Un nuevo rito civil

En medio de una expectación mediática bastante notable, el Ayuntamiento de Igualada acaba de abrir la puerta, por primera vez en Catalunya, a las llamadas acogidas civiles, una especie de ceremonia laica para dar la bienvenida a los niños en nuestra sociedad. Según parece, la iniciativa retoma y actualiza de un modo u otro una vieja costumbre existente ya en la Francia revolucionaria.

La verdad es que un gesto como éste, tan sorprendente, provoca fácilmente una sensación de extrañeza, porque no se puede evitar pensar que estamos ante un sucedáneo del bautismo católico, como si nuestra secularización galopante nos dejara huérfanos de algo que hemos perdido o quién sabe si echando en falta esos ritos religiosos que siempre nos habían acompañado. Unos ritos que, más allá de su estricta significación espiritual –que tenían y siguen teniendo para los creyentes–, iban punteando los momentos más importantes de nuestra vida y permitían el reencuentro de las familias.

Es muy posible que, efectivamente, sea así, que necesitemos referentes de este tipo. Pero también lo es que esta acogida no se impone a nadie, y que es muy respetable que alguien pueda sentir esta carencia. Así pues, si se da el caso, quizá sea muy plausible que vayamos completando nuestro repertorio de ritos civiles, como ya lo hemos hecho con las defunciones y los matrimonios. Más aún si, como ha sido el caso de Igualada, la acogida se acompaña de una exaltación de valores como la libertad, la igualdad, el civismo y el respeto a los niños.

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