Un obispo evangélico será el nuevo alcalde de Río de Janeiro

Los cariocas acudieron este domingo a las urnas para elegir alcalde entre dos candidatos con el mismo nombre, Marcelo, pero de ideas radicalmente opuestas. Por un lado, un senador y obispo evangélico, adalid de los valores considerados tradicionales; por otro, un diputado y profesor de Historia, símbolo de una izquierda alternativa al Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Finalmente será el primero, Marcelo Crivella, quien gobernará Río de Janeiro a partir del 1 de enero de 2017. El aspirante del Partido Republicano Brasileño (PRB) fue declarado vencedor con más del 59% de los votos frente al casi 41% de Marcelo Freixo, su oponente del Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

El primero, Marcelo Crivella, partía como favorito. La encuesta a pie de urna divulgada por el instituto Ibope otorgaba al aspirante del Partido Republicano Brasileño (PRB) el 57% de los votos frente al 43% de Marcelo Freixo, su oponente del Partido Socialismo y Libertad.

Dichos porcentajes coinciden dentro del margen de error con otros sondeos publicados en la víspera de las elecciones, según los cuales Crivella llevaba ventaja entre el electorado con menor nivel de educación y renta. En contraste, Freixo registraba mayor apoyo de jóvenes, universitarios y parte de la clase media-alta.

Representantes de polos antagónicos, los candidatos también ejemplifican algunas de las paradojas de la política brasileña. Mientras el conservador Crivella fue ministro de la izquierdista Dilma y aliado de Lula en anteriores campañas, el progresista Freixo se mantuvo como oposición a los últimos Gobiernos del PT.

Sin embargo, cuando llegó la hora del proceso de impeachment o destitución de la presidenta, Crivella cambió de bando y votó ‘sí’ al juicio político en mayo, peroFreixo se declaró en contra de lo que considera un «golpe parlamentario».

Política y religión

Tras convertirse en los más votados en la primera vuelta de las municipales a principios de octubre, uno y otro protagonizaron durante cuatro semanas una campaña repleta de ataques. Consciente de su desventaja en los sondeos, Freixo dedicó buena parte de sus discursos y anuncios de televisión a presentar a su rival como «heredero» de un «proyecto de poder» que mezcla política y religión. Crivella es sobrino del fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios.

El favorito replicó que, desde que fue elegido senador en 2002, «nunca sufrió ningún tipo de influencia de grupos o líderes religiosos y nunca legisló en torno de una causa que no fuera de interés nacional».

Sin embargo, algunas de las declaraciones realizadas en el pasado por Crivella y desveladas por los medios de comunicación en la recta final de la campaña sí muestran un repertorio de ideas en la línea del conservadurismo que suele estar asociado a las iglesias evangélicas.

En un libro de su época de misionero en África, por ejemplo, llegó a calificar la homosexualidad como una «conducta maligna» y un «mal terrible». Y en un sermón más reciente, en 2012, insinuó que los gays, así como los narcotraficantes, podrían ser el resultado de «intentos de aborto».

A sus 59 años, Crivella asegura haber «aprendido con el tiempo» a ser más tolerante. En su programa defendió que, después de la época de grandes obras para los Juegos de Río, «ha llegado la hora de cuidar de las personas». A lo que su adversario respondió en el último debate, celebrado el viernes en la cadena Globo:«Yo no necesito cuidar a las personas, necesito gobernar con las personas».

Predominio de centro-derecha

Además de Río, este domingo estaban en disputa otros 56 municipios, incluidas capitales importantes como Fortaleza, Belo Horizonte, Manaos, Curitiba, Recife o Porto Alegre. Y al igual que en la ciudad olímpica, en el resto de Brasil también se esperaba un predominio de los candidatos conservadores o liberales.

Salvo ciertas excepciones, la inmensa mayoría del poder municipal se repartirá a partir del próximo año entre alcaldes vinculados a la coalición de centro-derecha que da sustento parlamentario al Gobierno de Michel Temer.

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