Un obispo y varios curas, imputados en una mini-Gürtel gallega

La Policía grabó a sacerdotes pactando mentiras para tapar la red corrupta

Ni los pastores de la Iglesia están a salvo de las tentaciones económicas, y si no, que se lo pregunten a los gallegos. La trama corrupta que gestionó la rehabilitación de iglesias y monasterios en Ourense y Pontevedra entre 2003 y 2009 sigue dando dolores de cabeza a varios sacerdotes y al ex obispo de Tui-Vigo, José Diéguez Reboredo, quien tras su paso por la comisaría y el juzgado abandonó el cargo a finales de enero. Todos ellos están imputados en la llamada trama de Cultura, un caso que lleva 12 imputaciones hasta la fecha, entre los que se ecuentran dos funcionarios de la Xunta. La Policía ha pillado in fraganti a algunos curas acordando con las empresas supuestamente corruptas levantar falso testimonio para justificar los pagos en dinero negro a la red. “Hay que quedar claro en lo que se dice porque sino podemos contradecirnos”, espetó un párroco a una directiva imputada. La Unidad de Delitos Económicos y Fiscales del Cuerpo Nacional de Policía (UDEF), tenía pinchados todos los teléfonos… Que Dios nos pille confesados.

El juzgado número 3 de Santiago instruye un sumario que sacaría los colores al mismo Papa Benedicto XVI: sus pastores no sólo han, presuntamente, engañado al fisco y favorecido a corruptos; además, han acordado los falsos testimonios con los que eludir responsabilidades. Por si fuera poco, los párrocos tuvieron la mala suerte de acordar telefónicamente un relato común cuando la UDEF ya había intervenido sus líneas.

Trama de Cultura
La trama de Cultura en Ourense y Pontevedra estaba encabezada por dos funcionarios de la Xunta: el ex restaurador de la Consellería, Carlos Gómez-Gil Aizpurúa, y el arquitecto de la Sociedade de Xestión do Xacobeo, José Manuel Pichel, quienes se habrían lucrado restaurando retablos en las provincias citadas, previa subvención del Ejecutivo autonómico. Los supuestos cabecillas de la red habrían percibido comisiones ilegales, en efectivo y en especie, para favorecer a empresas amigas, aseguran los investigadores.

Contubernio eclesial
En muchas ocasiones, la fórmula elegida para sortear los concursos públicos fue encargar directamente a las órdenes religiosas o, incluso, a sacerdotes particulares las rehabilitaciones. Éstos, a su vez, contrataban a cinco firmas restauradoras elegidas, previamente y a dedo, por los funcionarios y supuestos cerebros de la operación. Todos los directivos de estas empresas han sido imputados, al igual que varios sacerdotes de Pontevedra y el obispo de Tui-Virgo, José Diéguez Reboredo, quien dejó el cargo a finales de enero tras pasar por Comisaría y Juzgado. En total, hay 12 imputados y un sumario de 2.000 folios.

Llamadas incriminatorias
Y si hasta aquí la cosa no era suficientemente bochornosa, las grabaciones interceptadas por la Policía han puesto la guinda. En septiembre, los agentes empezaron a personarse en una docena de parroquias para indagar los procedimientos de encargo de las obras. Temerosa de lo que se le venía encima, el día 23 de ese mismo mes Olga Quintela, responsable de la firma que rehabilitó el monasterio de Celanoya, Márquez Vieira CBC, llamó a un párroco –cuyo nombre no ha trascendido- para pactar una versión común que explicara los 36.000 euros (21.000 pagados por una vecina y 15.000 por el sacerdote) abonados a la empresa citada por la rehabilitación de dos retablos.

Conversaciones
En la conversación queda claro que el sacerdote no declaró el dinero, y que está dispuesto a mentir para cubrirse las espaldas. Según El País, esta es la trascripción de esa interlocución:

-Olga: Si dicen cómo se pagó eso [los 15.000 euros de uno de los retablos], se lo hicimos nosotros sin cobrarle.
-Cura: ¿Cómo?
-Olga: Que no se cobró por ese trabajo.
-Cura: ¿Pero nosotros qué tenemos que decir, que fue gratis?
-Olga: ¿Usted ese dinero lo declaró?[…]
-Cura: El problema es cómo digo que no lo pagué si salió publicado en la prensa.
-Olga: También podemos decir una cosa, que se quedó de hacer facturas de esos retablos y que nos hemos olvidado.
-Cura: Eso, claro, de acuerdo.
-Olga: Que lo puedo decir.
-Cura: Pero hay que quedar claro en lo que se dice porque si no, podemos contradecirnos. Si tú me dices que vas a decir que quedó pendiente de hacer factura y pasó el tiempo y se despistó, pues yo digo eso.
-Olga: Yo digo eso. […]
-Cura: Yo lo que voy a decir es que me quedaron en pasar la factura y no me la pasaron y yo lo que le pagué fue el recibo que me dieron en aquel momento.
-Olga: Usted si lo llaman a declarar, avíseme.
-Cura: Si me llaman, te llamo.

Acordando versiones
Cabe mencionar que ese mismo día, Quintela llamó a otros dos párrocos con los que acordó versiones y cifras, además de pedirles que ocultasen los recibos. En las grabaciones, uno de los curas admite que no pagó IVA en las facturas, y otro acepta mentir sobre las cantidades pagadas. La misma directiva era la encargada de contactar, simultáneamente, con los cabecillas de la red en la Xunta. José Manuel Pichel fue apartado de la Sociedade de Gestión do Xacobeo cuando estalló el escándalo.

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