudadana, que obligó al obispo a rectificar. Hoy el edificio ha vuelto a recuperar su universal denominación de Mezquita Catedral.

El último proyecto del prelado consiste en llevarse las taquillas de la Mezquita al Palacio Episcopal, donde prepara un centro de interpretación católica de la ciudad, para obligar a todos los turistas a asumir el relato histórico eclesiástico.

La Plataforma Mezquita Catedral ha denunciado públicamente el proyecto episcopal y ha pedido reiteradas veces por escrito a la Junta de Andalucía que impulse un nuevo Plan Director y un órgano de gestión profesional e independiente que frene las “continuas arbitrariedades del obispo en la administración de un monumento que merece una dirección respetuosa con sus valores

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